Capítulo 2: Sobrepoblación

1497 Words
Los días en La Luna transcurrieron más rápido de lo que Althair esperaba, dado que sus amigos realmente aprovecharon esos días al máximo para embriagarse hasta la locura. Dymian, como siempre, consiguió fácilmente algunas chicas con quienes compartir buenos momentos. Y lo mismo sucedió con Lyon, quien a pesar de no tener tantos “encantos” como el más alto de los tres, tenía suerte de ser un “timador profesional” y fingía bien el tener dinero por sus conocimientos de idiomas. Althair, en cambio, no tuvo suerte en esos días de conocer a alguien interesante y realmente él solía necesitar tener cierta “conexión cósmica”, como la llamaban sus amigos, para estar con alguien. Pasaron en total siete días en el satélite de su planeta, en los que aprovecharon pasear un poco por la superficie, comprar souvenirs para sus familiares, ir a su hotel favorito en el que podían nadar en la piscina sideral (llamada así por ser una especie de cilindro flotante de agua que utilizaba tecnología de manipulación de la gravedad para mantenerse con esa forma) y para divertirse por última vez en Mythrus, uno de sus lugares favoritos. Finalmente, tuvieron que volver a La Tierra para continuar con sus respectivas vidas hasta el día del lanzamiento de la misión Alfa-3, en donde partirían a cumplir uno de sus más grandes sueños. En el camino de regreso, eligieron la opción de viaje consciente, por lo que aprovecharon para ver las estrellas desde su sistema solar. Ahí, se sentaron en una mesa para cuatro que tenía una vista magnífica, Lyon y Althair iban juntos de un lado y Dymian junto a un asiento vacío que él había pagado para extender sus piernas y aprovecharon el tiempo para hablar… —Dy, ¿crees que cuando vayamos en el Alfa-3 deberíamos ir buscando novias para reproducirnos en el nuevo planeta? —interrogó Lyon, como si fuese el tipo de conversación más normal del mundo. —Creo que sería lo correcto, mi estimado Ly —concedió, asintiendo con la cabeza, Dymian. —¿Es en serio que sigue habiendo personas que salen a otros planetas y piensan en reproducirse, así como así? Si justamente el motivo por el que tenemos que ir a buscar otros planetas es por la maldita sobrepoblación. Los humanos somos parte del problema que nos ha llevado a esto —se quejó una voz chillona. Ninguno de los tres conocía esa voz, pero sonaba desde atrás del asiento de Dymian. El castaño se levantó con cuidado de no ser escuchado y miró por encima de su asiento. —¡Ey! ¿Qué clase de minion es este? —preguntó Dymian con un tono burlesco, como si fuese la pregunta más normal del mundo. —¡Abusivo! ¡Yo no soy ningún minion! ¡Tengo mi nombre! Una cabeza con una larga cabellera rubia, en la que resaltaban un montón de mechones de color rosa, se asomó por encima del asiento y unos ojos azules bastante tiernos miraron a cada uno de los amigos que compartían esa mesa, en lo que parecía ser un “intento de enojo”. No se podía detallar demasiado su ropa por estar tapada por los asientos, pero destacaba mucho que llevaba una camiseta de color rosa, a juego con los mechones de su cabello y un dije en forma de medialuna. —Soy Selene Van der Vieck —se presentó seguidamente la chica—. Y me parece increíble que existan personas que aún quieran reproducirse —concluyó. —Un placer, nena, soy Dymian Montblanc —se presentó el castaño, mirándola como si estuviera a punto de empezar a babear—. Y creo que me he enamorado, ¿qué te parece si nos vemos esta noche después de llegar a La Tierra y discutimos mejor este tema de la sobrepoblación? Las mejillas de Selene enrojecieron intensamente. —¡AH! ¡IMBÉCIL! —gritó ella con nerviosismo y le aventó una cachetada a Dymian, la cual él detuvo en el aire y le sostuvo la mano para que no volviera a intentarlo— ¡Eres un acosador! ¡Me das miedo! Ella siguió chillando y Dymian en ese momento supo que probablemente la chica iba a hacerlos quedar mal. La cargó como si fuese una simple muñeca y le tapó la boca, para luego sentarla en el asiento junto a él, lo que hizo que ella empezara a ver a todos lados con nerviosismo, posando sus ojos azules en cada uno de los tres jóvenes que se encontraban frente a