bc

Enamorada de mi mejor amigo

book_age18+
3.0K
FOLLOW
26.8K
READ
others
contract marriage
goodgirl
CEO
mxb
city
childhood crush
like
intro-logo
Blurb

Dos mejores amigos que se vieron en la obligación de unirse en matrimonio para cumplir con las clausulas impuestas por el padre de Lucas quien con el tiempo y la ayuda de su mejor amiga Amalia logran salvar a su padre sin saber que con el tiempo descubriría sus sentimientos por Amalia quien también lo ama enfrentándose juntos a la prometida de Lucas, Leticia quien lucha por separarlos sin éxito, donde el amor sale triunfante, muestra de ello están sus dos hijos, Dylan y Estrella quienes se vuelven su mundo entero convirtiéndose en una gran familia, hasta que un trágico accidente de auto destruye su felicidad trayendo con sigo las secuelas del pasado que los llevará a enfrentarse a nuevos desafíos, donde solo el amor y la unión de una familia que se ama podrán defenderse de los retos del destino.

chap-preview
Free preview
Capítulo 1. Entre el peso del pasado y la fragilidad del presente
Capítulo 1: Entre el peso del pasado y la fragilidad del presente NOTA DEL AUTOR: Para comprender plenamente esta historia y el trasfondo de sus protagonistas, es imprescindible leer el primer libro: Casada con mi mejor amigo Han transcurrido dos años desde que la madre de Lucas partió de este mundo, dejando tras de sí un vacío que el tiempo, lejos de cerrar, parece haber transformado en una melancolía silenciosa. Desde aquel fatídico día, la actitud de Lucas ha experimentado un cambio sutil pero perceptible; se ha vuelto un hombre más reservado, envuelto en una capa de distancia que a veces parece inexpugnable. Sin embargo, esta faceta no perturba a Amalia. Ella comprende que ese retraimiento no es falta de amor, sino el lenguaje de un duelo que aún no termina de procesar. Para Amalia, Lucas sigue siendo el hombre incondicional, el pilar de su existencia y el padre entregado que vela por sus hijos con una devoción absoluta. No obstante, es consciente de que él arrastra un dolor invisible que lo invade en los momentos de quietud, una sombra que le impide alcanzar la plenitud total. Lucas siente que le falta una pieza vital de su rompecabezas personal. Sus padres, a pesar de los errores humanos que pudieron cometer, lo amaron con una intensidad feroz y sacrificaron todo para asegurar que tanto él como sus nietos conocieran la felicidad hasta el último aliento. Ese legado de amor es, a la vez, su mayor tesoro y su carga más pesada. Por su parte, Amalia se considera la mujer más dichosa sobre la faz de la tierra. Se ha convertido en el apoyo inquebrantable de su esposo, la madre abnegada que siempre soñó ser y el centro de gravedad que mantiene la estabilidad del hogar. Ella es la fortaleza que permite que la vida de Lucas marche con normalidad, transformando su cotidianidad en la familia amorosa y unida que siempre anhelaron. En el ámbito profesional, Amalia ha visto florecer sus aspiraciones. Junto a sus mejores amigos, Mateo y Melanie, fundó la empresa de diseño de interiores que durante años solo fue un boceto en sus sueños. La oficina se ha convertido en un segundo hogar donde la pequeña Estrella, de apenas tres años, corretea entre muestras de telas y paletas de colores. Amalia sigue el ejemplo de su propia madre, integrando su maternidad con su carrera, acostumbrando a la niña a un entorno creativo y dinámico. Sus hijos son el eje de su universo. Dylan, el mayor, se marcha cada mañana con Lucas hacia el colegio. Por las tardes, tras sus clases de idiomas, se dedica al deporte bajo la tutela de su padre. Esos partidos de fútbol al caer el sol son el vínculo sagrado entre ambos, un espacio donde Lucas logra desconectar del peso de las empresas. Desde hace un año, el deseo de ampliar la familia y