Capítulo 8: Agotado de fingir.

1623 Words
Marcos Golpeo una y otra vez la pared, odio tener que fingir sentir algo por esa mujer, hace tres meses que empezamos con esta farsa. Es tan ingenua que después de follarla acaba completamente agotada, y puedo robar información de su computadora, su compañía está cayendo poco a poco, y escucharla angustiada me produce tanta satisfacción. Solo es un poco de lo que le espera a esa familia. Cuando queden en la quiebra, mi amigo comprará la empresa por migajas, y así los manejare a mi antojo. Nunca duermo cuando está en mi casa, solo la observo con todo el desprecio del mundo, quiero dar el siguiente paso, pero si lo hago rápido no me creerá y todo estará arruinado. No debí huir cuando ha dicho que me quería, al fin y al cabo ese es mi objetivo, pero cuando me lo dijo sentí un peso sobre mis hombros, yo jamás he sentido algo por alguien, y nunca lo haría y mucho menos por ella. Pero ahora deberé hacerme el arrepentido, y regresar a mi casa para decirle que la quiero. Pensé que cuando llegara el momento estaría preparando, pero no lo estoy en lo absoluto. Solo tengo claro que debo actuar, cosa que se me da de maravilla. Al no saber qué hacer salí de la mansión, y vine a mi departamento, lo tengo para salir un poco de mi zona de confort, y a veces para pasar la noche con alguna de mis conquistas, una cosa es que la esté utilizando y otra muy diferente es que le ponga los cuernos. Suspiro frustrado, y resignado me dirijo hacia la salida, para seguidamente caminar hasta mi auto en dónde me subo y empiezo a manejar de vuelta a la mansión. Después de más de 20 minutos llego, estaciono al frente de la mansión, y me bajo del vehículo para caminar hacia la puerta, agarro mi llave que se encontraba en mi bolsillo y abro la puerta, a estas horas no hay nadie, no me gusta tener al personal viviendo aquí, así que terminan sus deberes y se van para regresar al día siguiente. Cuando me encamino hacia a la escalera, veo la luz del living prendida, ¿Acaso se olvidaron de apagar la luz?, sin saber porque me desvío de mi camino para ir hasta allí, cuando llego me encuentro con una Luciana completamente dormida, ella se encuentra en una posición bastante incómoda en el sofá. Aunque la deteste no puedo dejarla ahí, por lo que la cargo en mis brazos, ella suspira para seguidamente acurrucarse en mi pecho, siento como mis latidos se aceleran, ¿Pero qué mierdas? La llevo escalera arriba, sin más remedio nos dirijo a mi habitación, y la coloco en la cama, una vez cómoda comienzo a quitarme mi ropa, todo esto sin dejar de observarla, ¿Cómo es que está en mi cama como si nada?, Si es verdad que ha venido varias veces, pero jamás se había quedado a dormir en mi habitación. Me acuesto en la cama, y la atraigo a mi necesito parecer un hombre enamorado de su novia. De un momento a otro me duermo, pensando en que falta cada día menos para mí venganza. Me despierto debido a los movimientos que se escuchan en la cama, miro y es Luciana que está intentando salir de mi agarre, la atraigo más a mí, y dejo un beso en su cabello. -A veces me comportó como un idiota, me asusté cuando te escuché. Y en lugar de enfrentarte hui.- digo tratando de mostrarle sinceridad. -No te preocupes, tal vez me apure demasiado.- susurra escondiendo su rostro en mi cuello.- Yo entenderé si no....- la interrumpo. -Yo también te quiero Diosa, es solo que nunca he sentido algo tan fuerte y estaba asustado.- miento descaradamente. -Oh, no sabes lo feliz que me hace eso.-dice abrazándome más fuerte. Después del momento cursi, nos dirigimos tomados de las manos al baño, en donde nos higienizamos, al mismo tiempo que charlamos relajados. Cuando terminamos nos dirigimos hacia la salida, debemos desayunar, y es muy seguro que las muchachas ya hayan preparado el desayuno. Entrando en mi papel de hombre enamorado, le ayudo a sentarse para después hacer lo mismo, comenzamos a alimentarnos, mientras ella habla sin parar sobre su patética vida, esta mujer me desespera, no sé cuánto tiempo aguantare sin explotar y decirle sus verdades. -Mañana no podremos vernos.- susurra esperando mi reacción, ¿Acaso se está viendo con alguien? , si es así mi plan se va a la mierda, necesito que dependa de mí, que me necesita en cada segundo de su día. -¿Qué es más importante que vernos? ¿O ya te aburriste y está buscando otra distracción?- pregunto con cizaña. -Pero qué carajo dices, saldré con mi amiga y su hija. Y aunque no tengo que darte explicaciones, no tengo porque buscar una distracción, ayer te dije mis sentimientos. ¿Acaso no confías en mí?