Adam Clark
Quito la sábana de un solo tirón y el polvo se levanta. Ambos comenzamos a toser debido a todo la suciedad.
Observo la bicicleta de Alas y la mía, ambas se encuentran en perfecto estado a excepción que están muy sucias por el poco uso que le hemos dado. En realidad no las usamos desde que yo tenía dieciséis y ella catorce.
Han pasado bastante años.
—Con una buena limpieza quedarán listas para un buen recorrido por toda la ciudad. ¿Me ayudas a limpiar? —Pey asiente.
Salimos de la cochera rumbo a la cocina para conseguir todo lo que vamos a necesitar para limpiar. Saco dos trapos y una esponja y se los paso a Pey.
Volvemos a la cochera por las bicicletas y las empujamos hasta sacarlas al patio frontal. Con cuidado de levantar más polvo, quitamos todo rastro de suciedad adherida con el trapo para luego lavarlas con agua y jabón.
Quince minutos después terminamos empapados y cubiertos de polvo hasta la última hebra de nuestros cabellos. Por lo menos las bicicletas están relucientes.
—Tienes algo en la mejilla—Pey se limpia la mejilla derecha—. Ahí no, aquí—Alzo la manguera que utilizamos para limpiar y la abro en su dirección, mojando todo su rostro—. Listo, ahora estás limpia.
Rio mientras ella quita el resto de agua de su cara. En un descuido, la pelirroja me tira el agua con jabón al pecho. Si delicada risa se hace presente.
La observo levantando una ceja, ella solo ríe. Doy dos pasos largos y logro atraparla entre mis brazos, ella lucha por liberarse pero lo único que logra es que ambos caigamos al suelo, y lamentablemente, la aplasto.
El ruido del motor de una motocicleta se hace presente, me levanto lo más rápido que puedo y ayudo a Pey. Observo a Alanís bajar de la motocicleta que acaba de detenerse, ella se ve entusiasmada al hablar con el tipo que la trajo, y si memoria no me falla es el mismo con él que la ví hace dos día cuando llegué.
»Deberías ir a bañarte.
Ella asiente y entra a la casa. Camino hasta estar cerca de mí hermana y ese sujeto, solo entonces noto los tatuajes que abundan desde su cuello y siguen por todo su brazo. Su cabello es blanco y sus ojos verdes miran a mí hermanita como si fuera su mayor trofeo.
—Te veo en la noche. Cuídate, Samuel —Alas besa su mejilla y enseguida Mr tatuajes arranca.
—¿Mamá sabe que sales con un chico que parece sacado de un barrio de mala muerte? —Gira los ojos.
—¿Mamá sabe qué tenías sexo en público con rosita fresita?
—Yo no tenía sexo con Peyton.
—Los vecinos dirán que sí—se ríe—. Y para tu información, en realidad no salgo con Samuel, solo es un asunto de venganza.
—No entiendo. Explicate.
—Resulta que Samuel es un mujeriego que cree que caeré en su juego, pero yo le demostraré que no todas somos tan ineptas para caer con unos ojos verdes y frases románticas.
Siento una punzada en el pecho y mí estómago se revuelve. El rostro de Olivia aparece en mí mente.
—¿Qué tal si no lo es? ¿Qué tal si es...?
—Detente. Él no es como tú, si es lo que quieres saber. Tú solo fuiste víctima de la mala lengua de Margareth que se encargó de hacerle creer a todos que eras un galán, sin embargo Samuel lo es, salió con cuatro chicas al mismo tiempo y lo sé porque yo lo ví, aunque eso él no lo sabe y no tiene porque saberlo —Se ríe.
—Esta bien, Alas, solo espero que no te vayas a enamorar.
—No lo haré. ¿Por qué sacaste las bicicletas?.
—Pensaba ir de paseo junto a Peyton para conocer la ciudad. Espero que no te moleste que ella use la tuya.
—Claro que no. De hecho yo también iré con ustedes, usaré la bici de mamá.
👄👄👄👄
Manejo en completo silencio, Alas y Pey van delante de mí mientras hablan de manera animada del concierto al que asistiremos gracias a mí querida hermana.
El clima es fresco, casi frío debido a que ya vamos a entrar a otoño. Llevamos dos horas pedaleando alrededor de toda la ciudad, Alas es quien se ha encargado de guiarnos en todo momento.
En este momento nos encontramos por el parque central de la ciudad. Los niños corren de un lado a otro mientras gritan con alegría.
Mis ojos escanean cada parte del lugar, y entonces veo su larga cabellera castaña con destellos dorados. Olivia se encuentra a poco metros de mí sentada en una banca. Va vestida con unos jeans, una camisa a cuadros y unos tenis. No hay ropa oscura, no hay botines ni mensajes ofensivos en su ropa, tampoco son faldas ni blusas coloridas. No está vestida ni como la Olivia rebelde ni la que creo su madre creo. Está Olivia se ve distinta, pero igual de hermosa.