tener otro bebé ha estado latente en sus conversaciones nocturnas, pero la realidad se ha impuesto. La pérdida de la madre de Lucas y las exigencias laborales en las empresas familiares —donde Lucas ejerce como el gran empresario que su padre siempre quiso, habiendo heredado no solo el mando, sino toda la sabiduría necesaria— han pospuesto ese sueño un año más. Se sienten rodeados de bendiciones, amigos leales y una familia que parece no carecer de nada... o eso quieren creer. ### Un despertar entre promesas —Buenos días, mi amor —susurró Lucas, depositando un beso cálido en el cuello de Amalia. Ella, sumergida aún en el sopor del sueño, lo abrazó con fuerza, negándose a abandonar el refugio de las sábanas. —Solo cinco minutos más, por favor —suplicó ella con una sonrisa somnolienta. —Hoy tengo planes especiales —insistió él, su voz cargada de una ternura renovada—. Quiero salir contigo. Por favor, deja a los niños encargados con Mary y ponte aquel vestido que te regalé para nuestro aniversario. No volveremos esta noche. Amalia abrió los ojos, intrigada por el tono de misterio de su esposo. Se aferró a su cuerpo firme, ese refugio que siempre la hacía sentir protegida del mundo exterior. —¿Qué estás planeando, Lucas? —Planeo recordarte cuánto te amo, hacerte mía una vez más y pasar una noche entera donde solo existamos tú y yo —respondió él, sellando la promesa con una mirada intensa. —Como ordenes, mi amor —aceptó ella, sintiendo el conocido cosquilleo de la anticipación. Estaban a punto de perderse en un intercambio de caricias cuando un sonido rítmico golpeó la madera de la puerta. Para cualquier otra pareja, el momento habría sido inoportuno, pero para ellos, el llamado de su pequeña "ternurita" era una prioridad que lo detenía todo. —¿Mami? ¿Papi? —se escuchó la vocecita del otro lado. Lucas, que en ese momento disfrutaba de la cercanía de su esposa, se detuvo en seco. —Estrella, cariño, danos un momento para vestirnos —dijo Lucas, saltando de la cama con agilidad para buscar una toalla con la que cubrirse. Amalia, por su parte, se cambió con premura, asegurándose de estar presentable antes de recibir a su hija. Al abrir la puerta, la pequeña saltó a sus brazos. Estrella era la niña consentida de la casa, cuya rutina favorita consistía en acurrucarse entre sus padres antes de que Lucas partiera hacia la oficina. —Buenos días, mi princesa adorada —saludó Amalia, besando su frente con devoción. —Buenos días, mami... ¡Papiiiiiii! —gritó la niña al ver a su padre. Él era la luz de sus ojos, su héroe absoluto. —Buenos días, mi pequeña —la sostuvo Lucas en el aire, provocándole carcajadas con cosquillas antes de llevarla de regreso a la cama grande, donde los tres se envolvieron en un abrazo familiar que parecía blindarlos contra cualquier mal. ### La calma antes de la tormenta Tras unos minutos de juegos, la rutina matutina se puso en marcha. Mary se llevó a Estrella para darle un baño mientras Dylan se alistaba en su propia habitación. Amalia y Lucas compartieron una ducha rápida pero intensa, un preludio de la noche que les esperaba. Más tarde, la familia se reunió en el comedor. El desayuno transcurrió entre risas y elogios hacia Dylan, quien esa mañana lucía especialmente gallardo. El joven se esforzaba por ser un caballero, pues admiraba profundamente la relación de sus padres; anhelaba que, en el futuro, su vida amorosa fuera un reflejo del respeto y la pasión que veía en ellos. —Cuídate mucho, mi vida. Te amo. Si necesitas cualquier cosa, por pequeña que sea, no dudes en llamarme, ¿de acuerdo? —dijo Amalia, despidiéndose de Dylan con un abrazo que parecía querer retenerlo un poco más. —Gracias, mamá. Yo también te amo —respondió el joven con sinceridad. —Yo a ti, cariño. Dale un beso al hermano mayor —instruyó Amalia a