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Rebeca era muy joven, pero cocinaba a la perfección. Gracias al encantador dominio del arte culinario, era que estaba allí, obteniendo un muy buen sueldo. _ No te preocupes Rebeca, tómate el tiempo que sea necesario, y busca a alguien que te supla mientras vengas. Toma.- Y le dio un fajo de billetes que sacó de la gaveta del escritorio.- Esto es para lo que se te pueda ofrecer, si necesitas más vienes a buscarlo. Es un regalo por lo sabroso que cocinas.             Rebeca tomó el dinero, y para sorpresa de los dos hombres, salió llorando a grandes llantos del salón. Ambos sólo se miraron con curiosidad, como preguntándose: “¿Bueno y a ésta que le pasó?”             Ya nuevamente solo, Rigoberto lloró amargamente. Su padre quería la muerte. Pensó en su madre. Habló con ella. “Mamá, hací

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