02
Nueve y cuatro.
☆☆
Cierra los ojos, en su mente esta el recuerdo de nueve y cuatro.
Se visualizó escondida en el clóset junto a su hermana Kudrent, ambas abrazadas, asustadas, aterradas por la conversación de sus padres en la cocina.
Se escuchaba cosas rotas, cristales volviéndose añicos al impactar contra el suelo o tal vez la pared, de eso, Danna no lo sabía, siempre cuando sus padres entraban en ese campo de discusión, tomaba a Kudrent y se escondía en el armario hasta que todo pasaba, aveces, la riña gobernaba la noche completa donde en mitad de ella se quedaba dormidas al lado de su hermanita.
Kudrent era pequeña, por eso, Danna sentía la obligación de cuidar de ella, de protegerla, como la hermana mayor que era.
—¡Pedazo de mierda! ¡tienes una amante!—escuchó de su madre. Abrazó a Kudrent acercandola a su pecho—. ¿La amas? ¿amas a esa mujerzuela?
No había respuesta de su padre, eso exasperaba más a la matriarca de la familia. Que con cada silencio rompía toda la vajilla.
—¡Respondeme inútil!—gritó. Los gritos se escuchaban por toda la casa, inclusive, el armario.
—¡Si, la amo! me enamoré perdidamente de ella. Porque ella si me da el lugar que me corresponde. Me siento admirado, valorado, y no como un saco de dinero Susan, además, no olvides quien engañó a quien cuando te fuiste de piernas con tú compañero de trabajo y hasta...—hubo silencio—. Le diste un hijo, ¿acaso crees que no lo sé?, Kudrent no es mi hija... es la hija de ese mal nacido.
Danna aguantó la respiración. Kudrent estaba quedándose dormida, cabeceaba, se aferraba a los cortos brazos de su hermana mayor.
Gritos, obscenidades, más cosas rotas, golpes...
Un golpe más fuerte.
—¡Maldito! ¡maldito! ojalá te mueras, te atropelle un carro y nunca en tu miserable y maldita existencia seas feliz, desgraciado, miserable.
—¡Ni un golpe más Susan! nunca más me humillarás, ni me golpearás. Si me vuelve a abofetear... te juro por lo más sagrado y lo que más amo en esta vida que es Danna, que responderé y te golpearé de la misma manera. ¡Estoy harto! ¡harto de tu bipolaridad! ¡tus obsesiones enfermizas! ¡tus celos! ¡tus maltratos!... es hora de que rompa con esto, y pongamos punto y final a esta mierda.
—¡No puedes dejarme, ni se te ocurra hacerlo, me mataré si lo haces!
—¡No más, no me manipularás más! matate si quieres, pero mi hija no estará aquí para verlo. Si quieres, haz lo que quieras con la tuya, yo me llevo la mía.
—¡No... George no! no me dejes, no eres nada sin mí, soy la única mujer de tu vida. Esa niñata de tetas grandes es un pasatiempo. ¡Tenemos una familia!.
Los pasos hacia la habitación eran más fuertes.
—Me vale un puñetero esta familia. Me dejó de valer desde que fallaste a este matrimonio.
Entró a la habitación. Danna lo vió desaliñado, con el rostro rasguñado como si se hubiese ido a cuerpo con un tigre.
—¡Danna!—llamó con su voz grave.
—¡Maldita sea George, si te vas, juro que te arrepentiras!
—Me arrepentiré toda mi vida si sigo al lado de alguien que no amo—le dió un golpe a la pared con furia—. Maldita sea, ¡Danna!
Kudrent se sobresaltó. Sus ojos se abrieron un poco somnolientos. Los gritos en el cuarto daban miedo.
—¡Me voy a matar!
—¡Me vale un carajo si lo haces!—gruñó exasperado—. Cortate las venas, tómate un frasco entero de pastillas si quieres loca de mierda. Pero a mi nunca más me joderás la vida—. ¡Danna!
Buscó bajo la cama.
—¡Nunca me amaste! eres un imbecil.
George se levantó del suelo, dirigiéndose al armario.
—Oh no Susan, no hagas eso. El papel de víctima no te queda.
Abrió el armario.
Danna se aferró a Kudrent.
—¡George!—su madre se lanzó encima del esposo como una fiera apunto de devorar a su presa. El enojo visible en sus ojos parecían a dos llamas de fuego con intensiones de carbonizar todo en absoluto.
Kudrent empezó a llorar. Su hermana mayor la abrazó con más fuerza, con toda la energía que pudo tener.
Un puño impactó el rostro de su madre mandandola a un extremo de la pared.
—¡Te lo advertir Susan! ¡Ojo por ojo, diente por diente!
Sus manos grandes fueron en busca de su hija, y con la misma fuerza que hacía un momento había impactado el rostro de su madre, tomó a Danna en brazos.