Estrella. La niña, con una sonrisa radiante, abrazó a Dylan. —Te amo, hermanito. Ver ese vínculo incondicional fortalecía el corazón de Amalia. En esos momentos, sentía la certeza de que estaban haciendo un trabajo excepcional como padres. —Ven aquí —pidió Lucas, atrayendo a Amalia para un beso de despedida. A pesar de los años, aquel contacto seguía transmitiendo una electricidad que los dejaba sin aliento. Sus corazones latían con la misma fuerza que la primera vez que se besaron. Lucas recordaba con una mezcla de nostalgia y gratitud aquella noche donde, a pesar de haberla confundido inicialmente con Leticia, sintió una conexión que cambió su destino para siempre. Desde entonces, sus sentimientos por Amalia no habían hecho más que crecer. —Te amo tanto, Amalia. —Y yo a ti, Lucas. Se despidieron como cada mañana. Amalia condujo detrás del coche de Lucas hasta el primer semáforo, donde sus caminos se bifurcaban. Sin embargo, hoy era diferente. Amalia sintió una opresión inexplicable en el pecho, una necesidad imperiosa de volver a abrazarlo. Una extraña sensación, un presentimiento oscuro que no había experimentado en mucho tiempo, comenzó a gestarse en su interior. ### Sombras del pasado Al llegar a la empresa, Amalia se encontró con Melanie, quien estaba alimentando a la pequeña Hannah. —Buenos días. ¿Dónde está la sobrina más hermosa del mundo? —saludó Amalia, forzando una sonrisa para ocultar su inquietud. —¡Tía Amalia! —exclamó la niña, quien la adoraba por encima de cualquiera de sus tías biológicas. —Llegas un poco tarde —observó Melanie con tono pícaro—. Me imagino que tu esposo tuvo algo que ver con ese retraso. Ven con la tía, Estrella adorada. Melanie notó de inmediato que algo no andaba bien. La mirada de Amalia estaba ausente. —No lo sé, Mel. Esta mañana me ha costado mucho salir de casa. Siento algo extraño en el pecho, como un mal presentimiento que no me deja tranquila. —¿Qué podría ser? —preguntó Melanie, preocupada—. No te veía así desde los tiempos de Leticia. Amiga, mírate: eres feliz, tienes un hogar maravilloso, una familia sana y el proyecto de un nuevo bebé en el horizonte. No dejes que los pensamientos negativos te roben el momento. La vida te sonríe. Quizás la felicidad nunca es perfecta, pero tú estás muy cerca de tenerlo todo. Amalia suspiró, tratando de convencerse a sí misma. —Tienes razón. Me enfocaré en esta noche. Saldremos solos y sé que Lucas se ha esforzado por impresionarme. ¿Y Mateo? —Sonríe y revisa estos planos —dijo Melanie, entregándole una carpeta—. Mateo está en la constructora. El hijo del dueño quiere una reunión a finales de mes y he decidido que vayas tú. Estaremos muy absorbidos con el nuevo diseño y sé que tú puedes manejar a esos ejecutivos mejor que nadie. —Siempre es igual —asintió Amalia con profesionalismo—. Quieren detalles técnicos y dar su "opinión constructiva", que suele ser más destructiva que otra cosa. Lo manejaré. Mientras tanto, en su oficina, Lucas se encontraba en la cúspide de su carrera. Estaba inmerso en una junta para ejecutar un proyecto de gran envergadura cuando su teléfono personal vibró. Al ver un número desconocido, contestó pensando que se trataba de un nuevo socio. —Buenos días. —¿Lucas? —La voz al otro lado del hilo telefónico le provocó un escalofrío instantáneo. Era una voz que creía haber enterrado en el olvido. —Leticia. ¿Qué quieres? —preguntó él, con un tono gélido. —Lo sé, Lucas. Sé que soy la última persona a la que quieres escuchar. Pero he salido en libertad. Estoy mejor, estoy rehabilitada. Solo quería que tuvieras mi nuevo número y... pedirte perdón. Estoy tan arrepentida por todo el daño que causé. No quería empezar mi nueva vida sin antes disculparme contigo. —No me llames, Leticia. No sé cómo obtuviste este número, pero te exijo que no vuelvas