03
Bienvenida a casa.
☆☆☆
Espíritu santo... es ella... es mi hermana.
Fue lo primero que pensó Danna cuando Kudrent alzó su rostro.
Las preguntas se esfumaron, el miedo se escondió, la angustia se minimizó. Las ganas de abrazarla venció, y ella no lo dudó ni por un micro segundo ir a abrazarla. Lo hizo, extendió sus brazos, y Kudrent se dejó querer.
Allí estaban las dos. Juntas, abrazadas, llorando como dos niñas al pie de la cama. Los agarrés cada vez eran más fuertes como si ninguna quisiese soltarse después de haberse reecontrado, y es que no fueron dos días, si no 14 años para tal esperado encuentro.
Danna se separó entre lágrimas, tomando de las manos a su hermana que ya estaba llorando.
Se rieron como dos tontas, volviendo a unirse en otro abrazo, más intenso, calmado, más emotivo que el anterior. Era uno de esos abrazos que te llenaba el alma, que te robaba el aliento y reconfortaba el espíritu. En esta vida se debería de abrazar más y llorar menos, de seguro, que eso valdría más que mil palabrerías.
Otra vez se distanciaron unos cuantos centímetros una de la otra, secándose las lagrimas. La mirada de Danna cayó nuevamente en las vendas de sus muñecas. Kudrent pareció notarlo y agachó la cabeza.
—No, esta bien, yo te quiero con tú cicatriz—musitó tomando su mano, acariciando su muñeca del brazo derecho. Las lágrimas fueron inevitables para Kudrent que la vergüenza se le había extendido por todo el rostro.
—¡Lo siento!—sollozo. Danna la abrazó. Ahora sus brazos eran más largos para atraparla entre su pecho. Ese instinto protector se había activado nuevamente, sintiéndose como cuando tenía nueve y ella cuatro. Y más en estos momentos de vulnerabilidad.
—Tranquila, todo va a estar bien a partir de este momento—la ánimo llevándola a la cama. El optimismo era una de sus virtudes.
Kudrent se sentó en la cama. Danna en una silla que estaba al lado.
—¿Como estas?—preguntó, llevándose un mechón de pelo a la oreja.
—Bien—respondió con timidez su hermana menor.
—¿Cuantos días llevas aquí?
Kudrent se mordió el interior de la mejilla.
—Bueno... unos 5 días.
—¿Tanto?
Asintió...
—¿Por qué?
—Necesitaban localizar a un familiar.
Danna soltó un silbido.
—¿Y mamá, donde esta mamá? ¿por qué no esta contigo?
Los ojos de Kudrent se humedecieron dejandolos en un azul más claro de lo normal. Al ver su expresión supo que algo le había pasado a su madre.
—Ella...—inspiró hondo—. Ella murió hace un año.
Un mohin en sus labios fue el disimulo para Danna, y así no llorar. No lo iba a ser... Kudrent no necesitaba tristeza, necesitaba optimismo, alegría, ganas de vivir. Sin embargo, tuvo que inspirar muchas veces hondo para recobrar el aliento que había perdido por la noticia. La última vez que vió a su madre fue impactada con un puño a otro extremo del suelo por su padre.
A partir de ahí, nunca más se enteró de su paradero.
Agachó la cabeza mirando sus manos que jugaban en su regazo cuando estaba nerviosa, esa manía la tenía desde chiquita y aun de adulta no lograba quitársela.
—Esta bien, puedes llorar—la voz de Kudrent la sacó de su ensimismamiento. Alzó la cabeza para encontrarse con los ojos tiernos de su hermana—. Si quieres llorar, puedes hacerlo. No tienes que cohibirte por mí.
Danna sintió como múltiples golpes en su pulmón le cortaba la respiración. En verdad quería llorar la muerte de su madre.
—Ya yo lloré la muerte de mi madre.
Suspiró llevando su mirada al techo.
—Mi padre murió también. Hace tres años.
Kudrent la escuchó con atención, luego, hubo silencio, uno bastante extraño el cual Danna no supo descifrar.
No había rastro de alguna lágrima, solo un rostro sombrío ante la noticia de un padre muerto, de un padre que Danna amó con todo su corazón.
