Año 726 de la Nueva Lerquetion. Gloriosa majestad desciende en ocaso, hace sombra las piedras del emporio a los estados, entregada a la tropelía del mezquino. Como grifos tomaron tierra, examinaron las vergüenzas del suburbio estremecido, escudriñaron cada contorno del coto enmohecido. Sirenas en coros adormecidos, cantaron las mañanas ignorando la oquedad del otoño vespertino. Flotaron las aves el plano agreste, como sabias volaron al oeste. Templo obsoleto a las virtudes del ascetismo, pusieron tretas de estacada alrededor del renegrido promontorio. Entrada una calle empinada, esperaba la víctima sentada, silencio de monstruo, otorga a los bellacos el fajo mocoso. Pintadas de arte urbano, paredes de cemento son de eximio museo. De institutriz perenne a las fosas alabadas en mamadas or

