-¡Déjame en paz, por favor! le digo mientras me desplomo contra la pared, de repente exhausta. -Realmente eres patético, se burla mientras me mira con desdén y desprecio. No tengo la fuerza para preocuparme, pero logro responderle. -Y aquí estás de nuevo, buscándome, murmuro. -Solo quería saber si los rumores eran ciertos. -Bueno, supongo que ahora lo sabes. Puedes ir a decírselo a todos, digo cansadamente. -Obviamente eso es lo que voy a hacer. Me encanta humillar tu trasero gordo, se queja. -¿Qué más hay de nuevo? le pregunto. -Ahora, si pudieras irte, me gustaría ducharme, digo, sintiendo toda la desesperanza que siento transferirse a mis palabras. No tengo dudas de que la noticia se esparcirá y eso me causará más acoso. Casi tengo miedo de ir a la escuela, y eso ya es decir al

