Capítulo 2. Un bello, perfecto y peculiar descubrimiento

1641 Words
Vincent ¿Dónde se habrá metido la loca de mi esposa ahora? ¡Ah! Ahí está. ¿Discutiendo con alguien? ¡Qué raro! Puse los ojos en blanco ya que mi dulce esposa – léase bien el sarcasmo – no se la lleva con nadie y es una experta en ofender y vejar a las demás personas, por esa causa no me extraña nada que discuta con alguien; caminé hacia donde se veía haciendo ademanes con las manos. Y entonces la vi, todo a mi alrededor se esfumó porque solo ella apareció en mi foco de atención, al principio la tapaba Michelle completa ya que es una cosa pequeñita y preciosa ¡Es la criatura más hermosa que he visto en mi vida! pero entonces... ¡Pass! Un golpe y volví a la realidad. Ella golpeó de tal manera a mi esposa que su rostro quedó volteado, es una verdadera fiera, diminuta pero con un excelente gancho de derecha aunque le estampo la palma en la mejilla, no pude evitar reír ante la escena ya que mi querida esposa también tiene lo suyo. De pronto sentí que alguien llegaba a mí y se abrazaba a mi cintura llorando, era Michelle gimiendo como un cachorrito herido y yo no podía dejar de ver a la preciosidad que tenía en frente, por supuesto que ella no se fijó en mi pero mi cuerpo se calentó amenazando con encenderse por combustión espontánea. ¡Mierda! Es una belleza; esa boca y su, su cuerpo... ¡Oh ooooh viene hacia acá! No me ve pero ¡Dios! Un corrientazo me recorrió todo el cuerpo cuando al pasar tropezó a propósito con mi brazo. — ¡Amor ella me golpeó! - Michelle estaba inconsolable, pero yo no podía dejar despegar los ojos de esa boca deliciosamente echa para besar. Veo caminar hacia nosotros otra belleza, rubia y curvilínea ¿Qué sucede hoy en este hospital? ¿Acaso es el día de las hembras buenas? Porque si es así, nadie me informó. — ¿Michelle has visto a Evelyn? - ¡Uhmmm Evelyn! Nada mal, me gusta como suena, ese nombre me sabe a hembra en la boca. — ¡Claro que la he visto! - gritó histérica — ¡Ella me golpeó y se fue! – lloró dramáticamente — ¡Es una salvaje, no tiene modales! - la mujer miró a Michelle con cara de dolor y resignación. Muy bella y sexy por cierto la madre de Evelyn, parece muy joven. A mis treinta y dos años nunca me había impactado de esta manera ninguna mujer, de hecho no soy muy impresionable ya que estoy acostumbrado a que las chicas me salten encima prácticamente. — Yo, me disculpo cariño, descuida no pasará de nuevo – tiene una dulzura natural esta mujer ¿Qué edad tendrá? Porque está muy buena — ¡Dios mío, esa muchachita del carajo me va a oír! Y no le va a gustar lo que le voy a decir pero me importa un carajo - ¿ella habló en español? ¿en serio? ¡Oh siiiiii esa chica va a ser mía! Porque deseo que gima y grite en español mientras estoy dándole placer del bueno. Aunque a la madre también le daría ¡si lo desea claro esta! No soy un angelito, pero tampoco soy el tipo de hombre que va metiendo en su cama todo lo que camine es decir; yo soy quien escoge. Estoy impresionado con estas dos mujeres con esos cuerpos de diosa griega, ¡Oh santa Afrodita soy tu más devoto esclavo! Michelle me mira extrañada, no estoy habituado a restarle atención claro que con la vista que he tenido es imposible no voltear. Sé que la chica reaccionó a algo que le dijo y entonces, bueno las cosas no salieron bien entre ellas, yo conozco a mi esposa y reconozco que puede tranquilamente hacer una tormenta en un vaso con agua. — ¿Estas bien? – miré hacia abajo para quedar mirando fijo sus ojos color verde gris, que son muy bellos por cierto. Sí, mi esposa es bella, elegante, estirada y muy celosa, a ver ¿se me escapa algo? Si, controladora y asfixiante; me miró con furia contenida —¿En serio? Me estás preguntando eso Vincent? - levanté una ceja a modo de advertencia, si grita me voy — No cariño, no estoy bien porque esa zorra me golpeó muy fuerte. La voy a hacer tragar polvo a ella y a la puta buscona de su madre. Las voy a enviar a su porquería de país desnudas y descalzas. - gimoteó y se me restregó como una gatita, pasó los brazos por el cuello y me beso. Sabe perfectamente que no debe tratarme como un pelele o se queda sin su dosis de cariño habitual… Hubo una ocasión, en una gala benéfica de las que organizan nuestras familias que me dejó