–¿Cómo?
Sebastian creyó haber oído mal. Afortunadamente una luz roja se atravesó y pudo detenerse.
Andrea ni siquiera se inmutó, más bien pareció divertirse con su repentina reacción.
–Era solo una pregunta. Si hay algo que tengo claro es que ningún hombre gasta tiempo, dinero o se toma tantas molestias por una chica que no le interesa. –no le importó ser tan directa– Lo más confuso aquí es que tu ya sabes que soy mucho mayor que tú y aún así estás aquí.
No esperaba un planteamiento tan directo y frío. Aquello fue inesperado, pero le terminó por emocionar aún más saber que Andy no era una chiquilla bobalicona. Era una mujer que sabía perfectamente cómo tomar al toro por las astas.
–Me atrapaste –ironizó– ha sido el carísimo traje.
–No, eso es mentira. Con o sin traje de todas formas planeabas venir ¿No es así? –no le quedó más que largar un suspiro aceptándolo– Sebastian, yo hasta podría ser tu hermana mayor. Me alegra que hayas decidido venir y me sorprende la capacidad de compromiso que tienes pese a tu corta edad, pero no creas que por eso vamos a terminar la noche en un hotel.
–¿Ah no? –fingió poner una cara de desilusión, aunque en el fondo ni siquiera se sentía ofendido. Puso el auto en marcha de nuevo– ¡Qué pena! aunque… eso no era lo que exactamente buscaba.
–¿Vas a decir qué quieres tomarte tu tiempo para conocerme? –se rió–
–En realidad si.
Andy no volvió a decir nada más, quizá lo estaba analizando en silencio y tomando una decisión. Esperaba no ser echado de su vida, porque aún no le había dado la oportunidad de ganarse su afecto.
La música noventera llegó hasta sus oídos cuando se encontraron con el lugar del evento. Habían varios autos estacionados fuera y algunas mujeres cuchicheando en la puerta, usando vestidos elegantes.
Sebastian no pudo soportarlo y tomó una resolución rápida que creía le aseguraría el éxito. Seguir el consejo de su amigo Diego.
Le ofreció el brazo a Andrea en cuanto le abrió la puerta y fue muy galante desde el punto de partida. Ella empezó a sonreír cuál si fuera una princesa de cuento con un final feliz.
–Hay muchas mujeres vestidas de gala aquí, pero ninguna equipara tu belleza.
Le susurró al oído una vez que pusieron un pie en el salón central. La cercanía de ambos y la disimulada risotada de ella ocasionó que fueran el blanco de todas las miradas.
Andrea disimuló muy bien y fue directo a la mesa que tenía su nombre. Allí se hallaban otras dos chicas más, al parecer eran hermanas porque gozaban de un parentesco evidente. Una llevaba un vestido gris y la otra blanco. Ambas la saludaron y observaron indiscretas a Sebastian.
–¡Andrea! ¿De verdad eres tú? –cuestionó la del vestido más claro una vez que Sebastian la ayudó a acomodarse en su sitio– Es increíble ¿Cuántos reencuentros de la universidad hemos tenido? Como seis o siete… y tú no asististe ninguno.
–Ahora veo por qué… –interrumpió la de vestido gris, mirando pícara y hasta coqueta al nuevo acompañante de Andy– Estabas muy ocupada…
–Buenas noches. –tomó por fin la palabra– Amanda, Samantha… Les presento a Sebastian. Sebastian, –lo miró– ellas son mis ex compañeras de la carrera.
Ambas estrecharon la mano del mencionado una por una. Luego miraron alrededor y parecieron decididas a encender la llama del horror..
–Todos pensábamos que aún seguías con Ayden. Siempre fueron tan unidos, creí que iban a terminar casados…
La punzada que Andrea sintió en el corazón fue casi tan intempestiva como la consternación de Sebastian.
–Debe ser por eso que lo vimos llegar sin acompañante, estaba con el grupo de chicos nerds al que solía pertenecer.
Bien, ya había aceptado que su expareja estaría ahí. Que su presencia apareciera temprano no la tomó por sorpresa, sin embargo no pudo evitar sentirse ansiosa e incómoda. La última vez que lo vio estaba con esa otra chica de cuerpo perfecto.
–¿Estás bien?
El impensado susurro de Sebastian sobre su oreja terminó de ponerla con la espalda recta. Disimuló muy bien fingiendo que se acomodaba el vestido.
–Si, solo… me distraje un poco.
