Nohelia estaba acostada al lado de Tadeo mientras recuerda lo sucedido, beso la mejilla de su niño y se acurruca junto a él. Mientras tanto, a varias calles de distancia, Gerónimo conducía de regreso a casa. La noche había caído, y la ciudad brillaba con sus luces parpadeantes, pero su mente estaba fija en un recuerdo: la camarera que, con su nerviosismo e inocencia, había despertado algo en él que no sentía desde hacía años. Su sonrisa tímida, la manera en que intentaba disimular su torpeza y ese brillo en sus ojos al hablar… todo en ella parecía genuino, como si el mundo no hubiera tenido la oportunidad de endurecerla. —¿Pareces un bobo? ¿En qué piensas? — preguntó Carmin, sentada a su lado en el auto. Gerónimo sonrió, una sonrisa que Carmin nunca le había visto antes. Era una sonrisa

