-¿Qué te gustaría para el desayuno, señorita? me pregunta una de las sirvientas. -Solo un jugo de naranja, por favor, digo con una cálida sonrisa. -¿No vas a desayunar? pregunta mamá. Odio cuando me presta demasiada atención. -Agarraré algo en la escuela, mamá. Estoy tarde porque tengo una sesión de estudio temprano, miento. Ella me lanza una mirada desaprobadora para hacerme saber que no está contenta conmigo en este momento. -Pero... -¡Hasta luego, te quiero! digo, interrumpiéndola mientras salgo apresuradamente de la cocina antes de que pueda decir algo más. Me choco contra el duro y musculoso pecho de Rayan justo cuando estoy a punto de salir de la cocina. -¡Mierda, lo siento! -¡Cuidado, trasero gordo! gruñe lo suficientemente bajo para que solo yo escuche su insulto. -¡Buenos d

