—Por los encuentros inesperados —brindó él, alzando su copa hacia Nohelia. La frase, pronunciada con una calma calculada, hizo que un escalofrío recorriera su espalda. Algo en su tono le resultaba demasiado intencional, demasiado preparado. —No creo que sea inesperado, creo que lo ha planeado, señor —contestó ella sin dudar, con la botella de vino aún en sus manos. Mantuvo su postura recta, con la frente en alto como le habían enseñado, mostrando que no se dejaría intimidar. Gerónimo se reclinó en su silla, observándola con una sonrisa ladina que Nohelia encontraba exasperante. —Nohelia, no debes actuar de esa manera. Podría dejarte muy buenas propinas si te sientas a compartir conmigo —dijo él, mirándola fijamente con un brillo en los ojos que ella no lograba descifrar del todo. Nohel

