Luciana
He intentado levantarme del frío piso, pero cada minúsculo movimiento que hago siento como si me hubiese pasado un camión encima, he pasado toda la noche en la soledad del living, necesito levantarme antes de que ese monstruo despierte, de lo contrario volverá a golpearme hasta el cansancio. Por más dolor que sienta nada se compara como me hace sentir su crueldad hacia mí, soy su maldita hija y ni siquiera por eso tiene un poco de empatía por mí. A pesar, de conocerlo tan cruel, a pesar de todos los maltratos, insultos, humillaciones de su parte, en algún momento de mi infancia creí que cambiaría y me protegería, pero esa ilusión se fue al carajo cuando se volvió a casar.
Si mi vida era difícil, cuando ellas llegaron se volvió mucho peor, por cada cosa que hacía, cada palabra que decía, terminaba en una paliza, y por si fuera poco sin recibir un plato de comida por días. Tal vez, a eso se debe que actualmente no puedo comer mucho, siento como mi estómago se cierre ante el más mínimo problema, discusión o cualquier situación que me provoque ansiedad.
Comienzo a moverme lentamente tratando de levantarme, apoyo una de mis manos en uno de los blancos sofás que se encuentran en la sala, y con la otra mano trato de parar el horrible dolor que siento en mi vientre, respiro hondo para seguidamente levantarme, sigo apoyada al sofá, porque si no estaría de nuevo en el piso. Luego de unos minutos, empiezo a caminar pausadamente hasta llegar a las escaleras, de solo verlas me canso, solo debo recordar que soy fuerte, siempre lo he sido.
Camino por las largas escaleras, llegó agitada y más adolorida que antes, me vuelvo a apoyar otro rato por la pared, eso ha sido como correr un maratón. Después, de estabilizarme continúo mi camino hacia mi habitación, está no tiene nada de interesante, estoy segura de que quien entrara aquí diría que estoy deprimida, pero solo se trata de una alma rota y hundida en soledad, las paredes de un gris oscuro, sin ningún cuadro o adorno que adorne el lugar, tengo una pequeña biblioteca que la he hecho con mis propias manos cuando era una adolescente, mi cama es de una plaza, y lo más valioso que se encuentra allí es uno de los pocos recuerdos que tengo de mi madre; una foto de cuando tenía unos 3 años, ambas estábamos sonriendo a la cámara. Lo único que predomina en mi dormitorio es el gris, que expresa lo que siento.
Cómo puedo me dirijo al baño debo ducharme para estar más cómoda. Me desvisto despacio, tratando de no sentir tanto dolor, cuando lo logro entro a la tina, el agua está tibia que logra sacarme un suspiro al sentir mi cuerpo relajarse, lavo mi cuerpo con suavidad, tengo varios hematomas a lo largo de mi cuerpo, esas manchas verdosas acentúan mi pálida piel, cualquiera que me viera se asustaría, pero yo ya estoy tan acostumbrada a esto que no me sorprende.
Me mantengo disfrutando de la ducha por más de media hora, cuando terminó me visto con una remera ancha que me llega hasta los muslos, bastante cómoda, y con mis bragas, para que nada toque los golpes. Me recuesto haciéndome un ovillo en mi cama, del cansancio no me cuesta tanto dormir.
Narrador omnisciente
-Mami, ¿Por qué mi papi no nos quiere?- pregunta con inocencia la hermosa niña de ojos n***o como la noche.
-Si nos quiere mi amor, solo que tiene muchos problemas.- dice la joven mujer. ¿Qué otra cosa le podría decir a la niña de sus ojos? Lo único bueno que ese mal hombre le ha dado es a su pequeña.
