Camila Lo observé con toda la devoción que sentía por él. — Quiero que hagamos el amor en nuestra cama, o sea, sí me gusta el sexo rudo y los juegos —y no pude evitar ruborizarme— pero también soy una chica y necesito el romance y la ternura —apoyé mi mejilla en su pecho, tan deliciosamente fornido— antes lo eras, sé que también puedes serlo ahora. —Claro que sí, amor, pero puedo serlo aquí y en cualquier parte. —Por favor —puse mi mejor expresión compungida al observarlo y su sonrisa me hizo saber que lo había conseguido. —Está bien, lo que tú quieras, pero… —puso el dedo índice en la punta de mi nariz— necesito una explicación más convincente que esa. —Me gusta este lugar, no es eso, pero hemos vivido tantas cosas hermosas hasta ahora en casa, siento que ese es nuestro hogar, apues

