3.2 Asumiendo

2226 Words
Camila Era de noche, de eso tenía seguridad y mis ojos se cerraban de forma involuntaria, pero mi corazón se aceleró automáticamente cuando tres pitidos seguidos salieron desde el aparato en mi mano, no era una llamada, quizás algún mensaje de la compañía y suspiré, viendo las letras en mi pantalla “You’ve got mail” una enorme esperanza comenzó a crecer en mi pecho, pero aun así dudé en abrirlo. “Para: Cami Fernández, De: Máximo Ferretti, Asunto: Asumiendo. Si desea leer el contenido presione Ok” Obedecí rápidamente y mis ojos se humedecieron con la sola idea de poder leer algo escrito por él: “Cami, soy David, mi celular está averiado y preferí usar el de Máximo para escribirte. No sé realmente por dónde empezar, tengo varias cosas en el tintero, quizás sería bueno decir primero que te pido disculpas si uso este medio para comunicarme, sé que no es la manera adecuada, pero es que necesito sacarlo de mí y si escucho tu voz o veo tu rostro, temo no tener la fuerza suficiente para resistir ese hechizo que estoy convencido usas en mí para distraerme. “He pensado mucho en estos días, desde que hablamos por última vez. Reconozco que al principio estuve demasiado alterado, furioso y asustado a la vez, que pensé e hice cosas de las que no me siento orgulloso. Pero en algún momento, tuve una revelación, algo que todo lo cambió y es lo que quiero tratar de explicarte. “Cuando tuve que regresar a Seattle, fue difícil dejarte, además de que tenía mucho miedo de con qué me iba a encontrar acá. Pero no fue tan malo como pensaba, papá parecía más comprensivo y estoy infinitamente agradecido contigo, Cami. "Mi vida, lo que soy, se divide en antes y después de ti, yo era nada, estaba lleno de dudas, inseguridades, dolores y temores. Tú me sanaste. Aprendí, o me enseñaste, a creer, a quererme a mí mismo, a aceptar cosas que creía defectos, como mis cicatrices, como mis “preferencias”. “En el instante en que dijiste que ya no querías verme, que no querías seguir siendo mi novia, yo creí que moriría, pero, para mi sorpresa, no fue así. Por ti, tengo una fuerza interna, con la que antes no contaba y, además, sé que supiste lo de mi padre, él no se recuperará bien, al menos es lo que Máximo cree y, por lo tanto, ya no es una amenaza, ya no puede hacerme daño ni hacerme sentir humillado nunca más. Lo dije entonces y lo digo ahora “Soy Libre”. “Te estarás preguntando entonces ¿Por qué no regreso? Y es que, no es que no te haya amado como dije, no es que te haya usado, Cami, creo que siempre pensaré que eres lo mejor que pudo pasarme, pero ya no, no ahora, mi vida está dando un giro desconocido y fascinante, el que quiero disfrutar plenamente y cuando me pongo a recordar, o sea, seamos sinceros, Cami, lo nuestro era intenso, pero ¿Quién quiere vivir discutiendo siempre? "Y, bueno, todos tenemos defectos, no puedes culparme siempre a mí, sé que me cuesta comunicarme, pero también recuerdo más de un par de veces en que quise hablarte y no me lo permitiste. Creo que siempre buscaste una excusa para que esto terminara, al final, lo que nos unía es esta extraña atracción, pero teniéndote lejos, no es tan difícil después de todo. Por todo lo que has insistido en buscarme, creo que lo está siendo para ti, pero, te afirmo, ya verás que lo logras, Cami. “Convéncete de que eres una chica hermosa, de que aparecerá, si es que no apareció ya, alguien que te merece, que mereces, alguien con menos cicatrices que yo y no hablo sólo de las físicas, tengo millones de ellas en mi alma y yo, bueno, encontraré una chica con la que no tenga que cambiar, porque traté de ser lo que necesitabas, pero al final, nunca me sentí cómodo. “Sé feliz, haz tu mejor intento por serlo, por favor, realmente mereces serlo, me sentiré más tranquilo, creyendo que harás tu mejor esfuerzo por superar esta situación. “De alguna manera, siempre te voy a amar, porque si no fuese por ti, yo no estaría aquí en este momento. Prométeme que tu vida será plena y prométeme que no llorarás. Siempre tuyo, David Ferretti.” Volví a leerlo, tratando, rogando