Capítulo 9. Escuchar a escondidas (parte I)

3884 Words
—Tienes que contarme absolutamente todo—exige Jess en cuanto contesto la llamada, y Ness la secunda de fondo. —No es nada, estábamos en ese bendito taller, Bright estaba bromeando, sacaron la foto en el momento justo, tuvieron la genial idea de subirla y aquí estamos. Con mi teléfono endemoniado entre tantas notificaciones, Linda siendo Linda en todo su esplendor con sus monólogos interminables y yo sin poder salir ni a la esquina sin que aparezca un paparazzi en cada rincón —suspiro, recogiéndome el pelo en una coleta alta. No tiene sentido que me produzca mucho cuando en el set se harán cargo de todo mi look. —Ay bueno amor, eso pasa. Sobre todo si eran novatos en el taller, querían tener sus quince segundos de fama. Deberías tener cuidado con eso igual, nunca es bueno estar rodeada con personas que buscan reconocimiento por mucho tiempo. Eva Loreley me dijo una vez que estuvo en un casting en donde una perra aprovechó para sacarle unas fotos con un chico del staff que si la mirabas por arriba, parecía una situación comprometedora, pero en realidad estaba preguntándole dónde era el baño. —No me acuerdo de eso—digo y tomo mi bolso, revisando que tenga mi identificación. Una vez teniendo todo listo, salgo del cuarto. —Obvio no, la noticia se olvidó a los segundos con el escándalo de Persa saliendo con ese camarógrafo caliente, Harold creo. —Harry Williams —le corrige Ness, desde algún lugar. Al final de las escaleras veo a mi hermanito, listo para ir al instituto, con un cubo de Rubik casi completamente armado. Le revuelvo el pelo como saludo y sigo de largo hacia la cocina, en donde está papá rellenando el crucigrama del diario mientras toma café. —Hola para ti también, amigo. ¿Ya te cansaste de dejar comentarios de odio en Twitter?—le pregunto medio irritada, medio divertida. Tomo una de las tostadas de papá y salgo casi corriendo de casa, tratando de evitar lo más posible encontrarme con mamá. Ayer insistió sin parar de acompañarme a la productora para evitar que "meta la pata una vez más", fue toda una hazaña hacer que desista de esa idea a cambio de que vaya Billy en su lugar. Pero estoy segura de que si me ve ahora, no habrá fuerza que la detenga. —¿Perdón? ¿Cómo crees que sería capaz de eso? Le doy un saludo rápido a la abuela quien está arrastrando a Lolo por las escaleras para que vaya a clase, mi primo me suplica que le ayude, pero lo sonrió burlona antes de cerrar la puerta e ir a mi coche. —No creo que un nombre como Nessesmejor deje mucho a la imaginación. —¡Mierda sabía que debía usar la otra cuenta falsa! —suelta a la vez que Jess le recrimina habérselo dicho. —Cállate, Jessica, que de mucha ayuda no fuiste. Le proponen matrimonio a mi mujer y tú te quedas sin hacer nada, ¿tan poco te importo?—dramatiza y río. Siempre me hace bien hablar con ellos. Una vez que salí del estudio ayer, no podía dejar de sentirme una mierda, entre mi madre, las r************* , el nuevo itinerario dado por la Miss Mckenzie, el caos de mi casa y no poder dejar de pensar en ese maldito beso, me estaba volviendo loca. Para peor, mis amigos estaban ocupados en lo suyo, así que tuve dándole vueltas sin otra opinión que no fuese la mía; conclusión, estoy jodida. ¿Por qué mi nuevo jefe tiene que ser tan guapo? ¿Tan enigmático? ¡¿Y por qué carajos me besó, revolviéndome el alma?! Soy una profesional, por dios. No debería alterarme después de un beso fingido. Pero siento hubo sentimientos tan reales detrás de ello, maldita sea. Di un largo suspiro y dije: —El director me besó. Ambos dejaron de discutir, habiendo un profundo silencio hasta que volvieron a hablar a la vez. —¡Yo sabía que eso iba a pasar! Es caliente como el infierno. —¡No puede ser, de verdad me estás engañando! ¿Besa bien al menos? Les cuento los sucesos en orden con lujo de detalle, hasta incluyo las palabras en ruso que Eragon dijo, y una vez termino, espero con ansiedad su respuesta. Que tarda lo suficiente en llegar como para que conecte la llamada al manos libres y encienda el auto. —Mira, diría que es normal, pero esto me huele raro. Primero, te elige específicamente a ti para el papel y luego te besa bajo la excusa de ese extraño taller. Te lo digo, para mí que le gustas. Además, dijo algo como "me cago en una perra". O capaz sería ¿me cago en la puta? No estoy segura. —¿Y tú desde cuándo sabes ruso?