Ella se le quedó mirando a su hermanita que lloraba frenéticamente en el armario.
Su distancia se hizo más grande hasta que su última imagen fue: una Kudrent llorando en el armario.
Ese día, sin duda, fue uno de los peores, porque a partir de ese momento, nunca más volvió a ver a su madre, ni a Kudrent.
Al recordarlo, Danna tenía las lágrimas a flor de piel. Le hubiese gustado haber crecido con su hermana, pasar momentos buenos, malos junto a ella, compartir su ropa, sus secretos, su vida. Sin embargo, nada de eso sucedió, por la simple razón de que sus padres se separaron porque ya no funcionaban como pareja.
Todo padre debería ser consciente del daño que le causa a sus hijos al separarlo de sus hermanos o el nunca más permitirle ver a su madre. ¡Es doloroso!
En el silencio de su coche lloraba por los recuerdos desastrosos de su infancia. Aún cuando se fue vivir con su padre de pequeña, tenía la ilusión de que en algún momento sus progenitores se reconciliarian, no obstante, perdió todas las esperanzas cuando el padre metió a vivir a otra mujer en la casa. Clarizza formó parte de su vida hasta que en un accidente de tránsito ambos perdieron la vida dejando a una Danna devastada.
Agradecia a Dios que Cole se encontraba a su lado, porque no hubiese conseguido lidiar con el dolor de la pérdida.
Analizó la situación de Kudrent, tal vez, ella la pasó mal al lado de su madre, o mejor, ¿quién sabe? en ese momento, Danna solo entendía que la oportunidad de volver a ver a su hermana estaba a poco tiempo de camino, el de abrazarla a una corta distancia que se hacía una eternidad a medida que conducía.
¿Como será Kudrent? de pequeña era rubia con ojos tiernos azules. Ya debía tener unos 17 0 18 años, solo se llevaban 5 años de diferencias y Danna cumplía los 23 en diciembre. Le emocionaba la idea de imaginarse a su hermana como esa pequeña de ojos claros y pelo rubio ondulado que dejaba encantado a todos a su alrededor. De verdad, se notaba muchísimo que no era hija de George. Su padre era de pelo azabache igual que Danna. Ojos café claros, piel blanca con un lunar cerca de su labio superior, mismo lunar que su hija mayor heredó, mejor dicho, Danna era la copia fiel de George.
Seguia conduciendo, estaba a punto de llegar. Necesitaba donde aparcar el carro. Todo estaba lleno, la demora representaba un problema a su ansiedad de ver a su hermana.
Suspiró... debía buscar un estacionamiento.
Su vista buscó mientras conducía con lentitud. Se seguía haciendo hipótesis sobre su hermana: ¿habrá estudiado? ¿le gustará la música? ¿qué tipo de accidente habrá tenido?, dios mío, si no llegaba rápido se volvería loca.
Finalmente, logró conseguir un parqueamiento. Dejó reposar su coche bajándose algo nerviosa del vehículo, jugueteaba con sus manos para lidiar con esa mala costumbre . Al cerrar la puerta se visualizó en el espejo y no tenía ni una gota de maquillaje, aunque no se veía mal, a Danna no le dió gracia su apariencia, quiso sentar su culo nuevamente en el asiento, sin embargo, al mirar el reloj de pulso fue consciente de que era tarde.
Literal, salió corriendo. Se agradó de que por lo menos no llevaba zapatos altos, eso le complicaría todo.
Se introdujo a la entrada del hospital como una loca desesperada, por primera vez, estaba sudando, y no había nada que Danna odiara que el sudor de su propio cuerpo. La hacia sentir sucia, pegajosa, con mal olor. También le faltaba el aliento, su respiración un total caos.
—Buenas, busco a Kudrent Adriana Alvarado—dijo a la recepcionista del hospital que la miraba con el ceño fruncido.
—¿Es pariente de ella?.
Danna tragó para poder hablar.
—Su hermana.
La mujer tecleó en el computador. La impaciencia iba acabar con sus nervios.
Apurese señora...
—Ya. Si. Esta en observación, en el tercer piso...
Antes de que pudiera terminar de hablar, Danna salió corriendo por el pasillo largo. Subió las escaleras esquivando a toda la gente que bajaba, hasta que llegó al tercer piso.
Oh mierda, el ejercicio no era lo suyo.
Se inclinó un poco reposando sus manos en las rodillas, recobrando el aliento perdido. Abría la boca, la cerraba, respiraba, inspiraba con los ojos cerrados. Un doctor la observó y decidió acercarse a ella pensando que tal vez se sentía un poco mal.
—¿Se encuentra bien señorita?
Danna recobró la compostura. Se pasó la mano por la cara eliminando el sudor asqueroso de su frente.
—¡Estoy bien doctor! gracias. Estaba solo buscando a una paciente. Me dijeron que se encuentra en observación.
El rostro del doctor se ensombreció.
