Lysander sintió un tirón en el pecho, una necesidad irracional, como un instinto primario que le exigía moverse, hacer algo. Su mano se cerró alrededor de la manija de la puerta del auto. Iba a salir. Iba a ir tras ella. Pero justo cuando estaba a punto de hacerlo, el semáforo cambió a verde. El taxi arrancó y, con él, Mina se desvaneció en la distancia. Lysander maldijo entre dientes y golpeó el apoyabrazos con frustración. Por primera vez en mucho tiempo, sintió que no tenía el control. Y lo odiaba. Cuando Mina llegó a la casa de modas, ella bajó con una seguridad que no poseía, pero la mostraba a pesar de su carencia. —Mina, espera un momento —Lysander gritó al verla caminar en dirección a la bodega —necesito hablar contigo. —Si es referente al trabajo, lo escucho. Sí, por el co