—pregunta Ness con un visible tono de reproche. —Sí, ¿desde cuándo?—lo secundo yo. —Hace unos meses hablaba con un ruso por i********:, se llama Nikolai. Pero ese no es el punto aquí, sino que al caliente director le gustas y es un hecho casi comprobable—resalta con ese tono de "yo sé todo" que es un poquito fastidioso. —No seas ridícula, Jess. Puede que me haya elegido para el papel, pero eso no significa nada, de seguro que le gustaron mis otros trabajos y cree que tengo potencial para su película, la cual, cabe decir, es muy buena. Y lo del taller, admito que es raro, pero ya demostró ser uno de esos directores excéntricos con su actuar. Además, de cierto modo tiene sentido, si la mayoría del cast son actores novatos. —Ay bonita, esta es una de las pocas veces en las que estoy de acuerdo con Jessica. —Aww me siento halagada. —Es que al fin dices algo con sentido, querida. ¡Au eso dolió, bruta! ¿Tenía que ser con el zapato?— se queja y ambos discuten en voz baja antes de volver a conectarse en la llamada. —Bueno, cariño, nosotros ya nos tenemos que ir, pero en cuanto termines lo que tengas para hoy, nos llamas de nuevo y me dices qué tan linda salí en el programa de hoy.— Ni siquiera me da la oportunidad de contestarle cuando corta la llamada. Sonrío mientras salgo de casa, porque hablar con ese dúo loco siempre me pone de buen humor. Sin embargo, la burbuja de felicidad explota cuando veo a Billy apoyado sobre el capó de mi auto con el ceño fruncido y los brazos cruzados. Entonces recuerdo la promesa que le dije y lo único que puedo pensar es en la mierda de discurso moral que me va a dar durante el viaje. (...) Tenía razón, mientras conducía no paró de sermonearme hasta que estacioné en el aparcamiento del estudio. Que fue cuando finalmente suspiró y me hizo prometer ser más cuidadosa con mi imagen pública, porque un día de estos iba perjudicarla irreparablemente, siendo que estoy en la flor de la fama como para que eso suceda, por lo que sería una tragedia a lo Lindsay Lohan. Cuando por fin entro en el ascensor, y veo las puertas cerrarse dejando a Billy del otro lado, suspiro con cansancio. Vaya, ¿ni siquiera son las ocho de la mañana y estoy agotada? es un nuevo récord. Entonces, cuando creo que puedo obtener un poco de paz en los valiosos minutos que demora el ascensor en subir al piso siete, dónde está el estudio fotográfico, en el piso uno se detiene y cuando las puertas se abren mostrando el ceño fruncido del director. Es definitivo, no obtendré paz esta mañana. —Buenos días—saludo, porque ante todo soy cortés. Recuerdo a la abuela molestarnos mucho con eso en casa, sobre cómo ser cordial puede llegar a ser un salvavidas en la sociedad. Un poco exagerado en mi opinión, ¿pero qué no es exagerado en Miriam Corrales? El director Eragon no hace más que asentir a mi saludo, completamente estoico y sin aparente intención de hablar. Okaaaay alguien se despertó con el pie izquierdo esta mañana. Hay un incómodo e inquietante silencio en estas cuatro paredes metálicas. Rezo para que alguien más tenga intención de subirse con nosotros pero por desgracia nadie lo hace. ¿Es malditamente en serio? Y cuando creo que no puede ser más sofocante, comienzo a darme cuenta de detalles como lo bien que huele su colonia, que seguramente es una carísima y de buena calidad, porque creo que comienza a impregnar el aire. Es como cítricos con un toque de algo dulce para hacerla adictiva, también noto su perfilada mandíbula, su nariz aguileña, y el rastrojo de barba de un día o dos, donde me dan ganas de pasar los dedos para sentir lo áspero que puede ser y ese cuello abierto de su camisa que deja entrever sus clavículas junto con el apretado pantalón que resalta su buen trasero solo hace que... El sonido de las puertas abriéndose me saca de mi trance y babeo interno. Jesús Ann, ¡contrólate maldita sea! No eres una adolescente hormonal, mantén pensamientos puros y aleja los impuros, es tu maldito jefe y es un asno la mayoría del tiempo. ¿Desde cuándo te van los tipos así? —Crewe, ¿no