Mina pensó por un momento que quizás no iba a poder reaccionar ante el beso de Lysander, y aunque al inicio se puso tímida, luego su cuerpo parecía moverse con una autonomía increíble. Ella abrió sus piernas y las puso a cada lado de Lysander, con sus manos que estaban frías, tomó el rostro de su jefe y lo besó. Sus labios bajaron por el cuello de aquel sujeto que lanzaba gemidos llenos de satisfacción que solamente lograban calentar más a aquella mujer que pasó a ser una antorcha ardiente. —Vamos al cuarto —Lysander tomó a Mina del trasero y la alzó sin dificultad alguna —. Ahí estaremos más cómodos. Ellos se fueron a la habitación, él la colocó con mucho cuidado en la cama y poco a poco comenzó a desvestirla. La ropa que se encontraba en pedazos pudo facilitar la tarea. Pronto aquel

