Un breve silencio siguió a sus palabras, pero sabía que Lysander la había oído. El sonido de su respiración se mezclaba con el eco de su propia voz, y, aunque no podía verlo, sentía su presencia omnipresente. “Odioso”, susurró entre dientes, sintiendo cómo ese odio se arraigaba más profundo en su corazón. Volvió a sentarse, pero la tensión no se disipaba. Estaba atrapada bajo la mirada de un hombre que parecía disfrutar de su poder absoluto sobre ella, y ese pensamiento solo la impulsaba a querer luchar más. Pero, por ahora, sabía que no tenía más remedio que jugar su juego… por lo menos hasta encontrar la forma de escapar. Lysander se levantó de aquella silla ejecutiva, acomodó su saco y caminó en dirección a la salida. Al llegar al parqueo, un nuevo coche lo esperaba. “Lysander Sterl

