Evelyn
En el hospital dos años antes...
— Papi, papito... - fui corriendo a la cama que se encontraba en la habitación de la clínica donde mi padre había luchado estos últimos meses contra un cáncer de pulmón y allí estaba ella, mi hermana, me había enterado hace un año de que mi padre sostenía una doble vida desde que yo nací, donde nosotros éramos las otras, mi madre era su amante y yo su hija ilegítima.
La miré y me sequé las lágrimas con la manga de mi suéter ella me miró con mucho asco y le susurró algo a su madre.
— ¡Perdón, hola! ¿Papi?- lo abracé y le di muchos besos, mis lágrimas caían en su rostro y cuello. — Te amo papi, te amo mucho - acarició mi rostro, fue algo muy sutil porque ya sus fuerzas eran pocas y me susurró.
—¡También te amo mi Pequeña preciosa! Pero creo que ya me tengo que despedir – aquellas palabras me hicieron un gran hoyo en el pecho, mi padre siempre había sido para mí lo más preciado y verdadero en mi vida y ahora... ya se tenía que ir. Lloré, lloré en su pecho y el acaricio mi cabeza. Levante la cara y me sonrió.
—¡No papito, no me dejes por favor! – las lágrimas caían sin control de mis ojos bañando todo mi rostro.
Mi hermana lloraba en silencio – o eso pensé yo como una ilusa – mientras me miraba con un gesto de...
¿Asco?
Bueno, no la culpo porque mi mami dice que no todos tomamos las malas noticias por igual y yo… imagino que soy una muy mala noticia para ella que siempre vivió con mi padre y su mamá. Es muy extraño cavilar este tipo de razonamiento mientras mi padre yacía en la cama moribundo y listo para irse de este mundo.
Estaba sentada en la silla al lado de la cama recostada a la mano de mi padre, mi madre se acercó y susurró en mi oído
— Cariño debes comer algo, no me preocupes por favor. – me acarició el cabello y me beso en lo alto de la cabeza.
— No quiero dejarlo, necesito estar aquí con él, todo lo que pueda, es mi papi ¡por favor mamita!... - mi madre me miró con dulzura y dolor, eran sus últimos momentos y yo quería estar con él.
— Muy bien mi amor, pero si necesitas algo por favor llámame - se fue pero yo sé por qué lo hizo; no quería romper a llorar delante de mí, necesitaba ser fuerte por las dos.
La tarde estaba lluviosa tan triste como mi ánimo, como mi vida en ese momento crucial, mi padre ya estaba en coma y se veía como dormido. En la mañana, le hablé al oído para decirle cuanto lo amaba y me sonrió sutilmente, besé su frente agradeciéndole todo lo bueno que me dio hasta hoy y ya no hablo más, solo quedo como dormido.
—¡Bien! Niña estúpida, ya pueden marcharse tú y tu zarrapastrosa madre de aquí porque ya lo viste morir, espero que ustedes también se pudran en ese hueco en el que viven – expresó con tanto veneno que en ese momento fui presa del pánico.
Mi hermana nos insultaba justo en el pasillo frente a la habitación donde yacía mi padre muerto.
Pero como buena maracucha que soy y quien no se queda con una le espeto con burla, devolviendo su veneno como si fuera una pelota.
— ¡No! Yo me quedo si no le molesta, su majestad - hice una exagerada reverencia ante ella – como dije antes – a modo de burla.
¡Que se joda! No le voy a dar el gusto, yo podré ser pobre, pero sé dónde estoy parada porque así como me enseñaron a respetar también me enseñaron a defenderme como una fiera.
— ¡Ya no tienes nada que hacer aquí! Vete con la puta de tu madre por donde vinieron - me gritó y no resistí más, le di una sola bofetada que la cara le quedó del otro lado.
— De ahora en adelante, mi madre para ti es: la señora Mía López ¡hermanita! – le hablé tan cerca que retrocedió un paso para no pegar mi nariz con la de ella, no soy de mucho pelear, pero me sé defender como ya dije — Si se te ocurre llamarla puta de nuevo, te voy a arrancar el cabello de raíz. ¿Me explique?
