Camila
Jeremy parecía salir de un sueño muy profundo, se estiró perezosamente, dejando una perfecta visión de un entusiasmo mañanero bajo su bóxer que, instintivamente, me hizo observar mi propia desnudez, porque estar en ropa interior, aunque fuese un modelo deportivo, no era mi idea de vestimenta frente al novio de mi mejor amiga y, rápidamente, busqué la orilla de la sábana para cubrirme.
—Ay, Cami —se dio la vuelta en la cama y hundió el rostro en sus manos— qué lástima que ahora reacciones así por mí.
— ¿Te acuerdas? —exclamé pensando en el modo de salir del dormitorio sin parecer una damisela en apuros.
—Afortunadamente —tragué saliva con dificultad.
¿Qué significaba eso? — ¿Ah? —mierda, esto no puede estar pasando, eso quiere decir que Jeremy y yo, que él y yo… ¿Que lo hicimos?
—Fue muy divertido —asomó un solo ojo y volvió a ocultarse— tenías calor y se te ocurrió sacarnos la ropa— negó con la cabeza y exclamó, con el ceño fruncido— eres como mi hermana, Cami, llevamos meses durmiendo juntos, jamás podría verte de esa manera.
—Pero…
—Quiero, no, necesito seguir durmiendo, si te antoja me acompañas.
—No pensé que fueses tan insoportable con resaca, tendrás que rogar por comida cuando despiertes —salí de la cama, luchando para que la sábana rodeara mi cuerpo, escuchando sus reclamos por dejarlo destapado— más vale que de esta mierda no se entere nadie.
—Igual es que quisiste besarme —rió en el momento que cerraba la puerta tras de mí, gruñí volviendo a abrir con furia.
—Ya te hubiese gustado, estúpido —grité antes de verlo sentado en la cama, con el pelo rubio revuelto y su hermosa sonrisa— si también te quiero, sigue durmiendo, voy a ducharme.
—Más tarde lo llamamos, ya verás cómo todo se soluciona —torció sus labios— haré todo lo que esté en mí para verlos juntos otra vez.
Asentí y esta vez sí tomé el camino a mi dormitorio, me extrañó sentir apenas un dolor de cabeza y suspiré sentándome a los pies de la cama, cerrando los ojos, me lancé de espaldas con los brazos extendidos, quizás la ducha pueda esperar, también necesito un poco más de sueño.
Su rostro aparece tras mis párpados, como es habitual, pero no quiero estar triste ni deprimida, tengo una esperanza tan grande de que todo volverá a la normalidad, necesito que así sea, necesito saber que él sigue siendo mío. Tengo una idea más objetiva formándose en mi mente, siempre está f*******: para dejarle un mensaje, dudo que se resista a leerlo y si sé cómo explicarle todo lo que me sucede, que estoy arrepentida de no ser totalmente abierta con él y esperar que lo sea conmigo, que entienda cómo me siento cada vez que sé de una nueva mentira, que, por favor, esta vez sea sincero cuando diga que confiará en mí. Y si no es bastante, viajaré a verlo, Jeremy puede acompañarme, él sabe dónde está su casa y la mejor manera de encontrarlo, pero esa ya sería una medida extrema, por ahora, sólo esperar que esa llamada sea suficiente.
Quizás deba escribir todo antes de llamar, ordenar mis ideas y así nada faltará, soy capaz de imaginarme sacando lápiz y papel, puedo verme escribiendo, pero mi cuerpo está lánguido y me convenzo que podré hacerlo en un rato más, en realidad, no soy capaz de abrir los ojos, como si alguna fuerza me empujase a dormir.
Miro al suelo, mis pies descalzos asoman la orilla de la sábana blanca y sonrío ¿Cómo pude pensar que algo había sucedido entre Jeremy y yo? Si mi cuerpo le pertenece a un solo hombre. Me siento liviana y giro sobre mí misma con alegría, como si estuviese bailando, estoy tan cerca ¿Cerca? Mis cejas se arrugan ¿De qué? De David, claro.
Siento un poco de frío y me doy cuenta que estoy sobre el césped húmedo, todo está mojado, levanto la vista lentamente, no conozco este lugar, es un jardín, tanto verde, el pasto, los arbustos, debería ser hermoso, pero está nublado, el sol apenas alumbra y esa fina llovizna que nunca se detiene.