- dice al mismo tiempo que sus ojos se cristalicen. -Lo siento Diosa, muero de celos de solo imaginarte con otro.- digo sin pensarlo, ¿Qué carajos acabo de decir? Solo lo dijiste porque quieres conocer a su debilidad, ella te contó que esa niña lo era.- me recuerdo. -No te preocupes Marcos, yo también me pongo celosa cuando las mujeres te miran sin disimular. - dice con sinceridad, y mirándome con tanto ¿Amor? Que se me hiela la sangre. Esto solo es parte del plan, tú juraste vengarse y ella también debe pagarlo.- me recuerdo. Últimamente he tenido sentimientos contradictorios, y cuando estoy con ella siento cosas que jamás he llegado a sentir, y no me gusta nada para donde van mis pensamientos, así que niego con la cabeza y me levanto de la silla. -Gracias por entender Luciana, y me encanta saber que te pones celosa.- digo mientras le ayudo a levantarse.- Mi hombre de confianza te llevará a tu casa, nos veremos cuando puedas cariño.- digo queriendo que se vaya ya de mi casa, no soporto tenerla tanto tiempo cerca. -No te preocupes yo he traído mi auto, nos vemos después.- se despide. La veo vinar hacia la salida, en dónde se gira y me regala una sonrisa que a duras penas devuelvo.-Te quiero Marcos.- expresa, e instintamente aprieto mis puños. -Yo también.- digo sintiendo como se va formando un nudo en mi garganta. Cuando veo que se va suelto el aire que sin saber estaba conteniendo, frustrado al no saber que me sucede, camino con pasos apresurados hacia mi despacho. Al llegar, me sirvo un vaso de whisky para seguidamente tomarlo de un solo sorbo, siento como me quema el estómago, pero necesito dejar de pensar así que agarro la botella y el vaso, para comenzar a caminar hacia el sofá. Ya he perdido la cuenta de cuánto voy tomando, y no logro olvidar sus preciosos ojos negros, ¿Qué me estás haciendo Luciana? Me escondo debajo de mi cama como mamá me ha enseñado, sollozo en silencio al mismo tiempo que tiemblo al escuchar los pasos de mi padre acercarse. Me acurruco en el pequeño espacio que hay en ese lugar. Estábamos junto con mamá y de repente llegó mi padre, se tambaleaba y gritaba mientras golpeaba a mamá. Ella solo dijo que me escondiera, ¿Y si me encuentra? -Marcos ven papá quiere jugar contigo.- escucho la voz de mi padre muy cerca, niego con la cabeza asustado.-Si no sales mamá pagará por tus travesuras.- dice con maldad provocándome escalofríos en mi pequeño cuerpo. Sin querer que lastime a mi mamita salgo de mi escondite, y en cuanto lo hago recibo el primer latigazo, lanzo un grito desgarrador al mismo tiempo que mis piernas se aflojan y termino en el suelo, no me permite que me recupere y sigue golpeándome una y otra vez sin importarle mi sufrimiento. Sin otra opción trato de protegerme con mis brazos y sin fuerzas me acurruco ya sin poder poner resistencia. Cuando se cansa de lastimarme, me vuelve a amenazar y se va dejándome tirado en el frío y sucio suelo, siento el olor metálico de mi sangre, las heridas arden, pero lo que más arde es la brecha que se abre paso en mi lastimado corazón. Escucho ruidos, pero no tengo más fuerzas para buscar al responsable. -Mi amor, lo lamento.- susurra mi madre con la voz quebrada al mismo tiempo que me abraza sin lastimarme.- Sh, bebé todo estará bien.- promete, logro ver qué también está lastimada, pero no sé queja. Me levanto asustado, siempre perturban mis sueños esas malditas pesadillas. Odio recordar, odio a ese hombre, pero lo que más odio es que no haya podido salvar a mi madre. Tenía apenas 5 años, pero debo encontrar una forma para sacarla de aquel lugar. Estoy completamente sudado, y mi pulso está acelerado, por mis mejillas bajan lágrimas. Odio llorar, las lágrimas son muestras de debilidad, y es algo que no puedo permitirme. Al parecer luego de tomar demasiado he caído dormido en el incómodo sofá, me levanto tambaleándome para comenzar a caminar hacia la habitación. Cuando llego me meto al baño para darme una ducha fría, y así me pasa la borrachera. Al terminar, me pongo solo mi bóxer y me acomodo en mi cama para intentar dormir tranquilo. Lo último que pienso es en su perfecta sonrisa, y con la idea de que no puedo amarla. Ella es mi enemiga, debo odiarla y destruirla. Buenas, lamento la demora, pero estoy tratando de actualizar más seguido. Espero que les haya gustado, y si es así déjenlo en los comentarios. ¿Qué les parece Luciana y Marcos? ¿Marcos está sintiendo algo por ella? Nos leemos pronto. Estefanía.... Saludos ❤️
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD