CLARA Sentí como si todo se moviera en cámara lenta. El corazón me golpeaba el pecho sin parar, y esa mezcla asquerosa de traición y dolor me estaba comiendo viva. Las piernas me pesaban como si estuvieran metidas en un pantano, sin poder salir de ahí. El tiempo seguía igual de lento cuando lo escuché gritar mi nombre. —¡Clara! ¡Regresa! ¡Te lo puedo explicar! Ni me di cuenta que ya estaba corriendo. Y no, no lloré mientras huía, porque no quería darle el gusto de saber que me había roto de esa manera, un dolor que sentía como si no tuviera arreglo. Corría escapando del desastre que él mismo armó, escapando de sus mentiras, escapando del hombre que pensé que me amaba. El único al que había llamado mi novio. Ahora corría lejos del primero que iba a llamar mi exnovio. No sabía ni a dónd