en ridículo creyendo que iba a saltar cuan alto ella lo quisiera ¡ja! Pero la cosa le salió tan mal que en ese mismo momento le recordé que con Vincent Richards no se juega y menos en público... — ¡¿Dónde estabas metido?! ¡¿Qué te crees, el único hombre que hay aquí?! - me gritó delante unos socios, la tomé por un brazo y la llevé afuera donde nadie nos viera con la suerte de que encontré una jardinera con una pared y la empujé a ella presionándola con mi cuerpo y dejándola sin aire. — La próxima vez que se te ocurra gritarme, piensa en esto niña estúpida - le susurré al oído peligrosamente tranquilo y metí la mano por el bajo del vestido arrancándole la tanga de un tirón. Jadeó y aproveché su boca abierta para meter mi lengua, es muy bella pero cree que me compró o algo por el estilo; introduje dos dedos en su entrepierna húmeda y con el pulgar presioné el centro de su placer, soltó un grito que me tragué en el beso, lo mantuve presionado y moví los dedos lo más rápido que podía, ella gemía y se retorcía. ¡Vamos preciosa quiero verte temblar! mientras la besaba le agarré el cabello con la mano izquierda tirando de el pero sin arrancarlo; gritaba, trataba de moverse pero no se lo permitía. — ¡Quieta cariño! Si tienes un momento de placer es porque yo quiero dártelo, de otro modo no - hizo un puchero que se me antojo morder y metí más adentro mis dedos hasta ese delicioso sitio blando que tienen las mujeres y es muy sensible. Gritó nuevamente, se retorció y saqué los dedos de golpe — ¿Qué? - temblaba. — Yo, yo quiero ¡oh Dios! ¡Eres un desgraciado! - me gritó, su voz era ronca, su cara estaba colorada y su respiración bueno, ella jadeaba por aire. — Nunca vuelvas a gritarme, cuando te dirijas a mí por más molesta que estés será con respeto ¿Me explique cariño? – entonces le entregue lo que deseaba no sin antes llamar a mi chofer para que la llevara a casa y poder descansar un poco de sus berrinches. Todo se convirtió en paz y armonía desde aquel día que le di a entender quien mandaba en nuestra relación porque aunque fuese hija de uno de los hombres más respetados por mí en este mundo, ella debió pensar en que sus errores le traerían consecuencias. Y aprendió la lección… — Deja en paz a esas pobres mujeres que quedaron desamparadas amor, permíteles que vuelvan a sus vidas. – le sugerí como cualquier cosa. — ¿Que dijiste? después de la bofetada que me dio no se va a ir de rositas cariño, lo siento mucho. Además, ¿qué te importa a ti eso? Nunca has sido un samaritano que yo sepa - me miró y me encogí de hombros como si nada. — Y no me importa, es solo que tu padre dejó un testamento y si las integró no se pueden ir del país - le dije y me miró ardida. — Si mi papá las incluyó en el testamento voy a hacer de sus vidas un infierno y no les voy a dar nada de lo que les corresponde. ¿Entiendes? - me dijo con voz temblorosa de rabia, —Pues lamento decepcionarte aunque no sea parte de mi interés y lo digo en serio, si tu padre dejó algo escrito debes dárselo o de otro modo te encarcelarán y yo... no voy a pagar contigo ¿sabes? – ella frunce los labios. —De verdad pensé que te interesaba mi bienestar – espetó malhumorada y mi pantalón encogió a nivel de la bragueta como siempre. — Ok querida, no hablemos de eso en este momento tan doloroso, veamos que nos dicen los médicos para que nos entreguen el cuerpo de tu difunto padre por favor – asintió distraída y hasta creí ver un poco de tristeza en sus ojos verde gris. Me abrazó y caminamos hasta la puerta de la morgue. — Buenas tardes Doctor díganos que hacer... — ¿Son ustedes los familiares del occiso? Comencé a hablarle al médico interrumpiendo a la que iba a hablar pero cuando volteó a verme todo a mi alrededor volvió a desaparecer como en el momento en que golpeaba a Michelle y ella, ella también está afectada, lo se pude sentirlo ya que la vi temblar, juro que la vi temblar al mirarme, Dios mío que ojos tan hermosos y esa boca que la tenía entre abierta de la impresión. Tapó su carita y su madre la abrazó pero yo sé que esta impresionada porque mis piernas parecían de gelatina y mis oídos zumbaban como un montón de abejas, no puede ser: es mi cuñada, es la hermana de mi esposa. ¡Maldita sea! Mi cuñada...
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