¿Cómo llegué aquí? Me vuelvo a mirar atrás, rodeado de altos muros de piedra que brillan con el agua y una gran puerta de fierros forjados, con un intrincado de flores de metal; en el medio, en la parte superior, distingo la letra F, con hermosos arabescos en sus puntas.
Suspiro, esto me produce una profunda tristeza.
Distingo un camino de piedras de rio, voy hasta él lentamente, tengo miedo a caer y la superficie, lisa y rugosa a la vez, molesta a mis pies, pero debo seguir por aquí. Un gran jacarandá, tan majestuoso, pero solitario, me extraña ver sus flores moradas, no es época para ellas, sin embargo, sonrío, todo es posible en mi sueño ¿Estoy soñando? Puede ser, pero mejor no pensar en ello, debo ir hasta él… me necesita.
De pronto la angustia llena todo mi ser, esta tristeza tan grande, que sigue creciendo en mi pecho, duele, tanto que debo detenerme a respirar, pero sé que no puedo razonar, es urgente, debo ir, pero ¿Dónde?
Tras un muro de hiedras, aparece la casa, más bien una mansión, es enorme, admiro su belleza, antigua, ventanas de madera, con hermosos postigos, los muros son de un color gris, con manchas de musgo en algunas paredes, es de dos pisos, dos torreones a cada extremo dan una sensación algo tenebrosa.
Corro por la escalera central, de piedra arenisca, me detengo en la puerta de roble, con ventanitas de vidrio biselado y una aldaba en forma de garra de león, dudo si golpear y decido sólo empujar, sonriendo al ver que se abre para mí. Doy una mirada panorámica, el suelo es de mármol, pulidas lozas blancas y negras forman un tablero de ajedrez, los muebles son demasiado clásicos para mi gusto, pero absolutamente lustrosos, pulcro, todo está demasiado limpio.
Llanto, es como un murmullo lastimero, me acerco lentamente y tras una mesa de arrimo encuentro una mujer mayor, con su pelo perfectamente tomado en un moño, un pañuelo blanco envuelve su dedo índice, secando las lágrimas que no dejan de caer, levanta su rostro y veo los ojos enrojecidos, trata de hablar, pero no puede y entonces la angustia aparece otra vez, escuchando un grito de dolor que viene desde arriba.
Comienzo a correr nuevamente, hasta el fondo del hall, apenas siento los helados escalones en mis pies, sólo sé que debo alcanzar a llegar, que debo salvarlo, doblo hacia la derecha por el pasillo, hasta la última habitación, es un alivio no tener que luchar con la puerta y esta se abre a mi paso, pero la sábana se engancha al pasar junto a la cama y la dejo ahí, poco me importa mi desnudez en este momento.
No lo veo de inmediato, la bañera llena de agua teñida de rojo, tuve que razonar un segundo más de lo normal para darme cuenta que es sangre y el aliento se detiene en mi garganta al ver esos cabellos rubios que tantas veces enrosqué entre mis dedos, pero cortos otra vez, como al principio de todo. Me abalanzo sobre él, solo un pensamiento ocupa mi cerebro ¡Sálvalo! Porque aún nos queda mucho por vivir, muchos besos, muchos abrazos y gemidos, aún nos queda… aún somos… aún y por siempre te amaré.
Las lágrimas caen por mi rostro, impotente, porque es demasiado pesado para mí, cruzo mis brazos en su espalda y tiro, con fuerza, pero no logro moverlo ni un milímetro, “David” grita mi mente, pero el sonido no sale por mi boca, aun así no me dejo vencer, “David” vuelvo a gritar, una y otra vez, sintiendo que mis músculos se agarrotan por el esfuerzo, pero no me permito soltarlo, tengo que sacarlo de aquí, porque si no lo hago, moriré con él. “Cami” escucho en mi cabeza, como si recién me hubiese reconocido, lo miro y sus ojos están abiertos, lo que veo ahí me paraliza, dolor, decepción. Sus brazos me envuelven esta vez, provocando una luz de esperanza, que me hace perder el control y, cuando comprendo que en vez de salir, me está llevando con él, ya es tarde y sólo me dejo ir.