—Oh.
—¿Oh?
—Es todo lo que puedo decir de papá—dijo renuente. Bajando la mirada hacia su regazo.
Algo aturdida, Danna analizó por unos segundo a su hermana. Obviamente, su respuesta era sinónimo de una gran molestia hacia papá, y no era para menos, él se fue de la casa y nunca más la volvió a ver.
Arrugó las cejas, tenía tantas preguntas por hacerle a Kudrent que no sabía por dónde comenzar.
—Kudrent... como... ¿cómo me encontraste? porque yo no supe como encontrarlas.
Ella entreabrió los labios sopesando las palabras, analizando la interrogante y buscando una respuesta. Trago saliva, y cuando iba a hablar fue interrumpida por el doctor.
Ambas quedaron con su vista fija en el doctor.
—Bueno... ya creo que se acabaron las visitas—dijo, paseando su mirada entre las dos chicas—. Señora Alvarado... ¿podría acompañarme un momento afuera?
Ahora era Danna la que paseaba su mirada entre el doctor y su hermana.
—Si, claro—se levantó de su silla. Ella fue la que primero salió, luego, el doctor que cerró la puerta.
Danna analizó el semblante preocupado del médico, temiendo a que a Kudrent le ocurriera algo más, o tal vez, a la factura del hospital, llevaba 5 días allí.
Oh no, dios... que no sea eso...
—Bueno señora Alvarado. Su hermana lleva 5 días aquí en el hospital....
Oh no, ya va por ahí.
—Entonces, como usted sabrá se le ha atendido lo mejor que podemos, solo que ya no la podemos tener aquí...—Danna asintió como señal de que estaba entendiendo aunque los nervios de una posible deuda del hospital la carcomía—. Su hermana es menor de edad aún, por eso, hicimos lo posible para comunicarnos con su persona, ya que, si no aparecía familiares en estos momentos su hermana iba a ser trasladada al departamentos de niños y familias hasta que cumpliera la mayoría—el doctor se llevó las manos al bolsillo de su bata—. Como usted es su única familia, no se si tiene las posibilidades de hacerse cargo de la menor hasta que está cumpla la mayoría de edad, evitando así que la adolescente pase por la experiencia de convivir con desconocidos y esas cosas... usted entiende.
—Si, claro... entiendo. Por supuesto doctor, me haré cargo de mi hermana.
—Claro. Solo que hoy no la dejaremos salir hasta que la psiquiatra del hospital le haga una evaluación mañana a primera ahora...
—Vale, claro que si doctor—se cruzó de brazos escuchando con atención al doctor, le parecía buena idea de que un psiquiatra la viera antes de marcharse.
—Bueno, puede recogerla a eso de las 10 de la mañana. A esa hora estará lista.
—Perfecto. Muchísimas gracias por cuidar de ella y estar al pendiente.
—Solo soy un servidor más de la medicina—con esas palabras se alejó. Danna miró la puerta soltando un suspiro, había aceptado que su hermana se fuera a vivir con ella a su departamento sin consultarle a Cole, él entendería ¿lo haría? es su hermana, no puede dejarla tirada como un saco viejo.
Nuevamente se introdujo en la habitación. Kudrent seguía en el mismo sitio y en la misma posición a la que había dejado unos instantes atrás.
—¿Todo bien?—preguntó algo preocupada.
Ella le sonrió.
—Todo bien... vas a vivir conmigo—dijo con una sonrisa.
Kudrent abrió mucho los ojos, su gesto en vez de ser feliz era de abatimiento.
—No quiero ser una carga para ti Danna.
—¡No!, no digas eso. Nunca serás una carga para mi–la tomó de la mano—. Eres mi hermana, llevamos... ¿cuánto? ¿14 años sin vernos?—hizo la cuenta de cuando tenía nueve y ahora 22.
—Casi 14 —susurró Kudrent.
—¡Es hora de recuperar el tiempo perdido!
La menor sonrió con timidez.
—¡Nunca más! ¡nunca más estará sola!
Las dos se fundieron en un abrazo afectivo. Kudrent agradeció de que Danna no la cayera a preguntas, no era el momento, no quería responder, por lo menos, todavía no. Su pasado era doloroso, gris, oscuro, duro. Su hermana mayor no se imaginaba lo que tuvo que enfrentar al lado de su madre.
—Tengo que irme, pero mañana volveré por ti—acotó Danna antes de salir de la habitación. Se despidió unas tres veces hasta que finalmente se fue. Ahora, debía conducir unas 2 horas hasta el pueblo de Farway.
Después de sacar su auto del estacionamiento, puso música alegre, fue consciente de que hace mucho no veía el celular, de seguro Cole debe estar enloquecido. Sin embargo, lo ignoró, no le gustaba revisar el celular mientras conducía, lo consideraba peligroso.
Siguió su ruta en tranquilidad, pensaba en Kudrent todo el tiempo, y en momentos alegres juntas.
—Llevemosle flores a mamá Kudrent.
Ambas estaban llenas de tierra por haber jugado en el jardin de su madre. Danna había recogido las flores, Kudrent la seguia a todos lados como una garrapata.
Con una sonrisa de oreja a oreja y flores en manos se fueron a la cocina donde su madre se encontraba preparando el almuerzo.
Danna llevaba de la mano a Kudrent. Al acercarse la vió... la vió besarse con otro hombre que no era su padre. La niña retrocedió, se cohibió seguir avanzando, no obstante, fue Kudrent la que explotó el caos. Con alegría fue a abrazar a su madre y está al darse cuenta que la miraban empujó a la pequeña, de inmediato, la bebé de la casa lloró.
Cuando se apresuró a recogerla ya era tarde, su madre la tomaba con brusquedad de la mano y la sacaba a la calle. Danna se quedó parada, no podía moverse, una parte de ella le temía a su mamá. Una vez se deshizo de la chiquita, fue en pos de Danna.
—Escúchame bien mocosa—dijo. La vista de ella se paseó antes el hombre grandulon y la vista enfadada de su madre—. Ni una sola palabra de esto a tú padre porque te reviento. Ahora, sé una niña obediente y sal de mi vista.
Corrió... asustada, temblando, confundida. ¿Como su madre podía besar a alguien que no era su padre? para su mente de niña, no lo entendía. Fue en pos de su hermana que aún lloraba en la calle.
Danna se pasó la mano por la frente, los recuerdos la estaban abrumando.
Mamá murió.
Ese eran los momentos que tenía con su madre, en donde le gritaba, la golpeaba. No le sorprendía en lo absoluto la reacción de Kudrent al enterarse que George estaba muerto, al fin y al cabo, él la dejó a manos de una abusadora.
Ladeó la cabeza hacia atrás cuando otro recuerdo invadió su mente.
—Papá...
—Si mi amor.
—¿Por que mamá se besa con otro señor?
La cara de sorpresa del padre fue un espectáculo entero.
—¿Vistes a mamá besarse con otro señor?
Asintió.
George abrazó a Danna acunandola entre sus brazos. Con el corazón roto en mil pedazos. Había confirmado lo que sospechaba.
Piiiiiii
El p**o de un auto la sacó con abrupte del recuerdo. Danna se percató que ya tenía las lágrimas en sus mejillas. Si no hubiese dicho nada, quizás su padre no se fuese ido y dejado a Kudrent, sin embargo, él no era tonto, tarde o temprano lo iba a saber y su silencio no garantizaba que se quedara al lado de una familia rota.
Llegó a su edificio, tras guardar el auto, se apresuró a tomar el ascensor. Subir las escaleras en un 4to piso le parecía agotador.
Presionó el botón... nada... no bajaba, parecía atascado o alguien más lo estaba deteniendo arriba.
Suspiró cansada, había sido un día entre alegre y faltar, emotivo y triste.
Escuchó voces provenientes de las escaleras, la reconoció enseguida. El hombre rarito.
Espiritu santo... ¿qué hago?
No quería hablar con él, ni encontrarselo , ni tener la obligación de pedir disculpas, a personas como esa eran mejores tenerlas de lejitos.
Piensa Danna, ¡ ya vienen!, ¡ya vienen!
Su ansiedad era la misma como cuando venían dos desconocidos con apariencia deplorable. Le entraba un miedo que le aceleraba el corazón.
¡Ya vienen!