Le dije lo último con tal autoridad que dio otro paso atrás y cuando volteó se encontró con alguien a quien yo no conocía y no me importó pasar por su lado chocando con él, sé que estaba trajeado pero ni idea de quien era porque ni siquiera le miré la cara.
— Ella me golpeó mi amor, es una marginal, ella y su madre lo son: no respetan la memoria de mi padre, el dolor que siento por haberlo perdido ¡él era todo para mí! - dijo a voz en cuello, acción que me hizo poner los ojos en blanco ya que no me importó su drama.
Fui a hablar con los médicos y ellos dijeron que debía esperar a que lo prepararan para llevarlo a la sala velatoria.
—¡Mi niña! ¿Qué sucedió? Michelle me dijo que la golpeaste, mi amor no puedes desatar tu rabia con las demás personas. Debes comportarte. – arrugué la frente consternada, ¡sí! Mía López solía ser una mujer apacible, una persona muy dulce, paciente y a mi parecer: exasperante. Jura que todo el mundo es tan bueno como ella, hacía una excelente pareja con mi padre. ¡UF!
— Madre, ella me llamó estúpida y a ti zarrapastrosa, marginal y puta, no me resistí y le di un coñazo en la cara pa’ que respete la zorra de mierda esa - le hablé a mi madre en un español tan claro que dudo si alguien entendió algo.
—¡Evelyn! – regañó, en español también — No digas groserías muchachita del carajo porque quien te va a partir la boca soy yo. ¿Entendiste? - me señaló con el índice.
— Fuerte y claro mamita, fuerte y claro – es mejor no llevarle la contraria a estas alturas ya la conozco muy bien, mi madre golpea durísimo con la zurda (sip, es siniestra, además de todo)
— Además no deberías pelear con tu hermanita, ella al igual que tú se ha quedado huérfanas de papá. - eso último lo dijo con voz entrecortada y ojos vidriosos, sin embargo se las arregló para no llorar.
Pero esperen: ¿en serio ella piensa que vamos a congeniar? Pues que se vaya olvidando de ese tango por favor.
— Mami, podríamos dejar el tema y concentrarnos en lo que en realidad nos interesa para poder irnos de aquí, mi padre no querría vernos pelear por favor - casi supliqué.
— Esta bien amor, como tú digas. Pero en algún momento van a tener que hacer las paces - ¡me morí! Ese día va a ser el último de mi vida, pero me quedé callada al ver acercarse al doctor de la morgue.
—¡Buenas tardes damas! - rodé los ojos al ver que el doctor se comía con los suyos a mi madre... y ella ni se mosqueó.
—Buenas tardes doctor, díganos que hacer – refirió mi madre con voz quebrada.
— ¿Son ustedes los familiares del occiso? – preguntó el Dr. aún con los ojos puestos en las tetas de Mía López. ¡Qué cabrón! Y es casado, ahí está su anillo.
— ¡Ejem, ejem, disculpe! – una voz de hombre, diferente y poco casual llamó mi atención — Dr. Estamos esperando la entrega del cadáver de mi suegro, el Sr. Noah Williams, sería tan amable de... - Mire hacia atrás y vi a quien hablaba y que ya no podía escuchar porque mis oídos zumbaron con tal volumen que me quede sorda, muda y fascinada con esos ojos.
¡Dios mío! Que hombrazo… me tiemblan las piernas, me sudan las manos, mi estómago es un hoyo y tengo vértigo ¡Es mi cuñado! Me duele el pecho, es mi cuñado… me tapé los ojos, no dejaba de temblar.
—Tranquila mi amor, s**t, ssshit, ya, ya mi princesa, mami está aquí, mami está aquí - me dijo mi madre y lloré, lloré como nunca, tanto por mi padre muerto como de la impresión. Nunca había sentido eso...