Sin dejar de mirarnos, el sufrimiento se multiplica, puedo sentir el agua entrando por mi nariz, destrozando mi tráquea y ocupando en mis pulmones el lugar que antes usaba el aire… Aire, necesito aire, para vivir, “sin ti no soy capaz de respirar”, pero necesito vivir… trato de tirar una vez más y mis dedos se desenlazan, sus brazos caen a los costados, inertes y me pongo de pie, llorando por el ardor del aire llenando mi pecho otra vez, porque comprendo que nunca hubo otro camino, nunca estuvo en mis manos salvarlo, menos si la perdición estaba en su interior, por más que quise cuidarlo, no pude protegerlo de sí mismo.
— ¿Cami? —apenas me detengo a pensar a quién pertenece esa voz, porque el esfuerzo para sentarme en busca del aire que mis pulmones no tienen, se ve frustrado por fuertes brazos que afirman mi torso y comienzo a toser, sintiendo el dolor en mi garganta rasposa y las lágrimas silenciosas cayendo por mis mejillas.
—Tranquila, hija, ya todo pasó — ¿Pablo? Como adivinando mis pensamientos, alguien limpia mis ojos y al fin puedo ver, papá es el que me abraza o me afirma, según cómo se defina esta situación y Miri está de pie, pareciendo muy ansiosa y preocupada.
—… —traté de decir algo, pero me fue imposible hablar, la molestia era demasiado intensa.
—No te esfuerces, el doctor dijo que te dolerá por unas horas y es mejor si no hablas —traté de expresar mi perplejidad a través de mis ojos.
—Estamos en el hospital, el médico opinó que pudo ser una reacción alérgica, Jeremy dice que estabas durmiendo y comenzaste a quejarte y toser, al principio pensó que era un sueño, pero… cuando te costaba respirar, solo te trajo aquí.
—Él fue por Anabel —agregó Miri— vuelve luego.
—Estarás unas horas aquí, hasta que estés completamente estable.
Me acomodé en la almohada y cerré los ojos, esperando que mi mente me dijera qué había sucedido y una imagen apareció en mi mente ¡David! Rápidamente estiré una mano indicando el reloj de Pablo.
—Son las nueve de la noche, hemos estado aquí cerca de cuatro horas, te dieron un sedante suave que te hizo dormir.
Todo mi cuerpo me decía que estaba olvidando algo, algo muy importante, pero no sabía qué, sólo estaba segura que tenía que ver con David. Recordaba fácilmente mi propósito de la mañana, de escribir lo que tenía que decirle, pero esto era distinto, esto era… de vida o muerte.
Sacudí la manga de Pablo y llevé mi mano al costado derecho de mi rostro, indicándole que necesitaba el teléfono, me miró extrañado y luego a Miri, entonces volví a zarandearlo, para que entendiera mi urgencia.
—Pero si no puedes hablar —susurró entregándome su BlackBerry, rápidamente busqué el número que necesitaba y se lo mostré, casi le grito, pero el dolor me hizo toser con fuerza y Miri me ayudó a beber un poco de agua— ¿Quieres que llame a David? —asentí— dudé en hacerlo más temprano, pero se iba a preocupar y… quizás no era necesario ¿Le digo lo que te pasó? —negué con vehemencia, sintiéndome tan impotente— no sé qué… —le quité el aparato y le di a marcar, poniéndolo en su oreja, suspiró, escuchando y lo apartó— me envía a buzón.
Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero rápidamente las sequé y me acurruqué de costado, sintiendo la mirada de Miri en mí, cerré los ojos.
— ¿Pasó algo? Hija, debes decirme si algo sucedió, o sea, Sophia me contó que el otro día sufriste una especie de colpaso y ahora esto… —rodé mi rostro hasta ocultarme en la almohada, no quería que me viera llorar, menos si no podía explicarle y, no solo por mi voz faltante, sino que además no entendía por qué esta repentina urgencia por él… necesitaba saber que estaba bien— iré por un café —exclamó resignado, pero sabía que escondía su enojo, esperé a escuchar la puerta para volver a ponerme de espaldas, sorprendiéndome al reparar en Miri, aún de pie y su mirada no era nada amigable.
