(Narrado por Ryu) Desde aquella noche, no logré volver a dormir igual. Su negativa no fue un golpe. Fue una maldita herida abierta que no dejaba de sangrar en silencio. Verla marcharse, erguida, orgullosa, tan cerca del fuego y sin quemarse... me dejó con las manos vacías y el pecho lleno de algo que no sabía si era deseo, rabia o ambas cosas mezcladas. Aiko. La mujer que debía odiar. La viuda de quien quiso matarme. Y, sin embargo, la única que lograba desarmarme con solo una mirada. Pasaron los días. Largos, inmóviles. Revisaba documentos, firmaba acuerdos, cerraba tratos. Todo en automático. Mi gente empezó a notarlo: la tensión bajo mi voz, los silencios largos, la forma en que mis ojos no estaban realmente ahí. Tenía que obligarme a olvidar. Pero su imagen aparecía cada vez q

