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1373 Words

El pasillo era un caos, pero mi mente lo cruzaba como si caminara bajo el agua. Todo sonaba lejano, como si las voces estuvieran cubiertas por una capa espesa de niebla. Me abrí paso entre los cuerpos. Nadie me detuvo. Nadie me vio, siquiera. Todos estaban ocupados intentando salvar a una mujer que durante tanto tiempo consideré mi enemiga. Cuando crucé el umbral de la habitación, lo supe. No fue por la línea recta en el monitor. Ni por los intentos fallidos de reanimarla. Fue por el silencio. Ese que queda cuando el alma se va. Mis pies me llevaron hasta la cama casi sin pensar. Los médicos se apartaron, sabiendo que ya no había nada más que hacer. —Déjennos solas… por favor. No supe ni cómo salió mi voz. Pero me obedecieron. Me acerqué a ella. Sus ojos estaban cerrados. La piel, p

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