porque esta vez fuese distinto o quizás uno de los horribles sueños que me habían rondado estos días. Pero, esto era la realidad y mi cuerpo, que respondía por inercia, sintiendo mis movimientos tan poco míos, necesitaba ser cuidado, para poder cumplir su promesa. El agua tibia se sentía tan bien, llevándose toda esa sensación de suciedad, recordando, inevitablemente, nuestras duchas mañaneras, esas en que reconocíamos nuestros cuerpos. —David —susurré cerrando los ojos ¿Qué será de mi vida ahora? Todo siempre se ha tratado de él, desde que despierto hasta en mis sueños, mi mente nunca ha estado cien por ciento en las cosas que hago, porque él está ahí, eternamente en mis pensamientos ¿Ahora? Aprender a vivir sin él ¿Cómo se hace eso? Cómo lograr que este dolor sólo ocupe una parte de mi corazón y dar paso a las cosas nuevas que pueda traerme la vida, todo eso que él me pide que busque, hasta que… No, no puedo permitir que haya un “hasta que” es imposible pensar que alguna vez volverá a ser mío, porque aunque trate de ponerme la venda en los ojos otra vez, siempre estará presente su correo, la verdad que siempre supe estaba ahí, pero de la que traté de escapar tantas veces, que en verdad él no me amaba lo suficiente, ni como yo necesitaba, que él siempre fingió. Pero que por este amor, que yo sí siento, debo salir adelante. ∞∞∞ Apago el cigarro en el cenicero sobre el tocador y me reprendo, porque tendré que volver a maquillar mis ojos, debería usar el rímel resistente al agua que Anabel me recomendó. Limpio las manchas negras con una toallita húmeda cuando mi celular comienza a sonar, dejo la música unos segundos, mi canción de cuna, porque nunca he querido dudar que David la compusiera para mí. —Hola —susurro. —Mi amor —su voz es alegre y sonrío casi por inercia— ¿Estás bien? —Sí, sólo me estoy maquillando. — ¿Tan tarde? Vas a llegar atrasada en tu primer día —mis ojos ruedan sobre sí mismos y niego con la cabeza, cada vez estoy más segura de haberme venido tan lejos, necesitaba un descanso de su control. —Tengo casi una hora aún. —Pero estás a pie, como nunca has podido aprender a conducir —bufo en mi mente, es difícil si tu instructor es tu novio y grita como un animal cuando ve que no me abrocho el cinturón de seguridad. —El departamento está a cinco minutos caminando del hospital, tengo todo calculado. — ¿Qué te pusiste? Recuerda que debes parecer profesional. —Un vestido, tacones y un abrigo encima —enumeré, sin dar mayores detalles. — ¿Se te pega al cuerpo? Si Anabel lo eligió, seguro que así es, con lo gorda que estás, debes parecer saludable y no pases frío, te enfermas tan fácil, claro, si te alimentaras mejor —termino con las pestañas, antes de que mis manos tiemblen demasiado y me observo con detención, los huesos de mis caderas alcanzan a sobresalir por el tejido, pero ese pequeño vientre abultado que él siempre me recuerda, tiene razón y en mi mente comienzo a repasar el resto de mi vestuario, aunque nada me convence. —De todos modos tendré el delantal puesto ¿Me llamas más tarde? —Claro, suerte, mi amor, avísame cómo te va yendo y recuerda llevar la foto que te di, esa en que salimos juntos, ponla en tu casillero, no se vayan a creer que porque te ven sola es que estás desprotegida. —No se me había olvidado —susurré conteniendo las lágrimas, a la mierda mis sueños de libertad— adiós. Me derrumbé sobre la cama y cuando creí que los sollozos aparecerían, el celular nuevamente con mi hermosa melodía, gemí, aunque ignorarlo podía salirme más caro, pero al ver la pantalla sonreí. —Anabel —exclamé riendo. —Amiiigaaa, qué feliz me siento por ti, al fin vas a poder demostrar de lo que eres capaz. —Gracias, necesitaba tu apoyo en este momento —su gruñido me sorprendió. — ¿Qué te dijo? Es tan… aargh, me hace sentir tan impotente, pero bueno, es tu novio, tú sabrás. — ¿Estás segura que este vestido es el adecuado? —aventuré. —Ideal, ya verás que será genial, Cami, eres tan hermosa, bueno, si subieses unos kilitos sería mejor, pero no lo escuches, solo hablan sus celos. —Voy a