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1717 Words

Lysander la observó con atención. Sabía que Mina estaba herida, que la rabia y la decepción latían bajo su piel con una intensidad abrumadora. Sin embargo, ella se mantenía firme, estoica, como si nada la hubiera tocado. —No, no me voy a arrepentir —dijo él con voz grave, sin darle oportunidad de replicar—. Así que vamos, hay muchas cosas que debemos hacer para tu desfile. Giró sobre sus talones y se marchó, dejándola allí, sola en el centro de la habitación. El silencio fue un golpe más duro que cualquier palabra. Mina sintió la humillación, aferrarse a su garganta, un nudo apretado y ardiente que amenazaba con quebrarla. Una lágrima rodó por su mejilla, pero la secó de inmediato con el dorso de la mano. —No. No vas a llorar, Mina —susurró para sí misma, su voz apenas un hilo de acero—

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