—¿Entonces, van a tocar bien, sí o no? ¿El maldito espíritu de la Navidad les chupó el talento o qué? —vocifera Scarlet un rato después, cuando el ensayo debe pararse por tercera vez debido a una equivocacion en los acordes que le impidieron alcanzar la nota, porque, en honor a la verdad, Scarlet estaba atinándole a sus notas, sus marcas y sus pasos como la profesional de los escenarios que era.
—Lo siento, señorita Fox... Me confundí con los acordes, no volverá a pasar —interviene un apenado Edward.
Scarlet pone los ojos en blanco y se acerca a él.
—Eddy...
—Edward, señorita.
—Tienes que ponerle más empeño, Eddy... —sigue ella como si el hombre no hubiese dicho una palabra, mientras desliza sus manos por los hombros y los brazos del ya muy nervioso guitarrista Jackson—. Se supone que esto sería un ensayo rápido, pero lo estás retrasando todo, y eso no me deja muy contenta con tu desempeño. Creí que querías trabajar conmigo, Eddy. ¿No es así?
Edward se aclara la garganta antes de responder, sin poder creer que Scarlet Fox le esté apretando uno de sus pectorales, ¿qué no es eso inapropiado en un ambiente laboral? Da una rápida mirada a los otros músicos y ve qué todos están observando la escena con una mezcla de incomodidad y lástima en la mirada.
—Sí, señorita. La verdad es que esta es la oportunidad más grande que se me ha presentado en mi carrera.
—Pues ahí lo tienes —susurra ella siguiendo con la mirada el recorrido de sus manos sobre el pecho y el abdomen del hombre—. Te diré algo, me agradas, y no quiero que arruines esto, de hecho, yo... —hace una pausa, casi relamiéndose los labios al hacer una segunda ronda en su apreciación—. Creo te pondré en mi próximo video, creo que incluso me gustaría llevarte conmigo de gira, ¿qué dices?
—¿Habla en serio? —Los ojos del hombre mostraban lo mucho que significaría eso.
—Claro. Solo debemos pulirte un poco, pero sé que te aprenderás las canciones rápido. Pero puedes ir a mi casa hoy después del ensayo... practicar un poco más mi arte en una sesión privada.
Edward abre la boca sin saber qué decir. Scarlet ya ha empezado a acariciar su espalda también, y no deja de ser consiente de la mirada de la banda al otro lado que, aunque ella parece creer que estuvieron teniendo una conversación privada, no fue así y, además, Catriona, habiéndolo presenciado todo desde la fila principal, ya se ha subido al escenario y los mira escandalizada
—La verdad es que... Sí quiero seguir trabajando con usted; digo... con la banda, pero no puedo aceptar su invitación hoy.
—Scarlet... —Catriona intenta interrumpir, al tiempo que sujeta las manos de la mujer y las aparta de Edward.
—¿Por qué diablos no? —La expresión de Scarlet, le hace dudar un segundo, pero se mantiene firme.
—Es Nochebuena, señorita... Estaré con mi familia.
—Oh, Nochebuena —murmura con cierto desprecio—. Es una pena que no comprendas lo importante que es esto. Perder la oportunidad de un ensayo privado conmigo y con Jerry, que es un guitarrista de primera, para pasar tiempo con tu familia... Decepcionante. ¿Acaso no los ves todos los días? ¿Acaso ellos te darán lo que yo pretendía darte?
—Nadie va a darle nada a nadie —sigue Catriona con una sonrisa nerviosa—. Todos nos iremos a casa en un par de horas y volveremos mañana con las energías reforzadas para darles un gran show a esos niños. Todo está en orden, Edward. Habla con Héctor para que te aclare lo de los acordes.
Las dos mujeres se quedan un momento en silencio mientras ven partir al hombre y entonces Catriona se vuelve hacia Scarlet.
—¿Qué te dije sobre el contacto inapropiado con el personal, Scarlet? No necesitamos una demanda por acoso.
—¿Contacto inapropiado? Solo estaba ofreciéndole ayuda. Intentaba ser cálida con el muchacho.
—¿Cálida? ¡Lo manoseabas como a un aguacate en el supermercado! ¡Mientras él te decía que quería irse a pasar Nochebuena con su familia!
—Una falta de compromiso muy grande, si me preguntas. Nunca entenderé por qué las personas insisten en ver a sus familias en estas fechas, en vez de... ¡producir! ¿Sabes todo lo que gasta en estás fechas y lo poco que se produce?
—Vamos, Scarlet. Navidad es para estar con la familia, para pasar momentos amenos y olvidarte del trabajo. Para que tú corazón se llene de gozo y...
—¡Ay, basta! Qué pereza con la narración de poesía barata.
—¿No ibas a pasar las fechas con Jerry?
—Sí, pero vamos a pasar la noche teniendo sexo en un columpio, no compartiendo nuestros sentimientos frente a la chimenea... Algo que Edward acaba de perderse —responde con un tono mordaz que hace que Catriona se lleve una mano a la frente con cansancio.
—Como sea... estarás con él. No ensayando nada con Edward... ni con ningún otro músico del grupo. Mantén a los chicos fuera de tus actividades. Recuerda lo que te dijo el abogado cuando ocurrió lo del bailarín.