Su respuesta a los nervios fue sacar su teléfono y fingir que hablaba. Danna lo vió de reojos, parecia ir a culto satánico, porque tenía una camisa manga larga con la palabra: Killer . Un brazalete de púas, los ojos pintados de n***o, y una argolla colgándole de la nariz. El otro tipo que iba a su lado era un peor que él. Le daba más desconfianza a Danna.
Ambos pasaron por su lado y sintió un alivio tremendo cuando salieron del edificio.
Gracias a Dios.
El ascensor llegó, era hora de ir a descansar.
Se lanzó en el mueble apenas llegó, estaba tan cansada que no tenía ánimos de preparar cena, lo pasaría por alto, con tal, estaba sola. Recordó su celular, y fue a su búsqueda.
5 llamadas de Cole.
3 llamadas de Marisol.
4 mensajes de Cole.
2 mensajes de Marisol.
Abrió primero los de Cole:
Yo también te extraño.
Amor, te estoy llamando.
Suspiró, era tan dramático cuando no contestaba el teléfono.
Leyó los mensajes de Marisol:
Se me olvidó abrir las cortinas antes de irme.
¿como estas? confianza en Dios.
Sonrió ante ese mensaje, definitivamente, debía poner su confianza en Dios.
Le marcó a Cole, este de inmediato contestó:
—Cariño.
—Hola...
—Te estuve llamando.
—Lo sé... es que...surgió una emergencia.
—¿Emergencia? ¿estás bien?
Danna se quedó callada unos segundos.
—Si. Es solo que... quería hablarlo contigo.
—Bueno, hablemos.
—No por aquí, quisiéramos que antes que llegara nos viéramos en la cafeteria de abajo.
—¿Que paso Danna?
"Danna"... Cole casi nunca le decía así, al menos que estuviera preocupado o molesto.
—Nada... solo es que...
—Adelantame algo.
—Bueno...—lo pensó, suspiró —. Me reencontré con mi hermana.
Silencio... ella se angustió al no escucharlo.
—¡Cariño! ¿estás ahí?
—Si, estoy.
—Bueno, y... quiero recuperar el tiempo perdido con ella.
Lo oyó suspirar del otro lado del auricular.
—¡Eso esta genial cariño!
—Solo que... bueno... va a vivir con nosotros un tiempo.
Otro silencio, este más largo.
—¡Danna! ¿dónde va a dormir?
—En la habitación de al lado.
—Danna, esa es la habitación del bebé.
Se estremeció, escuchar la palabra "bebé" casi la sumerge nuevamente en el llanto. No sabía cómo Cole tomaría la noticia de que no podía tener hijos. ¡Lo mataría! su suegro la mataría y le diría que una seca en bendiciones.
—Es temporal.
Cole suspiró.
—Bueno, hablaremos cuando llegue.
—Y, ¿cuándo llegas?
—Pasado mañana.
Bufó... otro día más, otra noche sola.
—Vale. ¿Que tal todo?
—Bien, muy bien. Ahorita quedé cenar con mi padre. ¿Tu ya comiste?
—Voy a eso.
—Vale. Te dejo, mi padre llegó.
—Adiós.
—Adiós.
Colgó. Apenas lo hizo, llamó a Marisol, quería informarle las buenas nuevas, contarle con urgencia el reencuentro emotivo con su hermana.
Marisol se alegró por ella. La escuchó, la ánimo, y, culminó la conversación con: te mereces cosas bonitas Dannita.
Danna se fue a la cama feliz, a la vez triste, quizás, todo era parte del propósito de Dios y no debería preocuparse ¿o sí?
☆☆☆
Taconea el suelo, ya son más de las 10, por dios, como pudo quedarse dormida. Siempre es puntual, no entendía porque esta vez se levantó tarde.
Se dirigió a la velocidad que pudo a la habitación de Kudrent. Al entrar, la vió parada, mirando a la ventana. Llevaba unos jean azules y una camisa de cuadro roja que constataba con su piel blanca y pelo rubio.
—¡Lo siento!—se disculpó.
Su hermana hizo un mohin de: no te preocupes.
—¿Ya nos vamos?
—¿Quieren hablar contigo antes?
