Era delicioso sentirse así. Vivir en un sueño. Respirar la pureza de aquel aire que enriquecía con su abundante oxígeno, a los pulmones sedientos. Al otro extremo del bosque, otro grupo de animalitos que habitaban esos parajes rodeaban también a alguien. Ese alguien también alimentaba con sus manos a un hambriento herbívoro que devoraba como insatisfecho lo ofrecido. Las avecillas también le regalaban sus cantares. Ambos personajes se pararon al mismo tiempo por coincidencia, o por obra divina. Bruscamente todos los animales desaparecieron al unísono. No se supo que dirección tomaron, ni se escucharon pasos algunos. Solo quedaron esas personas. Ambos se miraron en la distancia grande que los separaba. Esta no fue obstáculo alguno para que esa mirada se produjera.