Era la segunda vez que él notaba una especie de ambiente perturbador tras la extraña mención del pasado de Andy. La mesa terminó de llenarse cuando un grupo de muchachos ocupó las sillas restantes y algunos permanecieron de pie para comprobar lo que seguramente ya se decía: “Andrea había asistido y no estaba sola”
–¿Andrea? –dijo un tipo alto y musculoso que luchaba por cubrir la falta de pelo la parte delantera de su cabeza–
–Wilson –saludó ella con una sonrisa lejana– que gusto volver a verte.
–¡Eso lo debería decir yo! ¡Mira nada más cómo has cambiado! Los años fuera de la universidad te han sentado bien…
–¡Estás bellísima! –otro de ellos, más bajo y algo gordinflón se atrevió a ser más franco–
Sebastían no quiso meterse, pero hizo algo que delimitaría su presencia ahí. Tomó su mano por encima de la mesa y entrelazó sus dedos, sin acaparar el centro de atención o hacer que ella dejara de brillar entre tantos halagos.
De repente el carácter dócil y nervioso del inicio fue desapareciendo. Una empoderada y más segura Andrea fue apareciendo a medida que más chicos se acercaban y elogiaban su presencia.
–Qué bella estás Andy. –repitió el calvo– Por lo que veo alguien ya se nos adelantó –miró a Sebastian y este le devolvió el gesto con esos potentes ojos verdes– Solias ser muy tímida y despistada, siempre bajo el brazo de Ayden.
Nuevamente ese nombre, pensó Sebastian.
–Lo era, –respondió con perspicacia y esa sonrisa pícara que ayudaba enarcando una ceja– además, Ayden y yo terminamos hace mucho tiempo. Sebastian es mi acompañante esta noche.
Uno de los tipos más altos y de mejor porte se cruzó de brazos, estudiándolo con atención.
–Sebastián ¿No? –todos callaron para presenciar la interacción– ¿Nos hemos visto en algún lado? ¿Eres egresado de otra universidad cercana?
Allí venía lo peor. Decirles a todos que Sebastian aún era estudiante y que apenas tenía veintitrés.
Nunca pensó que su aparición desatara tantos buenos comentarios, ahora tendría que pinchar ese globo y ser el blanco de las burlas por salir con un menor.
–Aún no soy egresado, pero estoy a punto. –todos miraron absortos–
–¿Eres menor que Andrea?
La mofa en su voz empezaba a ser palpable. Sebastian sonrió tratando de aparentar que no le había molestado. Decidió sacar el arsenal de mentiras que Diego y él habían preparado días antes.
–¿Cuantos años tienes eh?
Volvió a preguntar y él sonrió con suficiencia.
–Harry ¿Es mi idea o te estás burlando de Sebastian? –la cuestión molesta de Andy quedó en el aire, puesto que la respuesta que vino del mencionado la dejó a perpleja–
–Tengo veintisiete. Y sí, soy menor que Andrea por unos años, pero no son tantos ¿O si? Dejé la universidad a los veinticuatro para formar mi propio negocio, me alejé de los estudios y decidí volver después de tener mejor constituida mi empresa. Es por eso que apenas voy a graduarme…
Sintió la patada suave de la chica bajo la mesa, sin embargo eso no lo detuvo a continuar con el teatro.
–Quizá nos hemos visto por ahí, pero es extraño, porque yo siempre recuerdo a la gente importante.
Más de uno se aguantó la risa ante tal desplante disfrazado de respuesta inocente.
–¿Ah sí? ¿Y a qué se dedica tu empresa?
–Tranquilo, en un momento te pasaré mi tarjeta.
Contestación que ocasionó muchas más carcajadas entre los presentes.
Andy no sabía cómo sentirse. Por un lado estaba contenta de que pusiera al imbécil de Harry en su lugar (quien siempre había buscado humillarla a toda costa) y de que no hubiera permitido que la diferencia de edad le malograra la noche. Pero por otro, sabía que mentir estaba mal y una falsedad era como arena movediza, entre más te querías salir de ella, más te hundías.
–Qué lindo eres Sebatian…. –musitó una de las mellizas y Andy se aferró más a su mano para evitar acercamientos–
–Mira nada más… Nuestro patito feo se ha convertido en un cisne. ¿Eres tu cenicienta?
Sebastian iba a reaccionar directo y sin miramientos a la nada sutil pregunta de Harry. Pero entonces una figura nueva que dejó tiesa a Andy lo detuvo.
–¿Andy?
Todos se abrieron paso y de repente los pasos de Ayden, su ex, se aproximaron a ella.