vas a salir? La sesión de fotos comienza en quince y la maquillista te está esperando—ordena con voz gélida, su ceño fruncido y sus labios entrecerrados dan una clara pista de que no es buena idea contestarle algo ingenioso en este momento. Es tu jefe, apaga el lado latino contestón. Me digo, contando internamente hasta diez. —Lo siento, me distraje —pensando en lo guapo que eres a pesar de ser tan gruñón. Él solo me observa por unos segundos y luego se voltea, dirigiéndose al set de fotografía, por lo que lo sigo en silencio. Observo su amplia espalda y mi mirada recae una o dos veces en su trasero mientras caminamos. Culpo totalmente a Jess y a las demás chicas por esto, sus monólogos de lo guapísimo que es Dominick Eragon está afectando mi cerebro. Debes mantenerte profesional Ann, que ni siquiera han rodado alguna escena y eres fácilmente reemplazable en este punto. En cuanto entramos al set, noto tres cosas: mi fotógrafo de confianza está incluído en el equipo; Miss McKenzie viste un conjunto de dos piezas rojo demasiado ceñido al cuerpo y con un escote pronunciado, algo que parece me sumamente inapropiado y que destaca como el sol de la mañana; Bright corre por el estudio al verme para darme un abrazo efusivo, mientras creo escuchar un pequeño gruñido desde alguna parte. —No es que sea chismoso ni nada, ¿pero viste el vestido de la de relaciones públicas? Es jodidamente sexy e inapropiado, pero sexy. Aunque el rojo definitivamente no es su color —murmura Bright en mi oído antes de alejarse un poco y sonreír burlón, señalando disimuladamente a miss Mckenzie que parece hablar con uno de los técnicos de iluminación. No puedo evitarlo, río a carcajadas, llamando la atención de todos en el lugar. Hasta de la maquillista y la modista, quienes enseguida se acercan para arreglarme. Es entonces que me doy cuenta que Bright luce un traje azul muy refinado y tiene el pelo engominado hacia un lado, lo que remarca sus rasgos y lo hace ver más serio e imponente. Oh santa madre de dios, ¿soy la última en llegar? Y yo creyendo que estaba llegando a tiempo, j***r. Siento la penetrante y juzgadora mirada de la relacionista pública mientras me voy hacia mi camerino. Estupendo, esta sesión de fotos será grandiosa. (...) Después de la primera hora, confirmé mis sospechas, esto es una tortura nivel Hollywood. Mi fotógrafo se porta de maravilla, dando indicaciones concisas y siendo amable en todo momento. —Mantén el mentón en alto, cariño. Sí, así mismo. Bright, rodéale la cintura con sutileza pero que parezca que mantienes espacio entre los dos. Así, muy bien. Sin embargo, la penetrante mirada de la Miss McKenzie junto con la del director hace que se me erice la piel. Es como si dos buitres estuvieran mirando al pobre venado moribundo para juzgar si vale la pena o no. Escalofriante. —Annelise, querida. ¿Podrías parecer menos tensa? Esta sesión es lo que elevará su imagen pública, no puede parecer forzada—dice la señorita relaciones públicas como sugerencia. ¡Parecería menos tensa si no estuviera dando sus amables sugerencias a cada rato! ¿Es fotógrafa? No, así que no tiene que abrir el pico para opinar. Cálmate Ann, recuerda ser amable y serena, no dejes que te alteren los nervios. Respira uno, dos, tres... —No sonrías tanto, Crewe, que es una película dramática la que vas a protagonizar, no una comedia infantil—comenta con cierta rudeza Miss McKenzie, ¿y acaso nadie más se dió cuenta de lo venenosa que sonó? ¡No tiene porqué desprestigiarme así! Sí, hice comedias adolescentes en su mayoría, ¿pero porqué eso sería algo despectivo? ¡Muchos se han criado con películas increíbles de ese estilo! Oh como quisiera poder contestarle así, pero esto es Hollywood, siempre dicen comentarios espinosos como esos, y si uno reacciona a ellos solo empeora las cosas, sobre todo cuando son compañeros de trabajo, lo aprendí a la fuerza. —Está bien. ¿Algo así estaría bien?