—Ay, no me recuerdes eso. ¡Aguafiestas! —masculla mientras vuelve a su posición—. Vamos... ¡Desde el principio!
El ensayo se reanuda y, por fortuna, nadie comete errores esta vez, así que todos acaban conformes y contentos. Luego Scarlet, ya enojada porque Catriona no abandonó el escenario en todo ese rato y se aseguró de dar ella las palabras de despedida, baja la escaleras a toda velocidad, arrojando micrófono y demás artefactos a los asistentes de producción sin ningún cuidado para dirigirse a su camioneta lo más pronto posible, seguida por una agitada Marie que solo procuraba seguirle el paso para que no le cerrará la puerta en la cara.
—Llama a Jerry. Quiero saber a qué hora llegará.
La chica traga saliva con dificultad y respira profundo antes de hablar
—El señor Flanagan no vendrá, señorita.
—¡¿Qué?!
—Llamó hace una hora y dijo que...
—Ese malnacido... —gruñó mientras le arrancaba el celular de las manos para marcarle ella misma.
Su novio desde hacía cuatro años, Jerry Flanagan, el polémico vocalista-guitarrista de la polémica banda Capital Sin atendió sin demora, y, haciendo uso de mis poderes narrativos, mi oído imponente y mi propia omnipresencia... Escucharemos la conversación entre los devotos amantes.
—¡Tetas ardientes! —saluda el hombre con cariño al otro lado de la línea.
—¡Cállate, imbécil!
Marie brincó al extremo opuesto del asiento ante aquel chillido
—¿Pero qué pasa ahora?
—¿Qué mierda es esa de que no vas a venir?
—Ah, sí. Lo siento, tetas. Es que... me contrataron para esta noche.
—¿Te contrataron? ¡¿En nochebuena?! ¿Qué diablos es más importante que venir a verme?
—Lo sé, tetas. También quería verte, pero... No quiero presumir, pero es algo importante.
—¿Y qué pasa conmigo? ¡Me dejaras sola!
Esta es una fecha para pasar momentos amenos con la familia, Jerry. Y para que nuestros corazones... —Scarlet cerró los ojos con fuerza, el enojo no le permitía recordar las palabras de Catriona, por suerte Marie estaba ahí para susurrarselas.
—Se llenen de gozo.
—¡Eso! Que nuestros corazones gocen.
La risa al otro lado de la línea no sirvió más que para encenderla.
—¿Qué fumaste, tetas? Además, creí que no te importaba esta mierda de Navidad. ¿No es lo que dices siempre? Tomaré un vuelo mañana, lo prometo. Pero debo dejarte. Estoy en medio de algo justo ahora.
—Jerry, no te atrevas a colgarme el... ¡Jerry! ¡¡Maldita sea!!
Marie había vuelto a su lugar, casi pegada cuál calcomanía a la ventanilla; ahora más asustada por la reacción de su jefa, pero esta se limitó a mirar por la ventana durante todo el recorrido hasta su bella mansión.
Lo cierto era que Scarlet no tenía otros planes más que pasar la noche con Jerry. Había recibido la invitación a un par de fiestas en Malibú, pero bajo ninguna circunstancia aparecería por allá, bajo ningún motivo le dejaría saber a nadie que su novio la había dejado tirada en Nochebuena. La fecha no le importaba, pero su imágen y dignidad de mujer ardiente a la que ningún hombre rechazaba lo eran todo... y hoy la han rechazado dos.
Pero hay algo más, algo que no quería decir en voz alta, y para esto, tal y como hicimos con lo de la depilación esta mañana, nos saltaremos las horas incómodas de la cena en solitario a la luz de las velas mientras miraba Reels en internet.
Nos saltaremos las miradas de lástima, y un poco de satisfacción, de la servidumbre al ver a su jefa sola en Nochebuena, y, en especial, por respeto a la mujer, nos saltaremos la película sucia que vio al irse a la cama, porque... ¿Hay algo más lamentable que sentirte obligada a ver p0rno en vísperas de Navidad?
Lo dudo, pero nosotros no haremos leña del árbol caído... al menos no esta noche.
Dejaremos todo eso de lado y adelantaremos el reloj hasta casi medianoche, porque, con todas las luces apagadas, las sábanas hasta su mentón, y la mirada fija en el despertador junto a su cama, Scarlet no ha logrado relajarse lo suficiente para dormirse.
Sigue diciéndose que lo de John ayer no ha sido más que un sueño, pero cuando el marcador digital anuncia que ya son las doce, su tensión se dispara justo cuando una especie de humo se empieza a formar en su techo, justo sobre su cabeza.
Una pegajosa y popular melodía electrónica empieza a oírse a la distancia y destellos de colores son disparados a cada rincón de la habitación, proyectando patrones geométricos en las paredes y, entonces, una extraña figura empieza a descender del techo.
Al principio Scarlet cree que la lámpara se está desprendiendo de su base, pero no es eso; es... aguarden... Ah, sí, justo lo que creí... Es un proyector de luces estroboscópicas.
Esto va a estar interesante.