La noche cayó con una violencia silenciosa, como si el universo se preparara para una tragedia inevitable. Alessia caminaba por los pasillos de la mansión como si el fuego ardiera bajo sus pies. Su corazón latía rápido, pero no era miedo… era determinación mezclada con rabia. Las últimas horas habían sido una masacre emocional. Descubrir que su madre aún ocultaba secretos, ver a Dante sangrar frente a ella, y sobre todo, oír a su tío llamarla usurpadora. Ese hombre que nunca la crió, que la abandonó, que quiso matarla… ahora venía a gritar que ella no era una verdadera Moretti. —Entonces veamos quién merece realmente el apellido —murmuró ella, encendiendo un cigarro que robó del escritorio de su padre biológico. Dante la encontró en la terraza, con los ojos puestos en el horizonte y un

