Mina se puso un tanto nerviosa ante la mirada inquisitiva de Lysander, sus manos comenzaron a retorcerse y la servilleta que sostenía la dejó vuelta girones. “¿Por qué te has servido tan poco?” preguntó Lysander, arqueando una ceja con curiosidad. “Vamos, no tienes que ser modesta. Puedes comer más si así lo deseas.” “Esto es más que suficiente”, respondió ella, cruzando los brazos. “El hecho de que sea gorda no significa que me como cerros de comida. Inclusive te puedo decir que mi cuerpo es así por cuestión de genética. He hecho miles de dietas y hago mucho ejercicio, pero, pese a todo eso, no bajo ni un solo gramo.” “¿Ya has probado ir al médico?” preguntó él con tono neutro, aunque su mirada revelaba interés. “¿Con qué dinero?” Ella soltó una risa amarga. “Antes pagaba las cuentas

