23. Caravana de las Navidades pasadas Mark Al abrir los ojos, Mark se da cuenta de que está solo en la gran cama. Una sensación de vacío lo recorre, más intensa de lo que esperaba. No sabe por qué, pero la presencia de esa pequeña mujercita le agrada, aunque desde lo de Sally juró no volver a dormir al lado de nadie. Suspira y fija la vista en el techo, intentando aclarar sus pensamientos. Unos golpes suaves en la puerta lo sacan de su trance. —Mark, ¿estás despierto? —La voz grave del abuelo lo llena de alivio. —Pasa, abuelo. —Se incorpora con pereza, apoyándose en el respaldo de la cama. —Teté… ¿ya desayunó? El anciano sonríe, una expresión que delata más de lo que Mark quisiera ver. —Sí, se levantó temprano y me acompañó a tomar café. Ahora salió con Rita a hacer unas compras. —

