El convoy de patrullas avanzó por el camino que llevaba a la imponente casa principal de los Stevenson. Dylan, acompañado de un grupo de oficiales de policía, observaba la mansión desde el asiento del copiloto, su rostro impasible mientras se acercaban. A pesar de la majestuosidad del lugar, el ambiente estaba cargado de una pesadez que era imposible ignorar. Al detenerse frente a la entrada principal, el sonido de las puertas de los vehículos abriéndose y cerrándose rompió el silencio. Dylan salió con paso firme, su mirada clavada en el hogar que había sido testigo de tantos secretos y manipulaciones. En el trascurso del mes había citado a Andrew en el juzgado de manera repetitiva, sin embargo, este se había escudado bajo el poder e influencia que su familia aún poseía. Aún así

