20:10 pm Regresamos a casa de forma torpe porque Santiago no dejó de besarme en todo el camino de regreso lo cual pudo meternos en serios apuros si nos estrellábamos, pero no podía pensar con claridad en esos instantes, solo sabía que deseaba con el alma tener a este chico debajo de mí y no descansaría hasta hacerlo. Nos bajamos del auto luego de que aparcara de forma asquerosa, pero ni bien lo hice, lo tomé por su nuca acercándolo a mí mordiendo su labio inferior y lo escuché gemir. —Eres cruel —se quejó entre risas de nerviosismo y lo miré. —Quiero que te duela —admití y con mis manos inquietas apreté sus glúteos. La forma en que me miró… dios, no hizo más que incentivarme más y volví a besarlo. Me encantaba su cuerpo, tocarlo, apretarlo, hacerlo mío, pero a medida de que lo besa

