ERIC Hoy estaba que partía a cualquiera. No, mejor dicho… estaba tremenda. Me lanzó un montón de carpetas editadas encima del escritorio, sacándome de la nube en la que andaba. —¿Hmm? —solté, todavía clavado en el detalle de que esa falda le quedaba más ceñida que de costumbre, marcando cada curva. Me mordí el labio, nervioso. Levanté la vista hasta su cara, aunque me costó. —Quiero pedir mañana libre —dijo, dejándose caer en la silla frente a mí como si fuera cualquier cosa. La blusa… rayos, el escote estaba más abierto de lo que ella solía llevar. Y sí, me encontré mirando justo ahí, no a los ojos. —¿Me estás oyendo? —me cortó, subiendo la blusa para cubrir lo que yo estaba saboreando con la vista. Carraspeé, volviendo a mirarla a la cara. —¿Qué necesitas? Suspiró como si ya le p

