Y entonces, su cuerpo colapsó hacia adelante. El doctor reaccionó de inmediato, sujetándola del brazo, mientras Lysander la tomaba por la espalda. —¡Necesito ayuda aquí! —gritó el médico, y en segundos una enfermera irrumpió en el consultorio. Mina estaba consciente, pero desorientada. El sudor frío le recorría la frente y sus labios comenzaban a palidecer. —Mina, respira conmigo —dijo Lysander, apoyando su frente contra la de ella, con el pulso acelerado. —No me dejes —murmuró ella apenas. —Jamás. La trasladaron a observación de inmediato. El monitor mostraba un ritmo cardíaco acelerado. Su respiración se estabilizaba poco a poco gracias a la medicación, pero su cuerpo temblaba como si intentara sacudirse toda la tensión de los últimos días. En la sala contigua, Lysander apretaba l

