La bala atravesó el silencio como un trueno. El disparo no fue solo un acto de defensa… fue una declaración. El cuerpo de su tío cayó hacia atrás, golpeando el mármol con un sonido seco y final. Alessia temblaba, pero no bajó el arma. Dante, medio desangrado a su lado, intentaba mantenerse consciente. —¿Alessia…? Ella se volvió hacia él, dejando que la pistola cayera de sus manos. Sus pasos la llevaron hasta él como si todo su mundo se resumiera en llegar a ese cuerpo herido, a ese hombre que odiaba tanto como lo necesitaba. —Estoy aquí. No te atrevas a irte —murmuró, apretando su mano manchada de sangre. —¿Ganamos? —preguntó él, con una sonrisa débil. Ella lo miró con lágrimas en los ojos. A su alrededor, el eco de la guerra interna aún palpitaba: cuerpos, sangre, escombros. Pero de

