ERIC Soy hombre, ¿ok? Y a veces mi lado de macho me juega en contra. Por más que no quisiera, no pude evitar ver que Amanda estaba buena. Pero también soy un hombre que está con alguien a quien ama de verdad, así que, para mí, Amanda era poco menos que un monstruo. —¿Qué carajo haces acá? —le dije apenas la vi. Traté de no mirar de nuevo ese par de tetas que traía en la cara. Ella se puso a jugar con un mechón de su pelo, girándolo entre los dedos, mientras se me acercaba con esa forma lenta y provocadora. —Ahora vivo acá. ¿No te acuerdas? —me dijo con una sonrisa torcida. De la nada, me empujó contra la pared. Nunca nadie había hecho eso conmigo. Y encima empezó a trazar figuras en mi pecho desnudo con una uña larga, pintada de rojo. Me dio un escalofrío. —Vete. Ahora —le gruñí. Am

