Vidrios rotos. Un cuerpo descendiendo desde el techo como una sombra vestida de n***o. Aiko reaccionó antes que yo: lanzó su cuchillo con precisión quirúrgica. Lo vi clavarse directo en la garganta del intruso antes de que sus pies tocaran el suelo. Sangre. Tos ahogada. Un golpe seco. El primer enemigo cayó. Pero no era el único. —Entrada norte —grité mientras corría hacia ella, interceptando a otro que emergía de la oscuridad. Mi cuchilla cortó en un ángulo ascendente, justo entre las costillas. El tipo apenas emitió un gruñido antes de desplomarse. Aiko rodó por el suelo, recuperó su arma, giró sobre su propio eje y enterró la hoja en la pierna de otro hombre que intentaba escapar. Lo vi tambalearse antes de que ella lo rematara con un golpe seco en el cuello. Elegante. Silenciosa.