—Sé que eres una niña bastante caprichosa e inmadura, al principio creí que me costaría acostumbrarme a ti, sobre todo con lo que le hiciste al pobre de mí Erik, pero Pablo te ama tanto, bueno, eres su hija, yo también amo a Ophelia a pesar de todo lo grano en el culo que pueda ser —bufó y tomó mi mano— podrás engañarlo y a Sophia también, pero a mí no, así que te dedicarás a asentir o negar según sea el caso ¿Está bien? —sus cejas se alzaron, amenazadoras y sentí un enorme deseo de mandarla a la mierda, pero algo me dijo que ella sólo trataba de ayudar, por lo que asentí— David y tú ¿Discutieron? —moví la cabeza de un lado a otro, tratando de decirle que no era exactamente eso— ¿Terminaron? —asentí— ¿Te engañó con otra o algo así? —fruncí el ceño y negué, la culpa era toda mía— ¿Tu lo engañaste? —esta vez negué con agilidad, nunca sería capaz de engañarlo… a no ser que dormir con Jeremy casi desnudos fuese considerado… no, yo no — ¿Un mal entendido? —asentí con duda y las lágrimas rodaron con fuerza esta vez, pero al sentir el sollozo involuntario subir por mi esófago, me preparé para sentir el dolor y me retorcí, aguantando un grito— tranquila, ya verás como todo tiene arreglo —pero ya no podía parar, porque en mi pecho sabía que lo había perdido.
Creo que me dormí, después de mucho sollozar y sentir las caricias en mi cabello.
David flotaba, en medio de un lago, pero el agua no estaba limpia sino que llena de plantas y su color era un verde oscuro, no me importó mojarme, caminé con dificultad, sorteando troncos y ramas, nunca lograba llegar y, al alzar la vista para comprobar cuánto faltaba, ya no estaba, él se había ido y sentí un dolor tan fuerte, que partía mi pecho en dos y por más que gritaba, el sonido nunca se escuchaba.
—Cami, tranquila —sentí su aroma familiar, el calor y la fuerza de sus brazos envolviéndome, y sollocé en su cuello por largo rato, sintiendo apenas un leve malestar.
—Jeremy —carraspeé— dime que está bien, dímelo.
—He tratado de llamarlo, pero su celular está apagado ¿Sucedió algo más?
—Es una angustia que tengo, ayer y hoy, sé que soñaba con él, pero no puedo recordarlo y sé, Jer, algo le pasa, algo muy malo… siento… es como si él quisiera… desaparecer.
—Ayer me asustaste tanto, realmente creí que te ibas a… —sollozó, acariciando mi pelo.
—No lo digas, pero ya no puedo más.
—Llamé a Emilie, le expliqué un poco, tampoco me has dicho mucho —soltó una gran cantidad de aire con fuerza— Tom quedó de llamar en cuanto supiera.
— ¿Anabel? Ayer fuiste a verla —sonrió, aunque trató de no parecer tan contento.
—Me aceptó de regreso —se alejó hasta solo tener mi mano entre las suyas— Pablo vendrá a buscarte, el doctor dijo que has estado estable, yo tuve que decirle que habíamos bebido.
—Bastante tengo ya —miré por la ventana, el día estaba nublado otra vez, traté de que mis respiraciones tuviesen el mismo ritmo de mis latidos, pero en realidad era una locura en mi interior, mis ojos comenzaban a aguarse nuevamente cuando una marcha militar comenzó a sonar y nuestros ojos se encontraron.
—Es Tom —me estiró el aparato con rapidez.
— ¿Aló? —susurré con mi voz aún áspera.
—Hermanita —dijo bajito y su risita habitual lo acompañó— seré rápido, debes saber que está la cagada, el papá de David tuvo un ataque y está en coma, mi papá me llamó histérico que necesita mi ayuda, porque Máximo está deshecho y renunció a todas sus funciones, lo mismo con Eva.
—Pero…
—Shh, déjame seguir… llamé a David el día once, tú sabes “ese día” y estaba… muy mal, me dijo que lo habías dejado, yo creí que era un exageración, quizás ya había bebido demasiado, pero…
—Es verdad —sollocé.
— ¡Mierda, Cami! ¿Por qué?
—Porque soy estúpida, no lo sé, dime más ¿Cómo está él? Estoy tan angustiada, Tom, tengo esta certeza, aquí en mi pecho.