a marcarlo. No me interesan tus disculpas ni tu arrepentimiento. Usa tu libertad para construir algo lejos de mí. —Lo lamento tanto... espero que algún día puedas perdonarme. —No te odio, Leticia. Odiarte sería darle un lugar en mi vida que no tienes. Simplemente sigue tu camino, porque en el mío ya no existes. No vuelvas a llamar. Lucas colgó, pero la angustia se instaló en su estómago. Leticia, tras su encarcelamiento y su proceso de rehabilitación, se sentía una mujer renovada, pero el peso de sus actos pasados la atormentaba. Al salir a la calle, observó a lo lejos la mansión Ferrer. Lucas la mantenía intacta por respeto a la memoria familiar, pero no la visitaba. Leticia sentía que no tenía lugar en este mundo, a pesar de que su padre le enviaba dinero para subsistir, aunque se negaba a verla. Ella había encontrado un pequeño empleo en una clínica para ejercer su carrera, buscando redención en el servicio a otros. Para Lucas, la llamada fue un golpe bajo. Guardó el número bajo un pseudónimo, decidido a contarle todo a Amalia esa misma noche. En su relación no había secretos, y sabía que la honestidad era lo único que los protegía de las sombras del pasado. ### El giro del destino Al anochecer, Lucas se puso su chaqueta y salió de la oficina con el corazón dividido entre la emoción de la cita y la inquietud por la llamada de Leticia. Mientras tanto, Amalia terminaba de organizar todo en casa. Había ayudado a Dylan con sus deberes y se había asegurado de que los niños estuvieran bien cuidados. Subió a su habitación y se puso el vestido de aniversario. Estaba radiante; su belleza natural parecía haberse intensificado con la madurez. Lucas conducía por la carretera de vuelta a casa. El tráfico era denso y los recuerdos de Leticia seguían martilleando su mente. El pasado parecía acecharlo en cada sombra. Su temor y la distracción emocional le jugaron una mala pasada. De pronto, sintió una punzada de dolor agudo en el pecho que nubló su vista por un segundo. En ese mismo instante, en el carril contrario, un camión de carga pesada sufrió una falla catastrófica en los frenos. El conductor perdió el control del mastodonte de metal, que invadió el carril de Lucas. El impacto fue brutal. El coche de Lucas salió disparado, dando vueltas en el aire antes de estrellarse violentamente a un lado de la vía, convertido en un amasijo de hierro. El conductor del camión murió instantáneamente al ser proyectado por el parabrisas. Lucas, atrapado entre los restos de su vehículo, se debatía en la frontera entre la vida y la muerte. En la mansión, Amalia sintió un dolor punzante en el corazón, una sacudida física que la obligó a sentarse en la cama. El aire le faltaba. En ese momento, su teléfono comenzó a sonar. Con manos temblorosas, respondió. —¿Diga? —¿Hablamos con la señora de Ferrer? Le llamamos de la Clínica Santander. Su esposo acaba de ser ingresado de urgencia tras un gravísimo accidente automovilístico. Su estado es crítico. —¿Qué dice? No... no puede ser. Debe haber un error. Mi esposo... él venía a casa... —Amalia sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. Las lágrimas brotaron sin control. —Señora, lo sentimos mucho. ¿Es usted Amalia Roberts? —¡Dios mío, no! ¡Mi Lucas, no! —El grito de Amalia desgarró el silencio de la casa, un lamento lleno de agonía que vaticinaba el fin de su paz—. ¡NOOOOOO! ¡LUCAAAS, NOOOO!

editor-pick
Dreame-Editor's pick

bc

el amor lo cura todo

read
2.0K
bc

MI POBRE ESPOSO MILLONARIO

read
14.8K
bc

Una niñera para los hijos del mafioso

read
60.5K
bc

Domando al Amor

read
6.6K
bc

La esposa rechazada del ceo

read
223.5K
bc

Tras Mi Divorcio

read
577.3K
bc

DIVORCIADA: MI EX-MARIDO ME QUIERE DE VUELTA

read
5.9K

Scan code to download app

download_iosApp Store
google icon
Google Play
Facebook