La noche era tan espesa como los secretos que llenaban los muros de la mansión Moretti. El reloj marcaba las dos de la madrugada cuando Alessia bajó al sótano, con la foto entre los dedos y una pregunta que no la dejaba dormir: ¿Qué demonios era Niebla? Encendió una lámpara antigua y se adentró en la biblioteca secreta que su padre había diseñado. Allí, escondido tras un estante de libros falsos, encontró un archivo de metal con la palabra “Clasificado” grabada en la tapa. Lo abrió con la misma adrenalina con la que uno destapa una bomba. Dentro, una libreta. Y en la primera página, una frase escrita con tinta roja: “La niebla protege lo que no debe ser visto.” Pasó las páginas con rapidez, hasta que encontró una lista. Nombres. Fechas. Coordinadas. Y, al final, una línea que la parali