Me distraigo por mirarla y en un segundo pierdo el control de la bicicleta y caigo el suelo. Mí corazón late acelerado por el susto pero se acelera aún más al escuchar su risa.
Vuelvo a mirar a Olivia, está me está viendo y tiene una mano cubriendo sus labios, tarta de reprimir su risa pero no lo logra y sigue riendo. Una sonrisa se forma de manera inevitable en mis labios al verla.
Olivia se levanta y comienza a caminar en mí dirección pero pocos metros después se detiene, su sonrisa se borra y comienza a caminar en dirección contraria a mí. Mí ceño se frunce y un segundo después me doy cuenta del porque de su reacción.
—¿Estás bien, Adam? —Peyton me ayuda a levantarme.
Alanís solo me mira con el semblante serio. Asiento en dirección en la pelirroja y por más que lo intente, no puedo evitar estar enojado con ella en este momento. Estuve a punto de hablar con Olivia después de años pero ella se arrepintió al ver a Peyton.
—No te preocupes—Trato de no sonar molesto mientras miro en la dirección por dónde va Olivia.
Al verla tan lejos el enojo comienza a hacerse presente. Levanto la bicicleta, me subo y comienzo a pedalear lejos de Peyton y mí hermana.
👄👄👄👄
—Buenas noches gente.
Los gritos eufóricos de los fans se hacen presente y tengo que cubrir mis oídos para no quedar sordo.
»Es un honor para nosotras presentarnos aquí. Supongo que cuando creamos Sempiterno jamás nos imaginamos que llegaríamos tan lejos.
Sigue hablando la rubia.
Veo a mí hermana saltar como loca mientras grita cuánto las ama, varias chicas hacen lo mismo.
Comienzo a arrepentirme de venir.
Miro el escenario donde se encuentran cuatro chicas, todos son distintas pero increíblemente bellas, parecen sacadas de revistas adolescentes. Una pelirroja se encuentra con la guitarra y el micrófono, una rubia con el bajo y es quien nos da el discurso de bienvenida. Una morena se encuentra en la batería y una castaña en el teclado. Todas sonríen y pronto comienzan a tocar.
Las chicas, y algunos chicos comienzan a gritar con más intensidad. El ritmo es suave y lento. La pelirroja se acerca al micrófono y comienza a cantar.
Todo comenzó con un beso
Solo basto el roce de nuestros labios
Y nuestra historia empezó
El recuerdo de aquella noche en el patio de los Harper's viene a mí mente, la misma noche cuando Olivia me besó por primera vez, cuando nuestra historia comenzó.
Por un error nuestra historia terminó
Pero pasan los años y yo te sigo amando
Sé que también me amas ¿Qué dices si lo intentamos de nuevo?
Bésame está noche y prometo que lucharé siempre por ti.
Comienzo a marearme con los recuerdos de Olivia. Cada maldita letra de la canción me la recuerda. Me recuerda que por más que lo intente aún la sigo queriendo, que por más que quiero no logro sentir algo por Peyton. Me recuerda que quiero estar a su lado.
Los gritos eufóricos vuelven a hacerse presente mientras comienzan su segunda canción. Está es un poco más movida que la anterior.
Dice que ya me has olvidado
Que nuestros recuerdos se fueron con los años
Pero en tus ojos veo que me sigues amando.
Tócame y dime que no sientes nada
Si tú corazón ya no se acelera
Tócame y dime si ya no me amas.
Y así de simple ya no puedo más, necesito salir de este lugar. Miro a Peyton y veo que ella está disfrutando de este lugar, además ¿Por qué quería llevarla a ella?.
Me alejo de ellas y salgo del lugar.
Olivia Harper
—Sophie, te amo pero necesito salir de este lugar, no soporto escuchar otra de estas canciones —La mencionada ni siquiera me escucha, está hipnotizada mirando a Andrew.
Giro los ojos y comienzo a moverme en el masa de personas que observan el concierto. Me detengo antes de salir por completo del concierto.
»Gracias Sempiterno por remover el pasado—Grito y aunque sé que ellas no lo saben, acaban de echarle sal a la herida.
Salgo del auditorio y saco mí teléfono de mí bolsillo. Marco el número de Steve y en el segundo tono contesta.
—¿Qué pasa, Livia?
—Te juro que intente distraerme pero el ver a Andrew comerle la boca a Sophie no ayuda—Lo escucho reír—. Estoy de ida para allá, seguro Ada me extraña.
—De hecho no, se ha quedado dormida en el pecho de su padre. No entiendo porque le gusta tanto dormir encima de mí. Como sea, puedes buscar diversión al estilo Livia, y juro que si apareces aquí antes de las once, me voy de aquí con Ada. Así que Livia, alivianate.