Su vida había sido un infierno, su familia la obligó a casarse con Alfonso Montenegro, desde el minuto cero le hizo la vida imposible, la odiaba con la misma intensidad con la que ella lo hacía. Él amaba a otra mujer, pero sus padres lo obligaron a casarse de lo contrario perdería las empresas y su herencia. ¿Ella que ganaría estando casada con él?, Pues Julia no ganaba nada, pero su familia tendría una vida sin preocupaciones, con lujos. Sin importarle lo que sucediera con su hija, la lanzaron a los brazos de ese tipo sin escrúpulos.
Se casaron por el civil, cuando apenas tenía 17 años, no podía hacer nada, era una niña asustada e ingenua, sin el apoyo de nadie, no tuvo más que aceptar su destino.
Ese tipo le destrozó la vida de todas las maneras posibles, la golpeaba cada vez que llegaba a su casa, la humillaba y denigraba delante de sus amistades, la trataba peor que a un animal. Se revolcaba con la mujer que era su novia, faltándole el respeto, pero eso no era lo que más la destrozó, no conforme con maltratarla físicamente, abusaba sexualmente de ella cada vez que llegaba borracho, la violaba violentamente sin importarle lo que sentía, y así la terminó por romper emocionalmente. En una de las tantas veces en que fue abusada quedó embarazada, lo oculto el tiempo que pudo, ya que sabía que la mataría, se lo dejo muy claro desde la primera vez, ¿Pero cómo no saldría embarazada si el imbécil estaba borracho y no sé cuidaba?
El día que se enteró de su embarazo, se volvió completamente loco, cuando ella vio su intención de golpearla, no le dio tregua y salió corriendo, no permitiría que golpearan a la única personita que estaría con ella, porque a pesar de ser producto de una violación, ya la amaba pues era una parte de ella. Corrió sin parar, pero sabía que no llegaría tan lejos, estaba agotada, con náuseas y mareo. Paro un segundo porque sentía que caería en cualquier momento en el sucio piso, fue un grave error ya que él la alcanzó, la tomo de su cabello arrastrándola mientras está gritaba pidiendo ayuda, a la vez que forcejeaba para salir de su agarre, cosa que era imposible, él era un hombre grande, con mucha fuerza y ella se encontraba sin fuerza para ese momento.
Despertó en una habitación blanca qué reconoció como la clínica, al reincorporarse comenzó a recordar lo que había sucedido. Cuando estaba siendo arrastrada por Alfonso, los mareos se hicieron más fuerte y de un momento a otro perdió el conocimiento. Se llevó las manos a su vientre de unos dos meses, solo rogaba que su bebé estuviera bien, un golpe más la terminaría destruyendo.
De pronto, la puerta es abierta y por esta entra el médico junto a Alfonso que está a punto de explotar, instintamente retroceso de mi lugar, le da terror que le haga algo a su pequeño.
-Buenos noches Señora Montenegro, ¿Cómo se siente?- pregunta atento el doctor. Es un hombre mayor de unos 60 años tal vez, su rostro marcado por pequeñas arrugas la observa esperando una respuesta, parece ser amigable.
-Buenas noches, ¿Có.... Cómo está mi bebé?- pregunta nerviosa sintiendo su penetrante mirada.
-Si bebé está bien, pero debe hacer reposo y evitar el estrés.- dice. Solo puede sonreír tranquila al escuchar que está bien, eso es lo único que le importa.-Los dejaré solos, para que puedan hablar.- dice con amabilidad, quisiera rogarle que no me deje sola con él, pero no puede armar un quilombo en estos momentos.
-¿Por qué mierda te alegra la noticia? ¿Acaso lo planteaste para atarme a ti?- pregunta el maldito infeliz. Se atreve a decir eso después de que ha hecho lo que se le plazca con mi cuerpo, ¿Ahora resulta que tiene ella la culpa?
A pesar de los problemas, trato de disfrutar mi embarazo, ver y sentir crecer a su luz fue lo que la motivo a seguir en ese calvario. Alfonso no le obligo a abortar cosa que le pareció raro, pero era todo parte del acuerdo, debía tener un heredero, solo rogaba que sea un niño, sino ese bebé sufriría su mismo destino.
Luciana
Me he cansado de revisar los papeles por lo que los dejo en mi escritorio, para recostarme en mi silla, ha sido una semana agotadora y difícil. Al día siguiente, del incidente regrese a trabajar, le he hecho creer a todos que me robaron por eso los golpes, no podía decirle que mi perfecto padre me golpeó.
Sigo teniendo algunos hematomas en mi estómago, y en la mejilla izquierda, estos están ocultos gracias a que mi cabello los cubre. Por otro lado, Marcos me ha enviado mensaje todos los días, me ha avisado que salía de viaje, y que hoy volvería. Solo conteste con sí o no, no necesito un hombre en estos momentos, claro que me encantó el momento explosivo que tuvimos, pero de ahí no pasará.
Estoy tan encimada en mis pensamientos, que me asustó cuando escucho toquecitos en la puerta, suelto un suspiro y le indicó a la persona que está esperando que pase. Es él,.... él está aquí, y sin quererlo siento una nueva sensación en mi interior. Se ve realmente guapo con su cabellos perfectamente peinado, lleva un traje que le queda excelente dejándolo ver cómo el hombre serio e imponente que es.
-Buenas tardes, ¿Me has extrañado Diosa?- pregunta con arrogancia.
-Para nada, tengo bastantes cosas como para extrañar a un desconocido.- digo volviendo a ver mis papeles, cosa que no dura mucho porque en segundos lo tengo justo enfrente de mí. Coloca su mano en mi rostro para levantarlo con suavidad, logrando que me pierda en sus ojos que siempre me intrigan, ya que no puedo interpretar lo que veo en estos.
-Quiero volver a probar tus perfectos labios.- dice con deseo.
-¿Qué estás esperando?- pregunto sintiendo como crece en mi interior una ola de deseo. Y no lo piensa más, agacha su rostro para quedar a mi altura, y me besa con una suavidad que me desarma, el beso va tomando más fuerza, lleva sus manos a mi cintura para atraerme a él, al hacerlo suelto un gemido de dolor, que él no pasa desapercibido, se separa inmediatamente de mi mirándome desconcertado. Lleva su mano a mi rostro, quitando mi cabello de este, veo como aprieta sus puños y tensa su mandíbula, cierro inconscientemente mis ojos, ni siquiera sé porque me preocupa lo que puede llegar a pensar, si no somos nada, al menos nada serio.
-¡¿Quién mierdas se atrevió a tocarte?!- exclama colérico. No digo nada, ya que me he quedado sin palabras, hasta la calentura se me ha pasado.- Dime, ¿Quién lo hizo?- vuelve a preguntar mientras me zamarrea tratando de hacerme reaccionar.
-No harás nada porque me han golpeado para robarme.- miento.
-¿Estás segura? ¿No te habrán amenazado?- pregunta asustado al mismo tiempo que acaricia con delicadeza mi mejilla lastimada.
-Fue un robo, no te preocupes. Estoy bien.- digo sonriéndole. Este asiente serio como tratando de tranquilizarse a sí mismo.
-¿Tienes otro golpe?- pregunta con voz suave, toma mi mano y me lleva hasta el sofá, en dónde nos sentamos.
-Sí, me han golpeado bastante.- susurro, este me mira para que siga.-Tengo algunos hematomas en mi vientre, nada de otro mundo.- explico.
Él no dice nada solo me pide permiso con la mirada para levantar mi remera, asiento sin saber lo que hará, examina los lugares afectados para después empezar a dejar besos sobre estos, produciendo me escalofríos.
"De cariñoso pasaste a ser cruel mi amor"
Así pasamos la tarde, él intenta por todos los medios hacerme sentir mejor.
Buenas, espero hayan disfrutado del capítulo y si es así déjenlo en los comentarios.
Nos leemos el viernes.
Estefanía...Saludos ❤️