ella. —Calma. Mi nombre es Althair Strauss, no te pasará nada. Sólo no chilles más, por favor, que me molesta en los oídos —se aventuró el pelinegro mirándola fijamente a los ojos. Ella puso una mirada suplicante a Althair—. Suéltala, no creo que vuelva a gritar —pidió a su amigo castaño, que fue soltando con lentitud a la pequeña. —¿Strauss? ¿Eres de la familia Strauss? —El semblante de Selene cambió de inmediato a uno de notoria sorpresa. —Así es —respondió con pesadez Althair, quien odiaba las reacciones asociadas con el estatus de su familia. Sacó su identificación con mucho fastidio para que ella corroborara la información y luego de que Selene asintió, volvió a guardarla. —¡Genial! ¡Siempre quise conocer a los Strauss! —Ella parecía maravillada ante Althair, lo cual era completamente normal, siempre obtenía la misma reacción al revelar su nombre. —Sí, sí, siempre me lo dicen. Y el típico: “Gracias a tu familia por ser tan importantes para la salvación de la humanidad”. Si quieres puedes saltarte esa parte. Mi amigo es una especie de gorila amaestrado, así que regularmente suele tener poco tacto con las mujeres, lo de él son las armas y los músculos —indicó señalando a Dymian, quien asintió sin dejar de mirar maravillado a la pequeña. —Yo soy Lyon Aznard —se presentó Lyon con una sonrisa tranquila. —Un placer —saludó Selene sin mucho entusiasmo al albino—. Y tu amigo bastante que me asustó con eso que dijo. Selene miró a Dymian como si de un bicho asqueroso se tratase, cosa que era primera vez que ocurría. El castaño fingió que eso le afectaba y llevó su mano al pecho, para luego hacer una mueca de falso dolor. Althair tuvo que contener la risa ante esta actitud de su amigo, especialmente porque no le gustaba mostrar demasiado ese lado “divertido” ante personas desconocidas. —Soy conservacionista y pertenezco al grupo de Doncellas Anti-sobrepoblación, elegimos la virginidad para no caer en las tentaciones de la carne y no tener descendencia —explicó Selene solemnemente—. También fui escogida para la misión Alfa-3 y me parece terrible que estén pensando en reproducirse. —La rubia los miró como bichos raros al decir eso—. Ni siquiera hemos llegado a ese nuevo planeta y ya andan pensando en la reproducción —aseguró haciendo una mueca de asco. Lyon y Dymian se encogieron de hombros al mismo tiempo. —¡Argh! ¡Hombres! —se quejó ella—. Como sea… soy bióloga y estaré trabajando arduamente para garantizar la estabilidad ambiental de nuestro nuevo planeta, así que eso implica que me encargaré de evaluar las probabilidades de contraer enfermedades cuando estemos ahí. Les advierto que haré lo que esté a mi alcance para evitar que los humanos se reproduzcan descontroladamente. —Luego miró a Althair como avergonzada—. Aunque sinceramente no me molestaría que usted deje descendencia, joven Strauss, todos en su familia han sido genios reconocidos —afirmó ella mirándolo con una mezcla de vergüenza y devoción. —¡Nah! Espero no tener que reproducirme y así no tener que pasarle este apellido a alguien más. Es una carga muy pesada para cualquier ser humano —reconoció Althair, que ya empezaba a aturdirse con lo habladora que era la chica que acababan de conocer, era demasiado extrovertida para el gusto del pelinegro. —Oh, ya veo. Es una lástima, probablemente sería otro gran genio como lo han sido todos los Strauss —declaró ella con admiración. Althair sonrió con desánimo, pero volvió su mirada hacia la ventana, decidiendo ignorarla por el resto del camino, así que sólo le mencionó lo siguiente: —Puedes quedarte sentada con nosotros, si gustas. Seguramente Dymian quiera seguirte hablando, aunque, personalmente, prefiero seguir mirando las estrellas. —Eh… no, gracias —rechazó la propuesta al ver la cara embelesada del castaño en cuestión y, acto seguido, se dirigió nuevamente a su asiento. Tratarla así no había sido la mejor actitud de Althair, pero la verdad él estaba acostumbrado a ser así con las chicas, especialmente las que le parecían interesantes y, en definitiva, Selene Van der Vieck era de ese tipo de chicas que despertaban el interés del heredero de los Strauss.
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