Ésas palabras aún estaban en mi mente, volví a la realidad del presente, mire a mi alrededor era conocido y a la vez no, tan distinto sin Hiroshi, once años de mi vida a su lado al fin.... había terminado o eso creía. El sonido de los zapatos mojados sobre la madera tatami no debería existir en mi casa. Mucho menos sin aviso. Mucho menos en mi sala privada. Pero existe. La lluvia lleva horas golpeando la ciudad como si intentara lavar su pecado. Osaka está empapada, gris, dócil en apariencia. Afuera, los neones parpadean con la misma paciencia enferma con la que los demonios observan desde los tejados. Mi kimono n***o es sencillo. Mangas ajustadas. Cintura firme. Nada de joyas. No necesito adornos para tener presencia. Lo aprendí con Hiroshi. Y también aprendí a usar el silencio como