—¿Quien?
Se encogió de hombros.
—Supongo que el psiquiatra.
—Ya. Vale. Espérame afuera, ya nos vamos ¿vale?
—Vale.
Salió de la habitación, por fortuna el psiquiatra iba de camino al cuarto.
—¿Señora Alvarado?
—Si. ¿Usted es?
—El doctor Alexander Mendez, psiquiatra—le extendió la mano, Danna se la dió.
—¿Como encuentra a mi hermana?
Él resopló.
—Bueno, Kudrent es una niña dulce, tierna con un pasado turbio.
Danna arrugó las cejas.
—¿A que se refiere?
—Me dijo que su padre se separaron cuando ella estaba muy pequeña, y que su madre la maltrataba muchísimo.
Trago saliva. Algo feo se le incrustó en el corazón, como una punzada que pullaba fuerte al saber que su madre la golpeaba.
—Quiso suicidarse porque su novio la dejó. además, de estar lidiando con la pérdida de su madre. Ella está pasando por una etapa difícil, por eso necesita todo el cariño, la compresión posible y el calor de un hogar. Y sobretodo, amor, mucho amor. Tiene una carencia gravísima de amor. Se refiere a ella cuando hace o dice algo malo como: tonta, o estupida. Eso puede ser secuelas del maltrato psicológico que recibió. Sin embargo, esta muy feliz de vivir con usted, me habló maravillas de su reencuentro. La verdad, le deseo a ambas muy buena suerte.
Sonrió sintiendo una gran responsabilidad en sus hombros. Le dolió que la madre fuera mala con su propia hija, eso no ocurría, no debía ocurrir, ¡es su hija por dios!, las madres aman a las hijas, las cuida, las protege, no las maltrata ni las trata mal.
Danna sintió lástima por todo lo que su hermana tuvo que pasar. Se imaginaba algunas cosas por lo dicho por el psiquiatra, la conmovió demasiado, y se prometió dentro de ella que haría feliz a su hermana, que le devolvería el sentido de la vida.
Ambas se fueron de ese hospital. Kudrent no dejaba de ver por la ventana mientras que una música suave sonaba. Danna cantaba y tamborileaba con su dedo en el volante.
—¿Falta todavía?
—Ya vamos a llegar.
—¡Cantas hermoso!—halago su hermana. Danna sonrió.
—Gracias, eso me han dicho. Dime... ¿tu cantas?
—No tanto, se me da mejor el piano.
Danna peló los ojos.
—¿En serio?
—Si.
—Yo también toco el piano—dijo con alegría.
Kudrent se echó a reír, y en todo el camino hablaron de la música, canciones, acordes, ritmos y melodías. Danna estaba encantada que su hermana amara tanto la música como ella.
Al llegar, Kudrent vió el edificio, se sorprendió lo lujoso que era, significaba que su hermana mayor tenía una buena vida, en cambio, la suya era miserable.
—¡Vamos!—ánimo Danna.
Se metieron un pasillo silencio, donde llamaron el ascensor que las llevó a un cuarto piso.
Al abrir la puerta, Kudrent quedó atónita por la belleza de apartamento y a la vez asustada, cuando visualizó al mismo en llamas.
—¡Bienvenida a casa!—dijo su hermana.
La visión de un apartamento en llamas seguía tan real delante de sus ojos que se horrorizó el volver a vivir la experiencia.
☆☆☆
Notita: Buenas, buenita. Aquí les dejo otro capitulo más, el del día mañana, ya nos veríamos el lunes. Por fin, Danna y Kudrent están juntas, solo que... ¿qué será esa visión en llamas? ¿qué oculta Kudrent? presiento que oculta cosas que no quiere hablar con Danna. No sé. Déjenme su opinión.
Les dejo un adelanto del próximo capitulo:
Danna y Kudrent comienzan a hablar de su pasado, y Kudrent tendrá unas ciertas cosas que la atormentará. Además, conocerá al esposo de Danna, a Cole. Y este no está muy contento de que una intrusa irrumpa su paz.
Si les está gustando la historia, dejenmelo saber en sus comentarios. Entonces, mis estrellas luminosas, nos vemos prontito. Un abrazo, feliz fin de semana.