—Hola, hermana. La voz era suave. Firme. Con un eco familiar que le congeló la sangre. Alessia se quedó paralizada. El cuerpo de su tío aún humeaba en el suelo, pero ya nadie lo miraba. La escena se había transformado en un nuevo infierno. Una versión retorcida del déjà vu. Frente a ella, una mujer de su misma estatura, con los mismos ojos verdes, el mismo corte de mandíbula, el mismo fuego en la mirada... Solo que en ella, no había rastros de miedo. Solo rabia fría y control absoluto. —¿Qué clase de broma es esta? —susurró Alessia, retrocediendo un paso. Dante, que aún sangraba por una herida en el costado, la alcanzó justo a tiempo para apoyarse en su hombro. —¿La conoces? —preguntó, jadeando. —Jamás la he visto en mi vida. La otra sonrió con burla. —Claro que no. A ti te criaro

