Camila No me detuve, aunque mi instinto me decía que lo hiciera, volcando toda mi atención a las grietas en el cemento de la vereda, sintiendo el hedor de una ventisca proveniente de la bahía, esta ciudad era mucho más helada y húmeda de lo que había imaginado. Dos metros, sólo eso faltaba para estar a salvo en el interior del edificio y pasar de una conversación que, sin duda, me dejaría en estado de shock. Cerré los ojos cuando la puerta del vehículo se abrió, dos pasos más y un suspiro de alivio escapó de mis labios al escuchar su voz. —Camila —me sonreía con ternura, pasando la mano por sus cabellos negros, vestía de manera informal, pantalón de gabardina beige y un sweater de lana café con cuello alto, parecía mucho más joven de lo que era. — ¿En qué lo puedo ayudar, doctor Ferrett