—sonrío levemente, deseando que se le rompa un tacón y ande descalza en la calle. Ella sonríe y alza el pulgar, para luego acercarse al director para susurrarle algo. Y oh, cómo me pican las ganas de saber qué dice pero me mantengo profesional y continúo con la sesión de fotos. —Bien, creo que hemos terminado por hoy. Editaremos el trabajo y luego subiremos la mejor fotografía para el póster promocional de la película— nos anuncia el fotógrafo de la empresa mientras que mi conocido me guiña el ojo. Tanto Bright como yo nos empezamos a dirigir a los camerinos para poder cambiarnos de una vez — Como bien sabe, señor Eragon, el nombre será revelado junto con el género pero puede mantener los nombres del cast oculto hasta el estreno de la película. El director se cruza de brazos mientras analiza lo que le van mostrando de la sesión. Su mirada es inexpresiva en todo momento, como si nada le sorprendiera o gustara. ¿Quién entendería un tipo así? Es conocido por ser un emergente en la industria del cine y por sorprender al público ganando premios siendo tan joven. Pero me pregunto qué es lo que lo hace tan bueno, ¿su forma de mandar, sus libretos escritos por él mismo o los actores que elige cuidadosamente para cada papel? —No se vayan todavía—ordena de repente, haciendo que Bright y yo nos detengamos de golpe. Él me mira con súplica de piedad en sus ojos a lo que respondo con un suspiro, ambos estamos agotados de la sesión y aún nos falta ir a ese estúpido taller. —¿Sucede algo, jefecito? ¿Salí despeinado o con ojos bizcos?—bromea Bright haciendo que le dé un tick en el ojo al director. Casi sonrió por eso, casi. —No me gusta. Se supone que es un drama en donde abunda la desconfianza y los secretos, no un amor lleno de rosas y felicidad pura. Por lo tanto, se debería transmitir cariño sí, pero no tan evidente, sino que tenga también recelo y desconfianza, que haga que la gente se pregunte porqué no están abrazados o se miran llenos de amor. ¿Se entiende?—explica con su típico tono monótono. Sin embargo, sonó más como un reto que como una explicación, y odio muchísimo cuando se me trata como tonta. —¿Cuál es tu sugerencia?—inquiere Gerald volviendo a colocar la cámara en su lugar. —Simple, dense la espalda, mírense de reojo y apenas tómense de las manos. —¿Es en serio? ¿Y el amor donde está ahí? ¿En el más allá?—bromea Bright haciendo que todos rodemos los ojos excepto el director, quien apenas esboza un atisbo de sonrisa, y por un segundo su rostro siempre estoico parecía más accesible. —En su mirada de dolor. A veces, una sola mirada, dice más que mil palabras—dice mirándome fijamente. Un escalofrío recorre mi espalda y por un segundo me pregunto si Jessica tiene razón. Pero es imposible, ¿verdad? (...) Luego de media hora bajo los flashes de las cámaras, por fin obtenemos las tomas que tanto quiere el señor Eragon y yo tengo un maldito dolor de cabeza por las sugerencias de la miss Mckenzie que se entrometía cada que podía y la condescendiencia en la voz del director cuando me dictaba algo, como si yo fuera una novata a la que tuviera que enseñar todo de cero. —¿Podrías, por favor, cerrar la puta boca? Ya sé lo que hago, hace nueve años que estoy en esta industria, jodidamente sé cómo transmitir sentimientos en una foto. ¿Y podrías parar de usar ese tono condescendiente conmigo? Me pone los pelos de punta, y no querrás ver mi lado Corrales, porque me va a importar un bledo que me despidas o demandes una vez salga a la luz. Sí, no podía decirle eso a la cara o estaría de patitas en la calle. Me lavo la cara para liberar un poco de tensión y esperar que el agua se lleve mi malhumor pero no, lo único que veo en el espejo es mi ceño fruncido y el maquillaje a prueba de agua en su lugar. Va a tomarme un tiempo sacarme esto después. Aunque, el traje de color blanco no me queda nada mal, la falda resalta mis piernas y la camisa mis curvas. A Ness le gustaría este outfit. —¿Vas a estar aquí todo el día o te unirás con los demás en la sala de conferencias?—dice Miss McKenzie apareciendo de la nada y dándome un susto de muerte. Además, ¿qué es esa mirada de superioridad? —Ahora mismo me dirigía hacia allá. Falta asistir al taller, ¿no?—contesto lo más amablemente que puedo, porque las olas de hostilidad que me lanza son muy notorias. Bien, tampoco me agradas, pero no lo ando haciendo obvio. Oh como quiero decirle eso. —¿Acaso tu manager no te lo informó?