—¿Usted es familiar de la paciente: Kudrent Alvarado?
Una sonrisa estupida salió de Danna.
—¡Si! ¿cómo está? ¿está bien? ¿qué le pasó? ¿qué tipo de accidente tuvo?—al ser consciente de que le estaba cayendo a preguntas al doctor como si fuera una ametralladora, decidió calmarse y esperar su respuesta con paciencia, aunque a esas alturas la paciencia se le había agotado.
El hombre con su bata blanca, su pijama azul característico que lo identificaba como doctor. Se rascó la cien, suspirando.
—Verá señorita Alvarado—soltó un suspiro pesado—, su hermana ha tratado de quitarse la vida en el baño de un restaurante, alguien la ha visto allí, y no dudó en traerla al hospital. Apenas fue consciente, le caímos a un interrogatorio para averiguar el motivo en la que decidió terminar con su existencia, entre eso dió su nombre y por eso nos pusimos en contacto. Claro, nosotros haciendo nuestras averiguaciones que fue difícil. Sin embargo, la paciente nos proporcionó información suficiente como para encontrarla.
La expresión de sorpresa absoluta albergaba en el rostro de Danna. ¿Que?, ¿cómo?, ¿de qué forma la encontraron? ¿cómo se trató de quitar la vida?, ¿ella estaba bien?, ¿qué información le dió sobre ella?
—¿P- pero ella está bien?—tartamudeó al formular la preguntar.
—¡Si!, esta bien... estable. Con muchas ganas de verla.
Se llevó una mano al corazón, las mismas ganas las tenía Danna.
—¿En serio?
El doctor se rió de medio lado.
—Si.
Bajó la cabeza pasándose la mano por el rostro, por un lado, se sentía emocionada, por el otro, abrumada por todo lo que le medio contaba el médico.
—¿Por que decidió acabar con su vida?—alzó su vista para mirar al rostro al doctor.
Soltó un suspiro.
—Dice que quiere acabar con su sufrimiento. Que no tiene a nadie en la vida para pensar en vivir.
De seguro, el médico debió notar que la expresión de Danna se transformó en melancolía, culpa, tristeza, porque en automático le puso la mano en el hombro como manera de consuelo.
—No es su culpa. ¿Vale?
—Vale...—respondió mirando el pasillo.
—¿Donde está?
—En la última habitación—señaló el pasillo.
Danna le dió una mirada de angustia al doctor.
—Ella la está esperando.
Asintió.
Como una niña que tiene miedo de ir a un lugar desconocido, así caminó con pasos lentos Danna a traves del pasillo. La emoción, la angustia, el miedo hacían estragos en su pecho ahogándola con una presión que le dificultaba respirar. Su corazón latía más fuerte con cada paso que trazaba, el zumbido de su órgano palpitante era de igual de ruidoso como un tambor.
Espiritu santo, debía calmarse o le daría un infarto allí mismo.
¿Que debía decir? ¿cómo debía actuar ante una persona que había atentado contra su propia vida? ¿qué se debería decir en esa situación, en ese caso?...
Oh no, no estaba preparada para eso, para una palabra de consuelo, de amor, de... de...
Consideraba el suicidio pecado.
Por eso, en sus circunstancias, no sabía de que forma abordarla.
¿Y si Kudrent la rechaza? ¿y si Kudrent le tiene odio? ¿o Dios que sabe?
Suspiró, parpadeando como loca.
Puso la mano en el umbral. Desde ahí, la vió.
La vió sentada en la cama.
La vió con la mirada gacha.
La vió con sus muñecas vendadas.
Un fuego se encendió en su interior sulfurando su exterior, el sudor se hizo más agobiante, aunque en ese momento Danna no pudo pensar en nada más, si no en la niña que había dejado un par de años llorando en el armario.
—¡Kudrent!...
☆☆☆☆
Notita: ¿Que les ha parecido el capítulo? fue muy emotivo escribirlo y me tardé un montón porque quería que Danna se reencontrara un poco con su pasado. Y así, ustedes supieran el motivo de la separación de ambas, sin embargo, las cosas no se quedan aquí. Seguiremos descubriendo más sobre el pasado turbio de Danna y Kudrent y que fue de cada una por separado.
Los reencuentros me hacen muy feliz, por eso, estoy muy feliz con nuestras dos hermanitas. ¿Ustedes están feliz? alegremosnos juntas.
Les dejo un adelanto por aquí de lo que verán en el próximo capitulo:
Danna y Kudrent hablan de su pasado, de cosas que le gustan y le disgustan a ambas.
El chico del tatuaje se vuelve a cruzar con Danna ... ahí les dejo las cosas. Leeré sus comentarios estrellitas. Hoy les dejaré un capitulo del día sábado y luego, nos vemos el día lunes con nueva actualización.
Un abrazo emotivo a todas las lectoras que aman la oscuridad y el amor.
Jajaja: )