Una vez en casa, Luna se encerró en su habitación, estaba destrozada, aquel infortunio con León la había dejado en shock, verlo así tan ido, tan fuera de si. Recordó la ira en sus ojos y eso la hizo estremecer, lo que se suponía que seria un buen rato terminó convirtiéndose en uno de los peores momentos. Se metió debajo de la ducha y comenzó a refregarse el cuerpo como si estuviera impregnada en suciedad. El agua caía por su cuerpo, al igual que las lagrimas. Se sentía una idiota, una imbécil, ¿Qué la había hecho pensar que podría tener algo bonito con él? Después de todo, no lo conocía de nada, se había dejado llevar por sus sentimientos... «Malditos y estúpidos sentimientos» pensaba y maldecía en voz alta. —¿Quién me manda a comportarme como una adolescente? — gritó al tiempo que se d

