Evelin
Estaba sentada al lado del ataúd de mi padre recordando...
— Ven pequeña, el agua está Rica ¡Vamos, entra tesoro!
— No quiero papi porque me da frío.
— ¡Oh por el amor de Dios! Que cobarde eres mi niña, sé que no quieres entrar por temor. Papi te cuida y te da calor ven cariño por favor – reí nerviosa, pero al ver a mi madre tan contenta de estar juntos los tres dejé mi miedo atrás y el frío, bueno me congelaré pero en brazos de mi padre.
Estábamos en Timotes, ese lugar es Páramo y es hermoso. En el estado Mérida (Venezuela) mi país es gigantesco y tiene lugares exóticos como éste, tiene selva, desiertos en fin; una maravilla.
Esas vacaciones fuimos también a Caracas que es la Capital, yo tenía ocho años y me sentía en las nubes porque mi padre estaba conmigo, lo veía poco por su trabajo viajaba mucho. En esa ocasión subimos al Ávila y a la Colonia Tovar, comimos fresas con crema y tomamos chocolate caliente. Nos hospedados en el Hotel Caracas Hilton y todo...
"Las mejores vacaciones de mi vida"…
Una voz chillona me sacó de la ensoñación y recuerdos, era Michelle junto a mi... cuñado.
— ¿¡Pensé que habrías vuelto a tu madriguera con tu put.... con tu madre?! - me dijo con desprecio y yo solo podía mirar hacia abajo, porque el olor del perfume de mi cuñado era embriagador para mí y me calentaba el cuerpo además de que tenía escalofríos.
— ¡Vámonos cariño! Déjala, ¿no ves que está llorando? – dijo el tipo que me mueve el piso.
— ¡Ay sí! Pobrecita ¿Verdad? Se quedó sin dinero y se va a tener que pudrir en su cueva. - es tan hiriente la muy perra, pero me la jugué.
Me levanté de golpe quedando a centímetros de su cara, brincó y tropezó para justo caer al piso muy despatarrada de culo haciendo un espléndido ridículo. Mis ojos y los de mi cuñado conectaron, sentí una corriente atravesar mi cuerpo y mi cara de seguro se encontraba roja ya que sentía las mejillas arder, él me miró y sonrió.
O sea me sonrió a mí.
¡Dios mío que bueno esta!
— Vincent ayúdame, por favor - escuché y levanté las cejas para llamar su atención ¿en serio está mirándome así? Parece que me decía algo con esos hermosos ojos que no puedo dejar de mirar. — ¡Vincent! ¡Amor! - se volteó y la vista fue mejor, ese pantalón vaquero le queda de maravillas y el suéter que carga remangado en los codos lo hace ver joven, sexy, perfecto
¡Y le estoy mirando el culo. Oh mierda!
La gente me mira comiéndome casi con los ojos a mi cuñado... ¡qué vergüenza! Pasé por su lado y su perfume me detuvo un instante, inspiré y seguí mi camino hacia el frente de aquel lugar. Necesitaba aire...
—¿Dónde está mi madre? – expresé en voz alta y caminé a lo que parecía una oficina y escuché sin querer...
— Yo solo quiero irme a mi país con mi niña. ¿Por qué no podemos irnos? - le decía mi madre a alguien.
— Señora López, el Sr. Williams me encomendó que no la dejara ir hasta después de la lectura del testamento. Lo siento mucho, pero es un deber moral que tengo con mi jefe. - mi madre lloraba, toqué la puerta y escuché un: —Adelante - que provenía de una voz desconocida. — Adelante por favor... - cuando el señor quien quiera que sea me vio, sus ojos se agrandaron y su expresión se suavizó hasta el punto de ser... ¿Paternal? ¿Qué pasa aquí?
— Hola cariño - dice mi madre — Te presento a tu tío, es… hermano de tu padre, el Sr. Jerry Davis quien además es su abogado - ahora comprendo su expresión, nuestros ojos conectaron: los de él de un ámbar precioso enrojecidos y llorosos.