—No sé bien, Mel está hecha una fiera, te estoy llamando a escondidas, ahora está hablando con Eva otra vez… ya tengo pasajes, llegaré mañana y te llamo en cuanto sepa algo —gimió, nunca lo había escuchado tan preocupado— esto es una mierda, Cami, no quiero, realmente no quiero molestarme contigo, pero necesito que me des una razón para todo esto… ¿Por qué? ¿Debía ser justo ahora? ¡Mierda! —escuché la voz de Mel, pero no le entendía bien, por lo que me sorprendió oír mi nombre en sus labios.
— ¿Cami?
—Sí —susurré con temor, su tono era duro, nada de la antigua Mel, esa cariñosa y bromista del principio.
— ¡Eres una puta! ¿Cómo pudiste hacerle eso a David? —tragó aire y debí decir algo en ese momento, pero mi voz se paralizó nuevamente— ¿Está Jeremy contigo? Dile a ese imbécil que no lo quiero ver en su puta vida, ni a ti, son un par de…
—Mel, tranquila —escuché la voz de Tom esta vez y yo sólo sollozaba, porque de alguna manera sabía de qué estaba hablando y, aunque nada había sucedido, sí tenía una culpa por eso, porque sí existió una posibilidad, si Jeremy no hubiese mantenido la cordura a pesar de todo lo que bebimos.
—Tranquila una mierda —gritó— Cami eres una puta, no tiene nombre lo que le hiciste, confié en ti, todos lo hicimos y te acuestas con el maldito de mi hermano ¿Te gustó? Dímelo… ¿Siquiera lo hace bien? Es un imbécil, falso, ya verás cuando Anabel…
— ¿Emilie? —Jeremy sonaba asustado, aunque ni sentí cómo sacaba el celular que presionaba con fuerza contra mi oído— ¿Qué es…? —respiré hondo para seguir llorando— me cortó —y su mirada era tan inocente.
—Traidor —murmuré y con mi vista nublada distinguí la confusión en su rostro— estaba implícito que era un secreto entre los dos y tu… si yo no se lo he dicho a nadie… tu…
—Yo no…
— ¿Qué ganas? Haciendo creer que lo hicimos, cuando no es verdad, por qué no lo hicimos ¿Cierto? O en eso también estás mintiendo —me alcé con toda la fuerza de la rabia que sentía en ese momento— eres un maldito mentiroso y tu hermana tiene razón, si por esto es que lo voy a perder, te odio, por el resto de mi vida…
—Pero es que es ridículo, de qué estás hablando, yo no le he dicho nada a nadie…
—Mentira, sólo tú podrías haberlo hecho, nadie más lo sabía, nadie… — chillaba, lloraba y odiaba— ojalá se lo diga a Anabel, aunque ya no me quiera más, pero no te la mereces.
—Bien —guardó el celular en su bolsillo y permaneció de pie unos minutos, mientras yo no paraba de llorar— cuando comprendas que soy inocente, espero que me llames y te disculpes —me enfrentó, con sus ojos fríos, pero el labio tembloroso lo acusaba— todas las cosas suceden por algo, espero que realmente esto tenga un buen motivo —dio media vuelta y salió, con la cabeza baja.
—Oh, Dios mío, por favor, dime que esto se acabará —susurré entre gemidos, con las manos presionando mis ojos— dime que David estará bien y que no estoy cometiendo un error con Jeremy, por favor, pero es que… ¿Quién más pudo haberlo dicho?
— ¿Hija? —me senté en la cama de hospital, abrazándolo fuertemente, sabía que él no era de muchos arrumacos, pero en este momento necesitaba sentir que algo seguía en su lugar.
—Papá, todo está tan mal —arrugaba su camisa entre mis dedos— déjame ir contigo, no quiero estar más aquí.
—El doctor vendrá ahora, no tiene por qué mantenerte por más tiempo —alejó mi rostro, tomándolo con sus grandes y delicadas manos— ¿Qué pasa? Dímelo, me estás asustando.
—Es David —murmuré mirando hacia abajo, las blancas sábanas.
