Tragué saliva, no entendía por qué esto me ponía más nerviosa de lo que podía pensar. —Soy Mina. Tu hija. Aunque nunca llegamos a cruzarnos más allá de los hilos invisibles del apellido que heredé y del silencio que dejaste. Me agaché, y apoyé la palma sobre el mármol frío. —Vengo a decirte que… sobreviví. Y que estoy bien. A pesar de todo. Y que estoy a punto de casarme. Con un hombre que me ve incluso cuando intento esconderme. Con alguien que no me salvó… pero caminó conmigo mientras yo aprendía a hacerlo sola. El aire olía a tierra mojada. —También quiero decirte que no te odio. Ni por irte, ni por haber amado a quien no te amó. No soy producto de tu error. Soy producto de lo que decidiste proteger. De lo que no te dejaste quitar. Cerré los ojos. —Gracias por dejar algo para mí,