Los míos cálidos y cautivados. Debe estar entre los cincuenta y sesenta años, es alto robusto, muy blanco ¡y con el pelo rojizo! Fui hasta donde estaba sonreí y lo abracé ¡si lo sé! Fue una sorpresa porque tardó en responder pero su abrazo fue delicado, cálido, cariñoso y me encantó. Le susurré al oído.
— ¡Me encanta conocerte! - me separé un poco para mirarlo — Imagino que tengo unos abuelos. ¿No? - él asintió, estaba llorando. — ¿Y tíos? - me separó un poco de su cuerpo, volvió a asentir y esta vez sonrió muy tierno.
— ¡Y te amarán! Eres idéntica a Noah - me abrazó de nuevo y esta vez fue más fuerte como si temiera que fuese a desaparecer.
Su cuerpo se sacudía por los sollozos y mis lágrimas no tardaron en abandonar mis ojos, me uní a su llanto, a su dolor que era el mío también. Se escucharon unos toques en la puerta, sin embargo yo seguía abrazada a mi tío.
— Permiso: ¿Jerry? - esa voz, esa maldita voz. Me estremecí y todo mi cuerpo se calentó.
¿Qué me pasa?
— ¡Oh Vincent, pasa por favor! ¿conoces a Evelyn Williams y a su mamá la señora Mía López? Le dijo mi tío al tormento de los ojos más hipnotizantes que he visto.
¡Dios mío ese tipo es un pecado ambulante!
— ¡Ah, bueno! Si, ya nos hemos topado, pero conocerlas formalmente no. Un placer Srta., mi nombre es Vincent Richards, soy el esposo de Michelle - estiró su mano muy delicado y elegante, lo pensé para tomarla y cuando lo hice me arrepentí, sentí como una corriente eléctrica atravesaba todo mi cuerpo desde los pies hasta la coronilla, nos soltamos como si nos hubiésemos quemado.
— Señora López, un verdadero gusto. Estoy a sus órdenes para cualquier cosa que necesiten en su estancia aquí. - dijo el Adonis y mis piernas eran de gelatina, parecía un títere; si mi tío no me estuviera sosteniendo sería una bola de carne y hueso tirada en el piso porque siento que me derrito.
— ¡Oh gracias joven! Pero le estaba comentando al Sr. Davis que deseábamos irnos a casa ya, si no es problema - le dijo mi madre y él sonrió ¡Oh my God! Ahora si me derretí con ese hoyuelo que se mostró en su mejilla, mi hermana tiene mucha suerte.
— Entiendo, de verdad que si. Pero creo que deben quedarse para la lectura del testamento. ¿Cierto Jerry? - miró a mi tío con el ceño fruncido y se veía más atractivo. Será que tiene algún defecto este hombre, es que yo lo veo tan...tan irresistible
— Claro Vincent, en este preciso momento iba a decirles que mi... ejem! Hermano dejó un testamento que se leerá y observará en los próximos quince días. – ok eso no lo esperaba.
Quería irme a casa y dejar de fantasear con mi cuñado. Pero creo que no va a ser posible, ¿en serio mis rodillas no van a dejar de temblar nunca?
¡Dios!
¿Por qué me pasa esto?
Soy una pecadora porque en la uni me copié, lo sé ¡pero es que mi madre estaba enferma! Y por eso no estudié... pero deberías perdonarme y sacarme esto que siento, me duele el vientre y, y... Oh Dios está mirándome mientras mi tío le explica algo a mi madre, miro mis zapatos, no están feos.
— ¿Evelyn, estas bien? - lo miro, se acerca ¡me muero! — Te ves muy pálida - solo pude asentir — ¿Segura? - no te acerques, su aroma me envolvió y luego todo se nubló.
Negro, todo lo vi n***o y no supe si caí o no porque no recuerdo nada, desperté y mi cabeza dolía demasiado, me sentía muy débil además de que el olor a desinfectante y cloro me estaba matando ¡uf!
¿Dónde estoy?