No me da tiempo a responder, cuelga la llamada. Giro los ojos y guardo mí teléfono. ¿Qué se supone qué haga ahora?.
Observo el panorama y un bar llama mí atención. Hace tiempo que no bebo algo, mejor dicho desde que me enteré que estaba embarazada. Steve se va a encargar esta noche de Ada, así que ¿Por qué no?.
Camino hasta el bar y al entrar noto que hay bastante gente. Todas las mesas están ocupadas, incluso los asientos de la barra, a excepción de uno.
Mientras me dirijo al lugar libre observo el pequeño escenario donde un chico canta junto a su guitarra una canción que no logro reconocer.
Me siento en el taburete y pido una cerveza al barman.
—Parece que el destino se empeña en unirnos —Me tenso al escucharlo.
Giro mí cabeza y veo a Adam sentado justo a mí lado.
—Parece que sí. Por cierto, lamento haberme reído por tu caída—El recuerdo vuelve a mí mente y sin querer vuelvo a reír—. Lo siento, en serio pero es que fue tan gracioso.
El chico de la barra me entrega mí cerveza.
Lo escucho reírse.
—Tranquila, me alegra ser el motivo de tu risa—Nos quedamos en silencio, solo nos observamos— ¿Aún me odias?.
—¿De qué hablas? —Le doy un trago a mí bebida.
—Si aún me odias por todo lo sucedido entre nosotros. Ese día en el restaurante ni siquiera pudiste sostenerme la mirada. ¿Tanto me detestas?
Estira su mano y acomoda un mechón de mí cabello detrás de mí oreja. Me permito disfrutar de su toque.
—Lamento mí comportamiento de hace años y el de ese día. No te odio, Adam, todo lo que dije fue al calor del momento. Nunca te he odiado.
Nos quedamos en silencio.
La música se detiene y el chico comienza a hablar.
—Es hora de ponerle un poco de romance al ambiente, así que agarra a esa chica especial que te ha robado el corazón y sacala a bailar.
Comienza a tocar la guitarra en una melodía un poco lenta, las personas comienzan a levantarse.
—Compruébalo —Suelta de pronto y lo miro.
—¿Qué?.
Le da un trago a su bebida.
—Comprueba que no me odias y baila conmigo —Me ofrece su mano.
La observo como si me estuviera ofreciendo el mundo, como si fuera todo. Pero solo es un baile, él está con ella y yo tengo a Steve y Ada. Solo será un baile y nada más.
Acepto su mano y caminamos hasta quedar en medio de la gente. Nos detenemos y me quedo quieta sin saber que hacer.
»Tócame, nada malo pasará.
Aún un poco dudosa coloco mis manos en sus hombros y el coloca las suyas en mí cintura. Muevo mis caderas al ritmo de la canción y mis pies llevan su ritmo.
Dame vida y dame aliento
Que yo ya perdí el conocimiento
Sólo quédate un momento
Hasta evaporarnos en el viento
Levanto mí cabeza para mirarlo y la distancia entre nosotros es poca. Mí pulso se acelera, y la letra de la canción no ayuda en nada.
Si tú quisieras esta noche
Ir a bailar un chachachá
Yo te puedo enamorar
La canción termina y trato de alejarme de él pero me sostiene de mí mano.
—Solo una más.
La siguiente música es alternativa.
Junto mí mano izquierda con la suya y la otra mantiene su posición.
Bésame
Junta tus labios con los míos otra vez
Que quiero amarte y decirte lo que sé
Pero no encuentro las palabras, bésame
Siento todo temblar dentro de mí, la canción solo me recuerda a nosotros. Seguimos moviéndonos al compás de la canción. Adam me da una vuelta algo exagerada y me pega a su cuerpo, su brazo crea una cárcel a mí cintura y debo admitir que me gusta.
Agacha su rostro para ponerlo a mí altura. Nuestras narices están juntas y nuestros alientos se vuelven uno solo debido a la cercanía.
Bésame
Junta tus labios con los míos otra vez
Que para enamorarte como lo hice ayer
Hay que empezar por acercarse, bésame
Sus labios rozan con los míos y siento todo temblar. Mis ojos se cristalizan.
—Deberías odiarme, soy una mala persona —susurro contra sus labios y las lágrimas comienzan a salir.
—No puedo odiarte, te quiero más que nunca y necesito de esto, de ti.
—Hice algo muy malo y debes odiarme—Junta sus labios con los míos. No presiona, solo los junta, un simple roce que me hace temblar.
Me alejo de él y noto su expresión de tristeza.
»Lo siento pero no puedo, tú estás con ella y yo tengo una vida muy distinta —Pienso en Ada y al ver a Adam mí corazón duele.
Salgo corriendo del lugar.