El aire entrecortado salió por mi boca como una pequeña nube de vaho. ¿Por qué estaba temblando tanto? Me relamí con ansiedad. Mi corazón como tambores que anunciaban la llegada de la tormenta, mis músculos tirantes, mi sexo calientito, y mis senos cargados y preparados. Cerré los ojos. Quería hacerlo bien, quería que disfrutara, que entendiera que no era un cliente más, que había algo más entre nosotros, aun si era una locura imaginarlo o pensarlo, aun si estaba siendo muy tonta para considerar que sentía algo más que pura lujuria por mí. Deseé que… Y abrí los párpados al comprender que, si solo tenía la cámara, haría que disfrutara, que necesitara más y más, que me pidiera una videollamada, que quisiera tocarme, sentirme, probarme, que el deseo palpitase en su interior hasta conven