—Mierda, sabía que había dicho algo importante en su discurso— Hay una entrevista a la que debes asistir. Allí confirmarás la colaboración con Bright y aclararás que la foto era solo una broma, además de que tendrás que dar una buena imagen y expectativa de la película, por lo que si puedes demostrar buena química con tu co-estrella, mejor. Será mejor que te apresures, a Dominick no le gusta que lleguen tarde—dice dándose la vuelta y saliendo del baño. ¿Qué le habré hecho para que me hable de ese modo? como si yo fuera... una novata. En fin, mejor voy corriendo a la sala de conferencias o sino tendré otro reproche del jefe. Me saco una foto frente al espejo para mandársela a mis amigos antes de irme y prácticamente correr por el pasillo. Saludo a la señora de la limpieza al pasar por su lado para entrar en el ascensor. Por suerte, es solo un piso el que debo subir, pero cuando casi estoy por llegar, veo al director discutiendo con Miss Mackenzie en medio del pasillo, y mi vena de chismosa no puede evitar sentir curiosidad. Al parecer no notaron mi presencia así que aprovecho para esconderme detrás de la pared más cercana para tratar de escuchar parte de su conversación. Sé que está mal y todo eso pero... no hay peros, soy chismosa y voy a ir al infierno por esto. Aunque no había visto una expresión tan enojada en el rostro de Dominick Eragon. Pensé que era todo serio las veinticuatro siete. —Sigo sin creer que la hayas elegido a ella, te dije que Eva Loreley o incluso Persa era mejor para este trabajo, ellas han tenido experiencia en este tipo de film y tienen más popularidad, lo que beneficiaría con creces tu trabajo—le reclama Miss Mackenzie cruzada de brazos y con una clara expresión de disgusto en su fino rostro. El director se frota el puente de la nariz mientras da un largo suspiro. Como si ya estuviera cansado de la conversación. —Sasha, ya te dije que tengo mis razones y aunque no lo creas, ella es muy buena en su trabajo, tengo fe en que todo saldrá más que perfecto. Ahora, si me disculpas, tengo que hablar con mi elenco para dictaminar lo que haremos en esta semana, ya que debido al incidente debemos comenzar a prepararnos para grabar. Abstente a ser tu trabajo y mantener nuestra imagen pública, que para eso se te paga—contesta gélido y firme, para luego entrar en la sala de reuniones. Miss Mckenzie farfulla algo por lo bajo y luego lo sigue, cerrando la puerta detrás de ella. Claramente estaban hablando de mí, ¿cierto? Y espera, ¿habían considerado a Eva y a Persa antes que a mí? Casi que puedo entender el punto de vista de Miss McKenzie, al ser de relaciones públicas y marketing, piensa en lo que mejor llegaría a la audiencia. Mis amigas definitivamente reunirían una gran cantidad de personas que pagarían por ir a verlas en el cine. Entonces, ¿cuáles serían las razones para elegirme para esta película? No tengo experiencia en dramas y si bien soy reconocida, empequeñezco en comparación a mis amigas. ¿En serio le gustó mis otros trabajos a Eragon o será que...? —No deberías escuchar conversaciones ajenas a escondidas—susurran a mis espaldas y por segunda vez en el día, casi me da un ataque cardíaco. —¡No deberías asustar a la gente así, por dios!—chillo aún con el corazón en la boca. Luke, el asistente del director, me sonríe con pena mientras sostiene firmemente una carpeta contra su pecho. —Lo siento. Aún así, escuchar a escondidas está mal. Al señor Eragon no le gusta. —¿Lo dices por experiencia?—enarco una ceja al verlo tan nervioso. —Algo así. Tengo suerte de que no me hayan despedido aún si soy sincero—confiesa mientras da un largo suspiro. Le doy unos golpecitos en el hombro como señal de apoyo, porque Luke es del tipo de personas que te conmueven. Torpe y todo. —Si aún estás aquí, es por algo. Además, no lo hiciste tan mal ayer, la cosa se descontroló un poco pero lo estabas haciendo bien hasta entonces. El sonríe tomando el elogio y asintiendo, como si estuviera digiriendo la información. —Gracias. Ahora entremos a la reunión, que nos van a masticar vivos si demoramos más—indica yendo hacia la puerta, aún aferrado a la carpeta. Una vez que ambos entramos, todas las miradas se posan en nosotros, incluído el ceño fruncido del director. Carajo, la cagué de nuevo.
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