creerte, sólo porque me miro al espejo y me siento tan bien conmigo misma. —Suerte, Cami, llámame para contarme cómo fue —escuché el llanto de un bebé tras su silencio— el pequeño Robert quiere su biberón. — ¿Y Edward? —exclamé con alegría en mi voz. —Jeremy se lo llevó al colegio, te extraña tanto, todos te extrañamos, pero estamos felices por ti. —Gracias, Ani, me haces sentir mucho más segura. —Ve, con fuerza, derrótalos —exclamó antes de que el llanto de bebé fuese más fuerte que su voz y sólo colgara. Suspiré, apartando todos esos estúpidos pensamientos de mi mente, soy una mujer capaz, que he sacado una difícil carrera adelante y esta residencia es un gran logro, algo por lo que peleé con otros incluso más aptos, pero la gané, porque soy buena en lo que hago, porque tengo pasión, como dijo Mary, la doctora que me entrevistó y que será mi jefa desde ahora. Terminé de arreglarme, de juntar lo necesario en un bolso de gran tamaño y salí en dirección a mi nuevo desafío. El hospital se especializaba en niños, dándoles todo lo que podían necesitar en el proceso de sus enfermedades, ayudaba a los padres, con charlas sobre el manejo de la dolencia y también en talleres con psicólogos por lo que todo esto significaba para sus vidas, una de las cosas que me gustaba de aquí, era que siempre se estimulaba la participación de la familia, un ambiente grato hacía tratamientos gratos y, por ende, con mejores resultados y, el otro motivo, el incentivo a la investigación. Fui directo hasta la pequeña sala de residentes, teníamos nuestras duchas, casilleros personales, una mesa y sillas para tomar un café y compartir si era necesario, además de dos habitaciones con cómodas camas para descansar en los turnos largos, si es que era posible. La había conocido el día anterior, cuando Mary me presentó al equipo de oncología, lo cual había sido muy agradable, sobre todo la jefa de enfermeras, Kathy era su nombre, ella era tan cálida, creo que si quisiera llevarme al mismísimo infierno, la seguiría, sólo por su candidez. No me sorprendió encontrarla en el pasillo, recibiendo su abrazo apretado. —Mucha suerte, hoy tendrás reunión con los jefes, pero no estarás sola, hay otros residentes en tu situación, así que tranquila, llegas temprano en todo caso. —Gracias, Kathy, nos veremos más tarde —dejé el bolso sobre la silla más cercana y saqué la llave del casillero que aún no tenía mi nombre, tomé la foto que él me hizo prometer pondría en un lugar visible y traté de abrir el pequeño candado, pero este se resistía, gruñí con fuerza, sobresaltándome al sentirlo saltar, reventado, al mismo tiempo que el retrato caía de mis manos y, en mi intento de agacharme de forma grácil, la punta del zapato lo empujó bajo el armatoste de casilleros. Estiré la mano, tratando de alcanzarlo, estaba a dos centímetros de lograrlo cuando unos pasos y un carraspeo me interrumpieron. —Me ayudas —exclamé, con la voz distorsionada por el esfuerzo— mi novio me mata si algo le sucede a su foto —dije más como una broma interna. —Mmmh, cuidado —me levanté con cierta dificultad mientras él corría el armatoste lentamente— lo veo —apenas podía distinguir sus zapatos de un n***o tan brillante que podría verme en ellos y, evidentemente los calcetines de hilo a juego con el pantalón que cubría la única pierna asomada. —Puedo hacerlo, no dañes tu traje —exclamé terminando de apartarme. — ¡Lo tengo! —casi gritó, saliendo rápidamente. Mi corazón se detuvo al ver esos rizos rubios, tan parecidos a… pero era ridículo creer que… y sólo quería que levantara el rostro, pero parecía estupefacto en la foto de mi novio… mi foto, y se alzó hacia mí, tan diferente, pero tan familiar, desencajado por la sorpresa que debía tener el mío, su boca semi abierta a punto de pronunciar algo, sus dedos largos tomando el retrato, el pulgar presionando el vidrio roto con tanta fuerza que la sangre rodeaba su yema, sus ojos como oceanos, llenos de confusas sensaciones y mi mente gritó lo que mi boca no podía pronunciar “David”.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD