Coalición con un idiota

1201 Words
Cuando imaginaba mi comienzo en la Academia Riverside, no esperaba que nadie fuera grosero conmigo. Solo esperaba pasar desapercibido y terminar el curso sin que nadie se diera cuenta. No debería esperar un mejor comportamiento de un deportista, pero lo hice. Esperaba que fuera una escuela más refinada, sin idiotas, ya que la matrícula es astronómica. Una vez más, no sé si fue grosera por la muerte de su madre, si esa es su actitud normal o si simplemente le caigo mal. ¿O es que odia a los nuevos o algo así? Solo estoy aquí para obtener mi título y graduarme para ir a la universidad, nada más. Suspiro y vuelvo a mirar el papel en busca de mi código, que ya había olvidado después de todo ese encuentro. Abro mi casillero y guardo mis libros extra. Gimo al darme cuenta de que el casillero junto al mío debe ser el suyo y que por eso estaba aquí en primer lugar. Maldición. Bueno, ahí se va mi plan para evitar a ese idiota. Miro el horario que tengo en la mano y cojo un cuaderno vacío antes de dirigirme a mi primera clase del día. Ya llego diez minutos tarde, lo que no es una buena primera impresión. Encuentro la clase un minuto después y es un milagro que no la haya perdido. Todavía estoy un poco nerviosa por la experiencia con Rayan Riverside, pero intento olvidarlo, pensando, no, esperando, que solo fue algo puntual y que me dejará en paz. Cuando entro en el aula, está llena y todas las conversaciones se detienen abruptamente cuando todos los ojos se posan en mí. No sé si es suerte o qué, pero el profesor aún no ha llegado. Mejor así, porque no quería llegar tarde en mi primer día aquí. Hay un asiento libre en la parte delantera de la clase y lo ocupo porque siempre me siento delante. Unos segundos después de acomodarme, Rayan entra en clase y yo gimo por dentro al verlo. ¿Cómo demonios voy a evitarlo si está en mi clase? Me clava la mirada y se acerca a mí con toda su arrogancia y una sonrisa en la cara. Una sonrisa en la que no confío ni un ápice. Sigo enfadada con él por la pelea que tuvimos en el pasillo hace cinco minutos. ¿Cómo coño puedes ser tan grosero con alguien a quien ni siquiera conoces? Tardo un segundo en darme cuenta de que la clase está en silencio y, cuando miro a mi alrededor, veo que toda la atención está puesta en nosotros. ̶ Estás en mi asiento, gruñe con ese tono ronco suyo y, al instante, oigo algunos «oooh» procedentes de la gente del aula. ̶ Lo dudo. No pareces del tipo que se sienta delante y, como supongo que en esta clase no hay asientos asignados y tu nombre no está escrito en esta mesa, no me voy a mover, le digo con el tono menos afectado que puedo. No suelo ser una persona conflictiva y prefiero esconderme en mi caparazón la mayoría de los días, así que esto no es propio de mí. Esta nueva escuela no está saliendo como pensaba. Enfrentarme al deportista más popular del instituto no va a convencer a nadie. Aprieta los dientes con rabia y muestra los dientes antes de agarrarme por el cuello de la camisa, levantarme del asiento y empujarme. Tropiezo con mis propios pies. Mi cabeza se estrella contra el lateral de la mesa de al lado y caigo de culo. Es la segunda vez esta mañana que me encuentro a los pies de este chico. ̶ Te he dicho que estabas en mi asiento, sisea antes de tirar también mis libros al suelo. Se oyen exclamaciones en la sala antes de que todo el mundo empiece a reírse del espectáculo. Nadie se ofrece a ayudarme. Solo miran lo que está pasando. ¿Qué demonios esperaba? ¿Por qué iba a ayudar alguien a la chica nueva cuando su rey les estaba ofreciendo un espectáculo? Probablemente temen que eso les convierta en el próximo objetivo. O eso, o todos aquí son unos capullos. Empiezo a pensar que es lo segundo. ̶ ¿Qué te pasa, c*****o?, le grito, sintiéndome completamente avergonzada. ̶Vuelve por donde has venido, vaca gorda. Nadie te quiere aquí, me sisea. Estoy a punto de responder, pero siento que algo me resbala por la frente. Levanto mi mano temblorosa para tocarlo. Cuando la retiro, veo que mis dedos están cubiertos de sangre. Vuelvo a mirarlo y él me mira con ojos fríos y muertos. No hay emoción en ellos. No hay remordimiento por hacerme golpear la cabeza y sangrar. Supongo que esto es la guerra, ya que él acaba de derramar sangre por primera vez. Me levanto lentamente con las piernas temblorosas y salgo del aula para ir a la enfermería a buscar una tirita para mi cabeza. Por suerte, no tardo mucho en encontrarla. ̶ Hola, cariño, me dice la enfermera cuando llamo a la puerta y entro en su despacho. ̶ Soy la enfermera Sara. ¿En qué puedo ayudarte hoy?. Uhhh, ¿de verdad no ve que me sangra la cabeza? ̶ Eh, hola. Me llamo Lia y hoy es mi primer día aquí. He tenido un pequeño percance con mi mochila y mi pupitre. Me he caído y me he golpeado la cabeza con el lateral de uno de los pupitres y me preguntaba si tendría alguna tirita, le pregunto. ̶Vaya, parece que estás teniendo un primer día difícil, ¿eh? Ven, siéntate aquí y déjame echarle un vistazo, dice, señalando una de las sillas para que me siente. Me siento y ella empieza a limpiar el corte antes de ponerme un poco de algodón absorbente y luego una tirita encima. ̶ La buena noticia es que no necesitas puntos y te curarás enseguida, me dice con voz amable. ̶ Gracias, digo, incapaz de contener las lágrimas. El día apenas ha comenzado y ya detesto esta escuela. ̶ Aquí tiene una nota para su profesor, me dice, entregándomela. La tomo y le doy las gracias antes de levantarme y regresar a clase. ¿Por qué ha sido tan cruel y desagradable conmigo? No es que le haya hecho nada. Ni siquiera lo conozco. ¿Por qué? Me pregunto mientras regreso lentamente a clase. Nunca me había pasado algo así y no sé cómo manejar la situación si persiste. Estoy segura de que ir a ver a uno de los profesores y contarle lo que ha pasado no resolverá nada, debido a quiénes son él y su familia. Sé cómo funcionan las escuelas en lo que respecta al acoso escolar. Rara vez se ponen del lado de la persona acosada. Además, yo soy nueva aquí y a él lo conocen desde hace mucho más tiempo que a mí. Nadie me va a ayudar. Tendré que encontrar la manera de lidiar con esto por mi cuenta. Al acercarme al aula, me detengo y respiro hondo para calmarme antes de volver a entrar. Espero que el profesor ya no esté allí, pero la suerte no está de mi lado por segunda vez. Cuando entro .
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD