Doy permiso a uno de mis guardias para que abra la puerta de las mazmorras, comencé a bajar las escaleras sin prisa pero manteniendo mi rostro serio sin ninguna expresión. Al llegar al último escalón el olor a humedad, a cerrado entre otras sustancias se hace presente. Entro siendo una tenue luz lo que ilumina el lugar, mi visión capta al vampiro cabizbajo atado de pies y manos a la pared con cadenas las cuales estaban embrujadas a parte de ser irrompibles. Su ropa estaba desgarrada a causa de los golpes, suciedad, cubierto de sangre, sus labios reventados y una ligera capa de sudor cubriendo su cuerpo. Se veía repugnante. —¿Qué tal estás, Dixon? —saludo irónico, sobresaltandolo—, ¿disfrutando tu nueva estancia?. Me pongo frente a el con las manos en los bolsillos, el levanta lentame