— ¿Qué te hizo? —rugió con fuerza— lo mato, Cami, te juro que…
—No, papá, él no ha hecho nada, fui yo…
— ¿Qué? —se puso de pie con el ceño fruncido— ¿Por qué? Algo tiene que haber hecho, yo creí… siempre pensé… —parecía tan confundido y triste a la vez, que no pude evitar otro torrente de lágrimas, pero esta vez no recibí un abrazo, al abrir los ojos para comprender, vi ahí, de pie, tomados de la mano, Ignacia y Joaquín.
—No vendrá ¿Cierto? —la voz llorosa de mí ya no tan pequeño hermano me sorprendió— lo he llamado muchas veces y su celular está apagado ¿Por qué?
—Porque no la quiere —murmuró Ignacia, con desprecio— se libró de ti, eso es lo que pasa.
—No —grité sin poder parar de llorar— no es así…
—Niños, vayan con Miri, después hablaremos con calma —Pablo los empujó hacia la puerta abierta y se volvió lentamente.
—Quiero irme contigo, papá, quiero vivir en tu casa, por favor, déjame vivir contigo.
—Claro que sí, pequeña mía, si es lo que quieres —yo seguía sollozando mientras él trataba de secar mis lágrimas— pero no sigas sufriendo así, quizás sólo necesitan un tiempo.
—Es que lo que él piensa que yo hice, papá, él nunca me perdonaría algo así.
—Pero no lo hiciste, sólo es cosa de explicar, mira, tengo el número de su hermano aquí, llámalo o lo llamo yo —sacó su BlackBerry, buscó el número y de pronto me miró, dudando— ¿Qué… qué se supone que hiciste?
—No es cierto, nada pasó, pero él cree que Jeremy y yo… que algo sucedió.
— ¿Por qué habría de creer algo así? —tenía su dedo pulgar sobre el botón de marcar, pero no se decidía a hacerlo.
—No lo sé —no puedo decírselo— pero… sólo quiero saber si está bien… tengo mucho miedo de que él… que él se haya hecho daño —lo observé, rogando con mi mirada, que hiciera esa llamada, que no preguntara más y se decidió por fin.
— ¿Máximo? —dijo después de una corta espera, pero sólo escuchó atentamente, asintiendo de vez en cuando— si está aquí, pero no creo que pueda… está bien… sí, entiendo… bien, lo haré… no te preocupes… no… así será… claro… muchas gracias —suspiró y demoró unos segundos en mirarme— su papá tuvo un ataque y no tiene buen pronóstico, David está durmiendo, pero está bien, espera que cuando despierte o cuando esté mejor, se comunicará contigo, por ahora, es mejor dejarlo tranquilo.
— ¿Sólo eso? —asintió silenciosamente y caí en la cama, tapándome el rostro— entonces está bien, aún hay… esperanza.
—Quizás —carraspeó suavemente— no lo sé, pero ustedes… tal vez esta relación de ustedes… ya no sé si sea lo mejor para ti.
— ¿Papá? —ladeé el rostro, esperando comprender.
—Es sólo una idea, no sé, eres tan niña y… verte así, desde que se fue, hija, me has tenido tan preocupado, trato de no entrometerme, pero ahora… Camila, eres tan bonita y podrías tener al que quisieras ¿Por qué él?
—Voy a hacer como que no dijiste eso.
Esperar.
Esperé a que el médico me diera el alta, esperé a poder vestirme y esperé por mi receta de calmantes, porque el doctor dijo que estaba demasiado alterada. Continué esperando, en casa de Pablo, sentada en la cama de mi antigua habitación, que hasta ahora usaba Ophelia, pero, como consiguió trabajo en Port Ángeles, se marchó hace dos meses.
Seguí esperando a que Sophia llevara mis cosas, porque yo no quería correr ni siquiera el riesgo de encontrarme con Jeremy, no sin saber la verdad de boca de David primero. También esperé a que mi madre terminara de llorar, diciendo que me extrañaría demasiado, aunque yo sabía que esta era la posibilidad que estaba esperando para casarse con Mark, dos niños de casi diez años no eran tanto problema como una adolescente rebelde y depresiva.
No sé si fueron semanas, días u horas las que permanecí en esa cama, mirando por la ventana, comiendo lo que Miri lograba meter en mi boca, pero sin soltar mi nuevo celular, Pablo se había encargado de enviarle el número a Máximo, para que David lo supiera, aunque ya me estaba convenciendo de que no obtendría noticias de él.