Subió a la recamara y como de costumbre, se duchó y se dispuso a dormir, era el momento más feliz de su vida y esa noche lo disfrutaría a lo máximo. Definitivamente era el momento más glorioso y significativo de su vida, así lo sentía. El día llegó presuroso, y tan pronto se anunciaba la hora de enfrentarse a él, Rigoberto se puso de pie rápidamente y comenzó a arreglarse para ir a su trabajo. A la hora acostumbrada estaba instalado en el pediátrico. Ese día la docencia fue suspendida y comenzó la rutina de siempre en la sala de Emergencias y Observación. No se imaginaba Rigoberto que ese día traería para él y para otra persona, una inesperada sorpresa. Cuando se disponía a entregar unos documentos que le habían exigido en la oficina de personal, conoció a una bella joven, a

